Religión en Libertad

¿Y si llevases toda la vida confesando mal el consumo de pornografía? 9 consejos para vencerlo

Conforme los sitios web pornográficos amplían sus usuarios, cada vez más se preguntan cómo confesarse -y confesar- de su consumo. 

La confesión es un sacramento al que muchos católicos les cuesta acudir

La confesión es un sacramento al que muchos católicos les cuesta acudir

Redacción REL
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Pornhub, la primera distribuidora de contenido pornográfico online del globo, se encuentra valorando los resultados y principales ratios de 2025, en los que parece haber nuevos integrantes. Entre ellos, España, que continúa su escalada ininterrumpida desde hace años a los primeros puestos entre los país con mayor consumo de pornografía: si en 2021 ocupaba el decimoprimer puesto -subiendo uno desde 2020-, en 2024 acaba de obtener el dudoso logro de entrar en el Top 10. Concretamente, en el noveno lugar, siendo Estados Unidos, México y Filipinas los tres primeros consumidores.

De estos datos se desprende que la pornografía es un tema que surja de forma cada vez más recurrente, también en los confesionarios. Dirigiéndose a todos los sacerdotes que deben ayudar a los fieles cada día o a quienes buscan sanación, superación y perdón, el formador de religiosos y especialista en la asesoría sobre pornografía, Theo McManigal, ha publicado en Catholic Answers un útil manual para toda formación o confesión de los pecados relativos a la pornografía.

Recogemos 9 sentencias y consejos de McManigal útiles a la hora de buscar el perdón y de administrarlo en la confesión:

1º Se confiesa el consumo y el número de veces

“En la confesión, la Iglesia exige que confesemos cada pecado mortal que recordemos, incluyendo el número de veces que lo cometimos. Si viste pornografía intencionadamente, en cualquier forma, debes confesar que la viste y cuántas veces”.

2º También aquello que “agrava” el consumo

“Otro elemento que debe incluirse en nuestra confesión es cualquier intención, factor o circunstancia que aumente la pecaminosidad del acto cometido. En el caso de ver pornografía, sería necesario mencionar cualquier aspecto del material que aumente la gravedad de la visualización. Por ejemplo, si la pornografía era homosexual. Este principio también se aplica a las circunstancias que rodean su exhibición, como si el espectador la vio con otra persona o en el lugar de trabajo”.

3º “Ya que no podré confesar durante unos días…”

Una tentación para quienes caen una vez es pensar: «Me caí y no podré confesarme en varios días. Mejor lo hago de nuevo antes de confesarme». Un problema con esto, entre otros, es que puede convertirse fácilmente en una presunción de la misericordia de Dios. Si se cae en esta tentación, también debe mencionarse en la confesión.

4º ¿Y si el filtro o control parental me lo impide?

“A veces, quienes instalan estos productos en sus dispositivos se ven tentados a evadirlos. La pregunta es: si comenzamos a pecar, pero no podemos llevarlo a cabo, ¿somos culpables? La respuesta es: nos hacemos culpables de pecado cuando realizamos un acto voluntario que ofende a Dios. Si una persona se entrega a ver pornografía, incluso si no puede hacerlo debido a la eficacia del filtro, debe confesar que intentó evadirlo. Sin embargo, si una persona se siente tentada a evadir el filtro, pero decide por voluntad propia no ceder a la tentación, no es pecado y, además, es el acto virtuoso de resistir la tentación”

5º Si sé que volveré a consumir, ¿no invalida eso el propósito de enmienda?

La Iglesia exige para la confesión una sincera contrición por los pecados cometidos, el deseo de no pecar más y un firme propósito de enmienda. La pornografía es un pecado que se confiesa repetidamente y puede ser desalentador. Sin embargo, es importante no desesperarse. En una llamada, Matt Fradd, dijo:

Para tener la contrición necesaria para la absolución, no necesitamos modificar nuestra mente hasta el punto de convencernos de que nunca volveremos a caer. Podemos confesar que hemos caído en algo, y mientras nuestra voluntad desee no volver a caer en ello, aunque reconozcamos que probablemente lo haremos de nuevo, sigue siendo una confesión válida, y estás perdonado.

6º Las 4 preguntas que pueden ayudar

Dirigiéndose a los sacerdotes, McManigal recapitula algunas preguntas que pueden ayudar a los sacerdotes que confiesan a obtener información útil o necesaria a tal efecto. Entre ellas, destaca:

  • ¿Con qué frecuencia caes en este pecado en general?
  • ¿Cuándo fue tu primera exposición a la pornografía?
  • ¿Estás hablando con alguien fuera del confesionario en este momento sobre esto?
  • ¿Quieres dejar de hacerlo?

7º Confesarse sin desesperar, pero no para normalizar

También recomienda ofrecer al penitente la oportunidad de concertar una reunión fuera de la confesión, no como requisito para la absolución, sino como una posibilidad de ayuda.

“Aunque la confesión otorga el perdón de los pecados, a menudo no basta para que una persona supere el consumo de pornografía. El secreto de confesión es un don, pero si quien ha desarrollado el hábito de ver pornografía solo lo menciona en confesión, puede permanecer en secreto. El pecado de la pornografía se nutre de la vergüenza y secretismo. Su consumo se convierte en un círculo vicioso: ver pornografía, sentir vergüenza, confesarse y, finalmente, volver a empezar. Si bien la confesión perdona el pecado, esto también puede convertirla en parte del círculo vicioso, como una herramienta que la persona utiliza para aliviar la culpa de la caída anterior”.

8º Cambiar de sacerdote por vergüenza no es bueno

“Esto puede agravarse si la persona se confiesa con diferentes sacerdotes para no aumentar su vergüenza confesando repetidamente los mismos pecados al mismo sacerdote. Tener un sacerdote como confesor habitual que también ofrezca ayuda fuera del confesionario es mucho más útil para sanar la vergüenza, rendir cuentas y lograr un verdadero progreso. Además, contar con personas de confianza en tu vida que te conozcan y estén ahí para ayudarte es esencial para el proceso de recuperación del hábito de ver pornografía”.

9º A padres, educadores y sacerdotes: es obligado advertir y educar

Un pecado de omisión relacionado con la pornografía es cuando los padres y líderes de la Iglesia descuidan abordar este tema de forma proactiva con sus hijos y fieles. Como primeros y principales educadores y protectores de sus hijos, los padres tienen el deber de garantizar que sus hijos estén protegidos de la pornografía en los dispositivos, educarlos sobre ella y animarlos a hablar si se encuentran con ella. Si eres padre o responsable en una iglesia y estás leyendo esto, y reconoces que no has sido tan proactivo como deberías, puede que valga la pena mencionarlo en tu próxima confesión mientras te preparas para empezar esas conversaciones.

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