Miércoles, 22 de mayo de 2024

Religión en Libertad

Pau Valls, monje benedictino: «Estamos en un momento de la historia donde la muerte se menosprecia»

Hermano Pau Valls
Pau Valls es hermano benedictino en la abadía de Montserrat

Jordi-Maria d'Arquer / ReL

El hermano Pau Valls es miembro de la comunidad benedictina de la Abadía de Montserrat, en Cataluña, que organiza anualmente las Jornadas de discernimiento L’Areòpag 3.0 en el Santuario de “El Miracle”. Esta séptima edición, del 3 al 5 de mayo, versará sobre La muerte y el sentido de la vida. Aprovechamos que hablamos con él del espíritu de las Jornadas, para centrar sus orígenes.

- ¿Cómo puede comprender una persona de la calle la vida en la Regla monástica?

- San Benito, en el siglo VI, fue el auspiciador de la vida monástica con una Regla muy humana, en una época en que las cosas iban como iban. Y quienes se acercaban a los monasterios eran perdularios de la fe, gentes con conciencia de los pecados cometidos. Buscaban a los ya conversos en el camino de Jesucristo que estaban dentro. Todos ellos querían convertirse, pues reconocían haber hecho cosas funestas. Hoy día viene a ser lo mismo: son personas en el camino de la conversión, ni justas, ni perfectas, ni santas… por más que a los de fuera les parezca que lo somos. Eso sí, queremos seguir el camino de la conversión, en busca de la santidad, poder llegar a ser "justos”.

- ¿Cómo se puede vender hoy el celibato?

- Tiene un sentido importante. Yo he tenido cuatro parejas en la vida, antes de ser monje. Y me doy cuenta de que en esa época era muy egoísta: no quería tener hijos y pensaba solo en mí. No podemos hacer la distopía de pensar en san Pablo ahora como en su época. Hoy a algunos les parece un misógino, pero en realidad era muy sugerente, que pide que quien pueda, que se dedique al Señor, y quien no, no. Lo dice tanto al hombre como a la mujer.

- ¿Cómo se siente esa llamada?

- Todo eso hace que yo quiera decidirme a seguirlo, no por fugarme (se decía la “fuga mundi”), sino para ser un cierto apartado del mundo, a fin de que pueda dedicarme a hallar a Dios en mi vida, para poder revertirlo al mundo. Eso solo es posible hacerlo si uno es "monje", del occitano monge, que proviene del latín monachus, y éste, del griego μοναχός, monachós, "sólo, único, solitario"; esto es, una persona que practica el ascetismo religioso, viviendo solo o en comunidad, con otros monjes, siendo célibe.

- Entonces, ¿para esto sirve ser monje?

- No sé bien para qué sirve ser monje, pero cada vez que me hablan de utilidad respecto a nuestro tipo vida, me hace repelús. Es fruto de nuestra sociedad actual. En los años sesenta se definía al monasterio como una “fábrica” de plegaria. Años convulsos, de ecologismo social, padres del concepto de la “utilidad”. “¿Para qué diantre sirves?”. ¡Es una estupidez! No fabricamos nada; simplemente estamos al servicio de este mundo pensando todo lo que pasa en él, intentar racionalizarlo y pasarlo por el cedazo de la fe… para enriquecer al mundo. ¡Eso solo pueden hacerlo los monjes y las monjas!

- ¿Y cómo se puede revertir?

- Acogiendo. Éste es el primer servicio vocacional del monje o la monja. Vienen aquí angustiados, y tú, gracias a la lectio divina, sobre todo a la plegaria, también desde el intelecto, procuras revertirlo en estas personas con una palabra, una caricia, un buen momento, una oración, una bendición.

- ¿Para eso se ha hecho usted monje?

- ¡No, no! Yo me he hecho monje para salvarme, siendo feliz. Soy así de “egoísta”. ¡Ja, ja! Claro que luego te das cuenta de que todo esto no sirve de nada si no eres seguidor de Jesucristo, que te dice: “Déjalo todo. Sígueme”. Y la inmediata, lo que te dice Jesucristo es: “Ámame más que a nada, y ama a tus hermanos cómo te amarías tú mismo”. Entonces te das cuenta de que estas cosas funcionan de otra manera. Es después de entrar en el monasterio que he ido descubriéndolo.

- Ser santo. ¿Con qué referente?

- Ante todo, el Jesús del Evangelio. A continuación −importantísimo−, la Virgen, por descontado; pero también los santos, incluso personas concretas de mi propia familia que están difuntas.

- Usted es el organizador de la Jornadas de discernimiento que anualmente se celebran en el Santuario de El Miracle, en Cataluña. ¿Quiere hacer feliz al mundo?

- Desde Montserrat (responsables de la gestión de El Miracle) intentamos crear un espacio de retiro que favorezca el diálogo entre todo tipo de personas, creyentes y no creyentes, que están dispuestas a exponer sus inquietudes para, entre todos, poder profundizar en las materias que ofrecemos para el diálogo, que ante todo es escucha. Esto solo es posible hacerlo con espíritu joven, sin imponer nada, sino tratando de ver de otra manera.

- La vida y la muerte es el tema de este año. ¿Es un oportunismo?

- En un momento de la historia en que la muerte de menosprecia y la vida se destruye, es indudable que debemos reflexionar entre todos para saber reconocer los signos de los tiempos.

- ¿Quién gana?

No se trata de tener razón, sino de iluminar los caminos que se nos abren delante.

- ¿Es usted feliz?

- Efectivamente, soy muy feliz. Como dice san Pablo, estoy contento en el Señor. Y para mí, estar contento en el Señor es ser feliz. Me gustaría revertir esa felicidad al mundo a través de estas Jornadas (vamos por la séptima), a todo aquel que quiera asistir… o más adelante, si lo desea, venir a encontrarnos al monasterio, que sea cuando quiera.

La muerte y el sentido de la vida

El Hermano Pau Valls organiza del 3 al 5 de mayo unas Jornadas sobre "La muerte y el sentido de la vida" (en catalán), en la Casa de Espiritualidad del Santuario El Miracle (provincia de Lérida).

Participan como ponentes: Jaume Duran (doctor en medicina, cirujano, directivo, teólogo y filósofo); Pere Rusiñol (periodista); P. Toni Pou (monje de Montserrat, biblista y psicólogo clínico), P. Xavier Poch (superior de la comunitat benedictina de El Miracle), Manel Casanovas (emprendedor). Y darán su testimonio sobre la muerte y el sentido de la vida dos mujeres que se presentan como creyentes (la ermitaña del Montsant Montserrat Domingo y Pilar Costa, presidenta de una asociación de duelo) y otras dos que se presentan como no creyentes (Àngels Schjaer, de Open Arms, y Merche Rojas, de Fundación Alhelí). El precio de la jornada (alojamiento y comida) es de 150 euros.

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