Miércoles, 27 de octubre de 2021

Religión en Libertad

«Atrae a los jóvenes, hace que vayan a la iglesia», explica el arzobispo de San Francisco

¿Desaparecerá la misa tradicional? Con sus 14 siglos, «no veo cómo sería posible», dice Cordileone

Salvatore Cordileone.
Salvatore Cordileone, de 65 años, arzobispo de San Francisco desde 2012, fue de los primeros en garantizar a sus fieles la misa tradicional tras el motu proprio «Traditionis custodes»: es un rito que atrae y evangeliza a jóvenes y familias jóvenes, explica.

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"La misa es un milagro en cualquier forma. Cristo viene a nosotros en la carne bajo las especies del pan y el vino. Lo que cuenta es estar unidos bajo Cristo. Por consiguiente, la misa tradicional en latín seguirá estando disponible en nuestra archidiócesis, respondiendo así a las necesidades y deseos legítimos de los fieles".

Con estas palabras, el arzobispo de San Francisco, monseñor Salvatore Cordileone, se dirigió a los fieles después de la publicación del motu proprio Traditionis custodes. Lo que hace pensar que también en la ciudad símbolo de los Estados Unidos high tech, en el estado más rico y más secularizado del país, California, son muchos los fieles que sienten apego por la misa tradicional. Él mismo lo explica a Raffaella Frullone en el mensual italiano de apologética Il Timone:

-Excelencia, ¿cómo es que el rito romano antiguo despierta tanto interés en Estados Unidos? 

-Óptima pregunta, pero no estoy seguro de tener la respuesta. Tras vivir varios años en Italia, puedo decir que en vuestro país el vínculo con el pasado es algo establecido, lo podemos constatar en cualquier parte, es algo que se respira en el ambiente. En Italia no se puede no sentir un vínculo con el pasado, lo que no es así en Estados Unidos, que es una nación "nueva", un país que nació de una idea más que de una necesidad. Por consiguiente, creo que la razón la podemos encontrar en parte en esto, en el hecho de que las personas tienen una necesidad natural de sentirse vinculados al pasado, a su legado cultural y, por ende, también a la antigüedad de la que surgió la Iglesia.

-¿Cuándo empezó a celebrar con el rito antiguo?

-La primera vez fue en 2003, cuando era obispo auxiliar de San Diego desde hacía un año. Siempre me ha interesado la misa vetus ordo, pero nunca la había celebrado porque eran los años en los que se necesitaba un indulto para hacerlo. En la diócesis de San Diego había una comunidad que seguía el rito antiguo en la capilla del cementerio católico de Santa Cruz. Me pidieron que celebrara la misa para ellos el 14 de septiembre, fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, que ese año caía en domingo. Tuve que aprender a celebrarla.

Cordileone celebrando misa tradicional.

»Antes de ser nombrado obispo había trabajado en la curia romana y en el triduo pascual iba con otros dos o tres sacerdotes a un convento benedictino situado a las puertas de Florencia. La liturgia era novus ordo, pero en latín y muy solemne, en una antigua iglesia. Por lo tanto, tenía una cierta familiaridad con la lengua, con los cantos, solo tuve que aprender las rúbricas. Tras ese inicio, la celebré en numerosas ocasiones.

-"Introibo ad altare Dei, ad Deum qui laetificat juventutem mean". Es decir: "Me acercaré al altar de Dios, al Dios que alegra mi juventud". El rito antiguo empieza con estas palabras del salmo 43, que hablan del ser joven. ¿Qué le inspiran?

-Siempre me han intrigado. Sin embargo, quiero resaltar que esta es la traducción de la Vulgata, mientras que la Nova Vulgata [la traducción en latín de la Biblia revisada después del Concilio] no utiliza este término, "juventud". No sé cuál es el término hebreo subyacente, pero tal como lo interpreto, desde el punto de vista cristiano se refiere a la novedad de Cristo. Cristo hace nuevas todas las cosas, su amor es fresco siempre, nuevo siempre, rejuvenece; este sentido de juventud eterna es debido a su muerte y su Resurrección, que Él deja como don a la Iglesia.

-¿Cuáles han sido los frutos pastorales de Summorum Pontificum en la archidiócesis de San Francisco y cuales los problemas, si los ha habido?

