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Las razones que hacen imposible la declaración de un diaconado femenino equiparable al masculino

La decisión de la comisión instituida por el Papa Francisco fue muy clara: no hay hueco para lo que pretenden ciertos sectores.

Un simulacro de liturgia a cargo de tres 'sacerdotisas' autotituladas católicas, el objetivo último del 'diaconado' femenino.

Un simulacro de liturgia a cargo de tres 'sacerdotisas' autotituladas católicas, el objetivo último del 'diaconado' femenino.Voice of America (captura)

Helena Faccia
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La comisión de estudio sobre el ministerio diaconal de las mujeres, que había sido instituida años atrás por el Papa Francisco, emitió en diciembre de 2025, ya con León XIV com pontífice, un dictamen negativo.

El padre dominico Thomas Michelet, OP ofrece en el nº 387 (enero de 2026) de La Nef un contundente y exhaustivo análisis de la cuestión:

¿Hacia un diaconado femenino?

Tras casi diez años de trabajo, la comisión de estudio sobre el ministerio diaconal de las mujeres emitió su veredicto:

  • "El estado actual de la investigación histórica y la investigación teológica, consideradas en sus implicaciones recíprocas, excluye la posibilidad de admitir a las mujeres al diaconado, entendido como un grado del sacramento del Orden. A la luz de la Sagrada Escritura, la Tradición y el magisterio eclesiástico, esta apreciación es firme, aunque actualmente no permite emitir un juicio definitivo, como es el caso de la ordenación sacerdotal" (Tesis 5, aprobada por 7 placet frente a 1 non placet en la segunda sesión del 11 al 16 de julio de 2022: Síntesis de la Comisión de Estudio sobre el Diaconado Femenino, 4 de diciembre de 2025).

Por una curiosa casualidad (¿providencial?), esta síntesis publicada por el servicio de prensa del Vaticano el 4 de diciembre de 2025 salió a la luz al mismo tiempo que la reedición [en inglés, Ignatius Press] de la obra de monseñor Aimé-Georges Martimort (1911-2000) sobre las diaconisas: Las diaconisas. Estudio histórico

'Diaconisas', del sacerdote Aimè Georges Martimort, un clásico de primeros de los 80 reeditado a finales de 2025.

'Diaconisas', del sacerdote Aimè Georges Martimort, un clásico de primeros de los 80 reeditado a finales de 2025.Ignatius Press

Publicado por primera vez en 1982 [en francés, Edizioni Liturgiche, Roma], este libro de referencia, que seguía siendo una autoridad en la materia, era imposible de encontrar. Examinaba de manera exhaustiva este ministerio femenino que apareció en la Antigüedad en Oriente y luego en Occidente y desapareció en la Edad Media, y permitió establecer que las diaconisas ejercían entonces un verdadero ministerio litúrgico y catequético, pero que no eran equivalentes a los diáconos.

La sorpresa del Papa Francisco

En su documento de 2002 sobre el diaconado (El diaconado: evolución y perspectivas), la Comisión Teológica Internacional citaba ampliamente el trabajo de Martimort para llegar al mismo resultado. 

Por eso, causó sorpresa el Papa Francisco cuando, en agosto de 2016, decidió crear una comisión sobre las diaconisas, ya que no se veía muy claro qué se podía añadir al respecto. Muy dividida, esta primera comisión concluyó en mayo de 2019 que era imposible llegar a una conclusión. 

Entonces se creó una segunda comisión en abril de 2020, siempre bajo la presidencia del cardenal Giuseppe Petrocchi, que es la que se pronunció recientemente.

Después de tantos trabajos académicos que apuntan en la misma dirección, cabría esperar una valoración más definitiva, aunque se la califique como "fuerte". Y es que, en el estado actual de la reflexión, no parece posible alcanzar el mismo grado de certeza que en el caso de la ordenación sacerdotal, sobre la que Juan Pablo II declaró en 1994 "que la Iglesia no tiene en modo alguno la facultad de conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres, y que este dictamen debe ser considerado como definitivo [definitive tenendam] por todos los fieles de la Iglesia" (Ordinatio Sacerdotalis, n. 4). La expresión "definitive tenendam" es técnica. Se refiere a aquellas "afirmaciones que, aunque no están contenidas en las verdades de fe, están íntimamente relacionadas con ellas, de modo que el carácter definitivo de tales afirmaciones deriva, en última instancia, de la Revelación misma" (Congregación para la Doctrina de la Fe, Donum veritatis, 1990, n. 16).

Ahora bien, Lumen gentium [Concilio Vaticano II] afirma que "en el grado inferior de la Jerarquía están los diáconos, que reciben la imposición de las manos 'no en orden al sacerdocio, sino en orden al ministerio'" (n. 29). Si los diáconos no pertenecen al sacerdocio -a diferencia de los sacerdotes y los obispos-, entonces la declaración de Juan Pablo II no era válida para ellos y la cuestión de la ordenación diaconal de las mujeres seguía abierta. A esto se añade el hecho de que Juan Pablo II, y luego Benedicto XVI, corrigieron en el Catecismo de la Iglesia Católica y en el Código de Derecho Canónico todas las menciones que consideraban el ministerio ordenado (sin distinción de grados) un signo de Cristo Cabeza, para reservarlo en adelante a los obispos y sacerdotes, y excluirlo de los diáconos. Por lo tanto, si el diácono ya no es signo de Cristo Cabeza, ya no es necesario que represente el rostro de Cristo por ser varón, como se considera para el sacerdocio, ya que el signo debe presentar cierta semejanza con la realidad que significa. Al hacerlo, aunque sin quererlo, el magisterio había eliminado un obstáculo para la ordenación diaconal de las mujeres.

