Lunes, 03 de octubre de 2022

Religión en Libertad

La vida en la batalla cultural

Miguel Ángel Blanco.
Miguel Ángel Blanco, de 29 años, era concejal del PP en su localidad natal de Ermua (Vizcaya) cuando fue asesinado por ETA el 10 de julio de 1997. Al cumplirse un cuarto de siglo del crimen, se va a celebrar en Ermua un homenaje al que asistirá Pedro Sánchez, quien se mantiene en el poder gracias al partido políticamente heredero de ETA y que nunca ha rechazado sus crímenes.

por Pedro Trevijano

Opinión

El derecho a la vida es el derecho humano fundamental, hasta el punto de que todos los demás derechos se apoyan en él, porque si no estoy vivo, no los necesito para nada. La finalidad natural, primaria y principal de la medicina y del progreso científico-técnico es la defensa y la protección de la vida, no su eliminación.

Pero en los últimos tiempos se han desarrollado iniciativas legislativas que, en lugar de defender el derecho a la vida, promueven la muerte como solución a los problemas, reconociéndola como derecho.

Es cierto que nuestra ley del aborto, haciendo gala de una gran hipocresía, sostiene nada menos que cinco veces el derecho del feto a la vida con su afirmación: “La vida prenatal es un bien jurídico merecedor de protección”. Pero para defender lo contrario le basta una sola frase, la del artículo 3, apartado. 2: “Se reconoce el derecho a la maternidad libremente decidida”, con la que se reconoce al aborto como un derecho.

Es indudable que la gran cuestión en torno al aborto es la siguiente: cuando se destruye un embrión o un feto, ¿lo que se destruye es un ser humano, sí o no? Si lo que se destruye es un ser humano, estamos ante un crimen; si lo que se destruye, aunque sea un ser vivo, no es un ser humano, a eso no lo podemos llamar crimen. Está claro también, que desde hace unos cuantos años, la Medicina está realizando enormes progresos en el conocimiento de lo que sucede antes del nacimiento. Los avances científicos, como las ecografías, confirman cada vez más que el aborto es un crimen.

Entre los abortistas encontramos quienes aceptan que el feto es un ser humano, como parece indicar la propia Ley, al reconocer que la vida prenatal merece protección, pero su derecho a la vida no prevalece contra el derecho de la madre a usar libremente de su cuerpo. Quienes, en cambio, defienden que en la vida prenatal sólo hay un conjunto de células, se ven obligados a defender el inicio de la vida humana pasado bastante tiempo, como no hace mucho oí a uno, que ponía ese inicio a las veinticuatro semanas, con total desprecio de los datos científicos.

No quiero terminar estas palabras sobre el aborto sin hacer una referencia al síndrome postaborto, que tantas vidas ha destrozado. Hace unos días leí que el 70% de mujeres que se suicidan habían abortado. En España la batalla sobre el aborto va ser larga. Feijóo ya ha anunciado que no piensa derogar la ley sobre el aborto.

Y aunque la ideología de género no apoya el terrorismo, dado que tenemos un Gobierno que sí se apoya en sus votos recojo algunas frases del documento de 2012 de nuestra conferencia episcopal Valoración moral del terrorismo en España, de sus causas y de sus consecuencias, del que recojo algunas afirmaciones:

-“El terrorismo merece la misma calificación moral absolutamente negativa que la eliminación directa y voluntaria de un ser humano inocente, prohibida por la ley natural y por el quinto mandamiento del Decálogo” (nº 12);

-“Nunca puede existir razón moral alguna para el terrorismo. Quien, rechazando la acción terrorista, quisiera servirse del fenómeno terrorista para sus intereses políticos cometería una gravísima inmoralidad” (nº 14);

-“Tampoco es admisible el silencio sistemático ante el terrorismo. Esto obliga a todos a expresar responsablemente el rechazo y la condena del terrorismo y de cualquier forma de colaboración con quienes lo ejercitan o lo justifican, particularmente a quienes tienen alguna representación pública o ejercen alguna responsabilidad en la sociedad. No se puede ser neutral ante el terrorismo. Querer serlo resulta un modo de aceptación del mismo y un escándalo público” (nº 15).

La presencia de Pedro Sánchez en el homenaje a Miguel Ángel Blanco, con motivo del veinticinco aniversario de su asesinato, creo que repugna a todas las personas con un mínimo de sensibilidad antiterrorista.

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