-Los frutos son similares a los que se pueden encontrar en otros países. Ante todo, la misa vetus ordo atrae a los jóvenes, hace que vayan a la iglesia. Como decía, estoy convencido de que en ellos hay una necesidad de sentirse vinculados con sus raíces, de sentir que somos parte de una familia más grande. Además, hay una atracción por la reverencia y la solemnidad de las celebraciones. Es una gran oportunidad de evangelización, y tenemos que hacer un buen uso de ella. No solo atrae a los jóvenes y a las familias jóvenes, sino que los introduce en la plenitud de la vida cristiana, no solo a vivir una parte de ella, razón por la que tiene una gran fuerza evangelizadora.

»En lo que atañe a los desafíos, tal vez en algunas parroquias hay personas de una cierta edad que, durante su vida, se han sentido denigradas por su apego a la misa vetus ordo y quizás conservan un cierto resentimiento. Pero es algo que no atañe a las generaciones jóvenes. Un pequeño problema de orden práctico es el horario de la misa con rito antiguo, que a menudo se celebra en último lugar en el programa dominical, por la tarde, y no es la hora ideal para las familias. Es decir, existe el tema de una mejor integración de la misa en la vida parroquial.

-Así pues, en su opinión la misa en rito antiguo no está destinada a desaparecer.

-No veo cómo sería posible: es el modo con el que la Iglesia ha celebrado durante dos mil años, con pequeñas modificaciones, pequeños desarrollos orgánicos. Es la misa que ha alcanzado la forma que conocemos con San Gregorio Magno, es decir, desde hace catorce siglos. No puede erradicarse de la vida comunitaria. Nos trasmite una belleza atemporal, un sentido de lo sagrado imperecedero, atrae hoy como lo hacía ayer, porque no está vinculada a una época concreta. Y puede ser mucho más oportuno promoverla en este mundo posmoderno.

»Yo he intentado hacerlo también a través de la fundación de un instituto litúrgico, el Instituto Benedicto XVI para la Música Sacra y el Culto Divino. Hemos encargado nuevas composiciones de música sacra que puedan alcanzar el estatus de "clásicas", es decir, que sean capaces de superar la prueba del tiempo, pero de una manera que refleje también la cultura en la que surgieron.

El Sanctus de Frank La Rocca para la misa tradicional, celebrada por el arzobispo Cordileone en la basílica del Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción en Washington, D.C.

»La primera ha sido la Misa de las Américas, una ofrenda a Nuestra Señora de Guadalupe, patrona de México y de las Américas, y a Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción, patrona de los Estados Unidos. Fue interpretada en diciembre de 2018 en la catedral de la archidiócesis. Le pedí al compositor Frank La Rocca que compusiera una obra que tuviera la sonoridad y las melodías de los cantos que el pueblo mexicano eleva a la Virgen de Guadalupe, algo similar a lo que ocurrió con el estilo arquitectónico de las iglesias de las misiones franciscanas en California, basadas en cánones tradicionales de la arquitectura católica pero capaces de mantener elementos de la cultura local, creando así un estilo único que ha influido en la arquitectura civil. 

»La idea ha sido componer música sacra con esa cualidad que pudiera ser utilizada tanto para el novus como para el vetus ordo. Porque la misa tradicional no es algo que queda relegado al pasado, sino que es algo vivo, con su belleza eterna.

-A finales de octubre participará en Roma en la X Peregrinación internacional Populus Summorum Pontificum. ¿Cómo vive este momento?

-Es una de las numerosas iniciativas creadas para resaltar la belleza de la misa tradicional, un gran signo de devoción por parte de quien aún ama la tradición católica, el maravilloso patrimonio que debemos preservar y desarrollar, y estoy verdaderamente agradecido a los organizadores por el trabajo que han realizado a lo largo de los años para que todo esto sea posible.

»Me gusta la idea de que sea una peregrinación, una procesión, porque somos personas que caminan para ir al encuentro de Cristo, y el hecho de iniciar desde el centro de Roma para acabar en la basílica de San Pedro es signo de nuestra comunión con Pedro.

Traducido por Elena Faccia Serrano.

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