7 ideas para acabar la Cuaresma con enfoque provida: «Rezar en abortorios, rezar al pie de la cruz»
Nayeli Rodríguez habla en el Ayuntamiento de Valdemorillo y anuncia próximos eventos en los últimos días de la campaña de Cuaresma de 40 Días por la Vida.

Nayeli Rodríguez, en el Ayuntamiento de Valdemorillo.
¿Qué tiene en común la oración ante un abortorio en el siglo XXI y la que elevaron los discípulos ante la cruz durante la pasión y muerte de Cristo? ¿Pueden las campañas de 40 Días por la Vida ser una forma idónea de vivir la Cuaresma y sus tres grandes pilares de oración, ayuno y caridad? Estas y otras preguntas fueron abordadas el pasado 16 de marzo por Nayeli Rodríguez, coordinadora nacional de 40 Días por la Vida en España, invitada por el Ayuntamiento de Valdemorillo.
En su conferencia Cristo crucificado hoy: el aborto y la oración al pie de la cruz, Rodríguez ofreció una particular comparativa entre los momentos más relevantes de la vida y pasión de Cristo con los momentos de oración y ayuno que miles de voluntarios practican en las 30 campañas activas en 26 ciudades a lo largo de todo España, como refleja su sitio web.
Estas fueron algunas de las reflexiones centrales de la ponencia de Rodríguez en Valdemorillo:
1º Como los inocentes, también fue un frágil bebé
Uno de los aspectos en que se detuvo Rodríguez fue en los primeros momentos de la humanidad de Cristo, que siendo Dios se encarnó en un frágil bebé.
“Decidió no solo pasar por la pasión, muerte y resurrección, sino también por ese hecho tan significativo que fue la encarnación. Y eso nos dice mucho, porque evidencia el valor infinito de la dignidad humana: no somos simplemente criaturas, sino que nos pone en un lugar muy especial”, explicó la representante de 40 Días por la Vida. Al encarnarse, agregó, adquirió la condición humana, dignificó el valor infinito de la vida y se hizo vulnerable hasta el extremo. La encarnación de Cristo es un claro reflejo de que ninguna vida es un error.
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2º Los inocentes condenados
Entrando de lleno en la vivencia de la Cuaresma, Rodríguez abordó la “gran similitud” presente entre Cristo y los no nacidos, ambos “condenados por la sociedad a sabiendas de que son inocentes”.
Considerando las “muchas y muy complejas circunstancias” que pueden llevar al aborto, observó que, sin embargo, suelen darse una serie de frases condenatorias que en ningún momento mencionan al inocente: “No me viene bien ahora”, “el aborto debería estar permitido en caso de violación”, “la maternidad será deseada o no será”, o “mi cuerpo, mi decisión” …
Abordando las sentencias, destacó que el punto en común a cada una es la voluntad de la madre y en el rechazo o incomodidad que puede suponer una vida para determinados sectores sociales, y no la persona concebida: "Sabemos que es inocente, pero preferimos quitárnoslo de encima, como hicieron con Jesús”.
3º La Pasión, clave para mirar el sufrimiento de los no nacidos
Rodríguez dio paso a la reflexión y descripción del “dolor sobrehumano” que Cristo aceptó sufrir por la humanidad. Mencionó, entre otros datos, los clavos de 15 centímetros de longitud que contribuían a su tortura por asfixia, la corona de espinas que torturaba y humillaba al Señor o el flagelo romano, que causó al menos 120 latigazos y 360 marcas. Un relato que Rodríguez acompañó con el texto del Viacrucis que se reza en 40 Días por la Vida: “Nosotros solamente podemos imaginar una pequeña parte del dolor que sufrió nuestro Señor y solo podemos imaginar una pequeña parte del dolor que sufren nuestros hermanos no nacidos”.
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4º No solo en la gloria del Tabor: también en la cruz del Calvario
Citando a uno de los voluntarios de la campaña de Madrid, Rodríguez plasmó el carácter cuaresmal de la oración ante los abortorios. Al rezar, explicó, “estamos acompañando a Nuestro Señor, intentamos consolar y amar a Cristo también en el dolor y somos testigos de la entrega de amor tan grande que hizo”, pues “también dio su vida por los abortistas que ahora matan a los hijos de Dios”.
En este sentido, recordó que es fácil e incluso oportuno estar con Dios en iniciativas que hacen “sentir bien”, remarcando que también hay que saber acompañar al Señor tanto en los momentos de gloria como en los de cruz, porque no hay gloria sin cruz y no hay cruz sin gloria. Y el ayuno y la mortificación son de los mejores y más ilustrativos ejemplos cuaresmales.
5º La importancia del verdadero ayuno
Por ello, también recordó cómo el ayuno es una forma especialmente propicia para hacer penitencia y sacrificio en Cuaresma, si bien su significado puede diluirse en ocasiones.
“Muchas veces se habla del ayuno de Netflix, que está muy bien, pero el ayuno en sí es privarse de alimento. Y puede ser de muchos tipos: una comida y dos colaciones, que es lo que recomienda la Iglesia, a pan y agua o lo que cada uno buenamente pueda”, expresó.
Los años de experiencia de Rodríguez en campañas y coordinando la organización en España le permiten afirmar con rotundidad una máxima ya conocida en 40 Días por la Vida: “En las campañas donde más se ayuna y promueve el ayuno, se salvan más vidas”.
6º Ayunar enseña a orar
Además de ser una excelente oportunidad de hacer penitencia y sacrificio en reparación por el daño que conlleva el aborto, recordó que esta práctica también puede ayudar a enfocar la oración hacia el Cielo, hacia el Señor. “Es muy fácil hablar desde la comodidad del sofá mientras tú no estás sufriendo o renunciando a nada. Y el ayuno nos ayuda a eso”.
7º Rezar ante el abortorio, evangelizar y acompañar a Cristo en la cruz
Repasando los pilares de las campañas de 40 Días por la Vida, Rodríguez abordó la oración presencial y algunas de sus principales dificultades, riesgos e implicaciones.
En este sentido, remarcó en primer lugar que la oración ante las clínicas supone en muchos casos “dar la cara por Jesús”, lo que no siempre es fácil.
“Lo es en Domingo de Ramos, pero muy difícil cuando está siendo perseguido y tienes miedo de que te pase lo mismo. Es dar testimonio público de fe en una sociedad que se empeña en que ser católico es algo del ámbito privado, cuando fue el mismo Jesús el que salió a las calles y no se limitó a la sinagoga para proclamar la Buena Nueva”, expresó.
También se dirigió a quienes consideran que la oración en privado es preferible incluso a la oración en las calles, llegando a comparar la oración pública ante los abortorios con “acompañar a Cristo en la cruz”.
En último lugar, remarcó el carácter evangelizador de la oración pública: “Es hacer comunidad, es llegar a la comunidad, llegar a la sociedad. Ese alcance comunitario, porque llevar la luz de Cristo es también llevar la esperanza, la misericordia, donde hay tinieblas, donde hay oscuridad. Porque el aborto trae mucho dolor y la gente tiene que saber que hay otra salida, que hay esperanza después de un aborto. Es llevar la verdad donde reina la mentira”.