Algunos idearon entonces una estrategia en dos fases:

  • En primer lugar, separar a los diáconos de los grados sacerdotales, convirtiéndolos en un "ministerio del umbral" a medio camino entre el laicado y el clero, para poder extenderlo más fácilmente a las mujeres. 
  • Luego, una vez superada esta etapa, reafirmar por el contrario la unidad de los tres grados del sacramento de la Orden para obtener los otros dos.

El Papa Francisco también parecía abrir esta puerta cuando creó una primera comisión, luego una segunda, y aprobó el Documento final del Sínodo de los Obispos de 2024, que recomendaba continuar el discernimiento sobre el acceso de las mujeres al ministerio diaconal. 

Sin embargo, al mismo tiempo, cuando se le preguntó sobre la posibilidad de que las mujeres fueran ordenadas diaconisas, respondió con firmeza: "¡No!" (CBS, 21 de mayo de 2024). Es cierto que él ya había descartado esta propuesta del Sínodo de 2019 sobre la Amazonía (Querida Amazonía, 2020, n. 103), al considerar que equivaldría a "clericalizar a las mujeres" y reducir su aportación y su valor (n. 100). 

Por lo tanto, tenía otra cosa en mente. Sin duda, más bien un ministerio instituido, como el de acólito o lector. En otras palabras, una orden menor.

El diaconado actual

A partir del siglo VI, las órdenes menores se convirtieron en grados preparatorios para la ordenación sacerdotal, lo que obligaba a pasar sucesivamente por cada una de ellas y esto apenas dejaba tiempo para ejercerlas realmente, lo que hizo que algunas se convirtieron en puramente simbólicas. Pero antes no era así: no se recibían con vistas al sacerdocio y correspondían a verdaderos ministerios, no solo litúrgicos, en los que se podía permanecer de por vida

Por lo tanto, en una especie de retorno a los orígenes, Pablo VI decidió abrirlas a los laicos (Ministeria quaedam, 1972). Pero como se trataba de ministerios basados en el bautismo y que ya no preparaban para las órdenes sagradas, no se veía por qué debían seguir estando reservados a los hombres, por lo que esta disposición quedó en papel mojado. 

Francisco continuó esta redistribución de los ministerios laicos instituidos, que decidió ampliar a las mujeres (Spiritus Domini, 2021) a petición de la comisión de estudio sobre las diaconisas. En efecto, si se trata de ministerios bautismales, no hay ninguna razón para excluir a las mujeres, ya que el bautismo es el mismo para todos.

La diferencia entre los dos tipos de ministerios queda así aclarada y reforzada. 

  • Por un lado, los ministerios bautismales, ejercidos por laicos que siguen siendo laicos; ministerios instituidos por la Iglesia, que puede crear otros o suprimirlos. 
  • Por otro lado, los ministerios ordenados, instituidos por Cristo, que son los únicos que se incorporan a la jerarquía de la Iglesia y al clero a partir del diaconado. 

Estos ministerios son de naturaleza diferente, ya que son dos modos distintos de participar en el único sacerdocio de Cristo. Sin embargo, están ordenados el uno al otro en cuanto que forman un todo para el ejercicio único del culto de Cristo en su Iglesia (Lumen Gentium, n. 10).

Las diaconisas pertenecen claramente a la primera categoría: la de los ministerios instituidos. Eso es lo que eran en realidad en sus orígenes: no el equivalente a los diáconos, ministerio ordenado, sino más bien el equivalente a los acólitos y lectores, ministerios bautismales.

¿Necesidad de cambio?

En la Antigüedad, estos ministerios bautismales podían estar abiertos a las mujeres, como era el caso de las diaconisas. Estas desempeñaban ministerios litúrgicos o catequéticos entre las mujeres en sociedades muy cerradas, en las que era inconcebible que los hombres lo hicieran. Por eso existían en Oriente, pero no en Occidente, donde no se separaba así a hombres y mujeres. Solo porque estos ministerios bautismales perdieron su carácter propio para convertirse en simples grados preparatorios para el sacerdocio (órdenes menores), perdieron la posibilidad de estar abiertos a las mujeres como lo eran antes. La decisión de Francisco no es, por tanto, una innovación, sino una restauración profunda.

Ahora bien, lo que la Iglesia ha hecho, puede deshacerlo, pero también volver a hacerlo. Tal es el caso de las órdenes menores o ministerios instituidos, que son de institución eclesiástica. De hecho, no siempre han existido y su número ha variado según los lugares y las épocas, a diferencia de las órdenes mayores instituidas por Cristo y los Apóstoles, que forman parte de la constitución divina de la Iglesia y que la propia Iglesia no puede cambiar. 

Por lo tanto, la restauración de las diaconisas sería dogmáticamente posible. Lo que no significa que sea pastoralmente deseable. Mientras estos ministerios bautismales no se pongan realmente en práctica y se evalúen, no se ve la razón según la cual sería necesario un nuevo ministerio instituido, esta vez reservado a las mujeres.

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