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Fuego-llamas

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Hoy, como ayer y mañana, Dios sigue llamando. El Señor de la historia, te llama a ti y a mí, a cada uno. Pero, hay algunos que son elegidos, porque Dios quiere, y porque así lo dispone Él, a seguir a su Hijo siguiendo la lógica de los consejos evangélicos, amando al estilo de Jesús. Para vivir como él, desprendido de todo lo suyo, para servir como él, haciendo su voluntad, y tener un estilo de vida, que se dedica por entero a él, sin compartir el corazón de modo exclusivo con otra persona. El matrimonio es una llamada a la santidad para vivir desde el amor de Cristo por su Iglesia, pero hay algunos que por puro designio de Dios, y por deseo del Señor, son llamados a estar más cerca de él, desde un corazón indiviso que se reserva solo para Jesús y para servir a los demás.

Pero, Jesús sigue llamando, hoy. Pero, hoy, ¿estamos dispuestos a responder? Los jóvenes, hoy, también están llamados a entregarse, con Jesús, con un corazón que se entrega por todos. Pero, ellos, ¿responden?

En los últimos tiempos, se hacen y organizan muchos conciertos, momentos de oración, de adoración y de alabanza. Los jóvenes participan en horas santas. En definitiva, tienen encuentros preciosos con Jesús. Pero, si Dios les llama, ¿lo dejan todo por seguirle, más de cerca con un corazón que solo se entregue a sus cosas, las cosas de Dios? Muchas veces en las eucaristías “de diario”, no veo a tantos jóvenes, en algunos momentos de adoración, no se les suele ver. Es verdad, que en algunos sitios, si los veo rezar. Pero, porque un estadio se llena de gente, entorno al Señor, y en lo ordinario, donde más cuesta estar, en la oración, porque hay silencio, y estás solo con Jesús, no están, o si están, y Dios y Jesús los está llamando, ¿por qué no se llenan los seminarios, o los monasterios, o no hay una mayor entrega radical, con los pobres y los débiles? Es verdad, que a día de hoy, existen muchas mas situaciones, y lugares, y servicios para hacer esa entrega, que en otros momentos de la historia. Pero, son respuestas que en la oración, me suelo hacer. Quizás, podemos decir, que un motivo de esa falta de vocaciones, es porque no cuidamos a los jóvenes, o quizás porque ellos no responden. A veces, una experiencia del Señor, hay que cuidarla porque si no es como una botella de sidra: saltan las burbujas, pero, sino no hay oración personal, eucaristía diaria, etc. todo se viene abajo.

También, a menudo escucho que de otros países, vienen vocaciones. Entonces, Jesús, ¿solo llama a los que están fuera? Me hago preguntas, que no tengo respuesta. Solo puedo rezar y en medio de mi debilidad, y de mi pecado, y desde el bien que con Jesús puedo hacer, solo puedo entregarme, en una actitud de entrega con una vida que se está donando.

Muchas parroquias tienen vida, pero vida interior. A veces, no veo en ellas jóvenes que lo quieran dar todo por Cristo, saliendo de la parroquia y arriesgando la vida por Dios.

Puede ser que no cuidemos a los jóvenes, que no les entendamos. Quizás hemos hecho del evangelio, un acontecimiento triste, que no lleva a contagiar alegría a nadie. Podemos vivir nuestra vocación de modo frustrado y reservado, mirándonos muchas veces a nosotros mismos, cuando necesitamos tener una actitud de donación continua.

Pero, una pregunta que sigue resonando en mi interior es: ¿por qué los jóvenes, en sentido, más general, no lo dejan todo y ponen su vida, solo para Dios? Puede que sea el miedo, la falta de fe, o que primen los estudios, o un trabajo. Pueden ser tantas cosas. Pero, si eres joven, no tengas miedo. Solo tienes esta vida, pero si Dios te llama a que tu corazón sea solo para él, no lo dudes y dile que Fiat. Pueden venir momentos de soledad, de tristeza, de no saber si el camino es el correcto, de crisis, o de falta de fe. Pero, si en tu vida haces un acto de abandono en Dios, pase lo que pase, estarás seguro.

Es necesario un buen discernimiento, y que los pastores acompañen a los jóvenes, y menos jóvenes, en su vocación al Señor. Pero es urgente hacer descubrir en ellos, que la entrega radical, solo para Jesús, tiene sus riesgos, pero al final, después de un recorrido, te das cuenta que es lo único que merece la pena.

Belén Sotos Rodríguez

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