León XIV, al congreso guadalupano: «La inculturación no equivale a una acomodación relativista»
El Papa rechaza en un mensaje la sacralización de las culturas y su adopción como marco interpretativo del Evangelio.

León XIV dice misa en el Vaticano el pasado 12 de diciembre, festividad de Nuestra Señora de Guadalupe.
León XIV ha enviado un mensaje, fechado el 5 de febrero pero dado a conocer este martes, a los participantes en el Congreso Teológico Pastoral sobre el Acontecimiento Guadalupano que se está desarrollando del 24 al 26 de febrero en Casa Lago (Ciudad de México), sede de la Conferencia del Episcopado Mexicano, bajo el título Nuestra Señora de Guadalupe, el Acontecimiento y sus enseñanzas para los procesos de Evangelización.
Precisiones sobre la "inculturación"
Toda la aportación del Papa trata de la inculturación, un concepto clave en la evangelización que ha tenido elementos problemáticos que aborda de modo directo en sus palabras.
Jesucristo ha querido revelarse "no como un ente abstracto ni como una verdad impuesta desde fuera, sino entrando progresivamente en la historia y dialogando con la libertad del hombre", comienza afirmando el pontífice.
Por eso, "el anuncio de la Buena Nueva acontece siempre dentro de una experiencia concreta" y en consecuencia "no puede ignorarse la realidad cultural de quienes reciben el anuncio y se comprende que la inculturación no es una concesión secundaria ni una mera estrategia pastoral, sino una exigencia intrínseca de la misión de la Iglesia... El Evangelio no se identifica con ninguna cultura en particular, pero es capaz de impregnarlas a todas sin someterse a ninguna".
La inculturación implica "asumir las lenguas, los símbolos, las formas de pensar, de sentir y de expresarse de cada pueblo, no sólo como vehículos externos del anuncio, sino como lugares reales en los que la gracia desea habitar y actuar", continúa el Papa Robert Prevost.
Nada de relativismos
Pero enseguida precisa que "la inculturación no equivale a una sacralización de las culturas ni a su adopción como marco interpretativo decisivo del mensaje evangélico, ni puede reducirse a una acomodación relativista o a una adaptación superficial del mensaje cristiano, pues ninguna cultura, por valiosa que sea, puede identificarse sin más con la Revelación ni convertirse en criterio último de la fe".
Insistiendo en no confundir inculturación con relativismo, el Papa añade a continuación que "legitimar todo lo culturalmente dado o justificar prácticas, visiones del mundo o estructuras que contradicen el Evangelio y la dignidad de la persona sería desconocer que toda cultura debe ser iluminada y transformada por la gracia que brota del misterio pascual de Cristo".
Es más, "la inculturación es un proceso exigente y purificador, mediante el cual el Evangelio, permaneciendo íntegro en su verdad, reconoce, discierne y asume las semina Verbi [semillas del Verbo] presentes en las culturas, y al mismo tiempo purifica y eleva sus valores auténticos, liberándolos de aquello que los oscurece o los desfigura".
Prioridad de la catequesis
Jesucristo es, pues el único "criterio de autenticidad y plenitud".
Desde esta perspectiva, Santa María de Guadalupe es "una lección de la pedagogía divina sobre la inculturación de la verdad salvífica", que expresan la Morenita y su tilma en la aparición de 1531 en el cerro del Tepeyac, que ha saludado el Papa recordando que nos encaminamos al quinto centenario de esa aparición.
La inculturación es particularmente importante hoy, cuando "la transmisión de la fe ya no puede darse por supuesta, particularmente en los grandes centros urbanos y en sociedades plurales, marcadas por visiones del hombre y de la vida que tienden a relegar a Dios al ámbito de lo privado o a prescindir de Él".
En este contexto, va concluyendo, "fortalecer los procesos pastorales exige una inculturación capaz de dialogar con estas realidades culturales y antropológicas complejas, sin asumirlas acríticamente, de modo que suscite una fe adulta y madura, sostenida en contextos exigentes y a menudo adversos".
Y "la catequesis se vuelve una prioridad irrenunciable" y "llamada a ocupar un lugar central en la acción de la Iglesia" aunque "ello suponga ir a contracorriente de los discursos culturales dominantes".