Jueves, 28 de enero de 2021

Religión en Libertad

Finaliza la segunda temporada de una serie más que recomendable

El Mandaloriano: 16 capítulos de buen western galáctico, aventura para todas las edades

El Mandaloriano: 16 capítulos de buen western galáctico, aventura para todas las edades
El Mandaloriano es la historia de un cazarrecompensas solitario que de repente se encuentra protegiendo a un niño muy peculiar

Pablo J. Ginés/ReL

Acaba de finalizar en Disney+ la segunda temporada de El Mandaloriano, que ha seducido a la audiencia recuperando la esencia del western galáctico con samuráis que es Star Wars y dejándose de tonterías.

Aquí tenemos todo lo que nos gusta: bandidos del desierto, monstruos enormes, disparos láser, muñecos tiernos, robots algo locos, una banda que se va juntando para enfrentarse al Imperio, persecuciones en cacharros voladores, naufragios en planetas helados.

Cada temporada tiene 8 capítulos. Ni una escena de sexo. Ni una alusión de ideología de género ni marcianos o humanos trisexuales. Los 16 capítulos los puede ver con tranquilidad toda la familia, igual que las primeras películas de Star Wars. Sólo eso es ya un alivio en estos tiempos. Esta serie es independiente de las últimas películas de Star Wars, completamente prescindibles.

El western: tipos duros, pero con ética

El Mandaloriano recupera la esencia western de Star Wars. Hay quien dice que el western, la lucha del hombre en el desierto y la frontera, es el género cinematográfico que mejor mantiene la moral tradicional. Algo tendrá para que Trece, la televisión de los obispos, no deje de tener cada fin de semana sus películas clásicas del Oeste entre lo más visto. Los buenos pueden ser tipos duros, pero suelen mantenerse incorruptibles ante la ambición desmedida o la crueldad de los malos. La acogida al viajero es necesaria en las tierras salvajes. Está mal matar a mujeres, a hombres desarmados y a personas por la espalda. En el Western se valora la verdad, la valentía y la lealtad, y se castiga la mentira, la cobardía y la traición. A menudo, se castiga el prejuicio y los personajes aprenden a explorar y juzgar desde cerca.

Cuando pones un niño tierno e impredecible con un tipo duro en un western, la aventura está servida, y ese es el tema que El Mandaloriano.

El mandaloriano con su equipo de amigos

Un camino para vivir con virtud

Mando es un cazador de recompensas, pero tiene un firme código de honor, como todos los mandalorianos de su gremio. "Este es el camino", dicen los mandalorianos, cuando se aferran a él. Como recuerda C.S.Lewis, el "camino" en oriente es el "tao", un vivir con sabiduría que debe impregnarlo todo. Cuando los griegos buscaban esa sabiduría para vivir, los cristianos les respondían: "Jesús dijo 'Yo soy el camino'". Porque la sabiduría llega con el trato a la persona.

"Maestro y discípulo, así siempre fue", dicen los Jedi en Star Wars. Los griegos estarían de acuerdo, pero los cristianos, desde Navidad, incluso desde Moisés en las aguas, saben que también hay fuerza en la pequeñez y en la debilidad, en los niños.

Huir y proteger al niño: tema navideño

Contratan a Mando para recuperar un "recurso". Piensa que será una poderosa arma, pero resulta ser el ya famoso y muy tierno "baby Yoda", con sus ojazos y sus simpáticos orejones. Star Wars siempre ofreció muñecos tiernos y robots con chispa y ambos abundan en El Mandaloriano. ¿Hasta donde alcanzan sus poderes? ¿De dónde viene? ¿Hay más? Mando se encontrará huyendo con el niño para protegerlo (tema más que navideño). Gracias al niño, el rudo cazarrecompensas solitario aprenderá a abrir su corazón. "Nada más me importa, sólo él", llegará a decir en el capítulo final. 

Star Wars siempre trató, en el fondo, de los daños de la ausencia del padre. Annakin cae en el lado oscuro y se convierte en Darth Vader (Dark Father) porque no tiene padre y su madre fue asesinada entre torturas. Luke, su hijo, tomará a Obi Wan como padre y tratará de salvar a su padre verdadero.

Mando perdió a sus padres, que murieron después de esconderlo en la sangrienta caída del planeta Mandalore en manos del imperio. Cuidar de un niño es un cambio para él, que le hará mejor persona.

El mandaloriano con Grogu, el bebé yoda

Entenderá que sólo no puede. Necesita amigos. Buscará gente en los márgenes de la galaxia (o las periferias, que diría el Papa). Como estamos en tiempos feministas, la mayoría desproporcionada serán mujeres fuertes de armas tomar. En el asalto a la fortaleza final del capítulo 16 a Mando le acompañan cuatro mujeres con pistolas, reclutadas en tres capítulos distintos; el único hombre de su bando, Boba Fett, se limita a maniobras de distracción con su nave. Recuerda esa escena de sólo superheroínas de la batalla final de Los Vengadores: Endgame, con cierto tufillo innecesario de militancia para cumplir cuotas.

Los malos también tienen rostro y motivaciones

Un punto interesante es que la serie sigue considerando buenos a los buenos y malos a los malos, pero con matices. Los bandidos tusken del desierto de Tatooine, que en películas anteriores eran bárbaros asesinos y violadores (ya hemos dicho que torturando a la madre de Annakin abrieron el paso al surgir de Darth Vader), aquí resultan ser simplemente nómadas en circunstancias de escasez. Como apaches de rostro enmascarado. Mando y una comunidad de granjeros aprenderán a colaborar con ellos contra un monstruo.

En el mismo sentido, Mando compartirá cantina varias veces con oficiales de lo que queda del Imperio. Son fanáticos, son como nazis orgullosos de sus crímenes que se niegan a admitir su derrota. Pero vemos sus rostros, hablamos con ellos: son humanos, pero marcados por su ideología cruel.

La señora rana y sus huevos

Al principio de la segunda temporada se organizó cierto revuelo en las redes cuando el niño se pone a comer los valiosos huevos de una señora rana, que buscaba reunirse con su marido. La gente que no sabe biología no entiende la diferencia entre un huevo sin fecundar (en los humanos, un óvulo, la célula femenina) y un embrión, que es un individuo de la especie en una de sus fases vitales iniciales.

En realidad, el esfuerzo de la señora rana por reunirse con su marido (están casados, insisten) y tener prole es enternecedor, profamilia y casi antisistema en 2020. Veremos una escena del niño jugando luego con el matrimonio rana y sus renacuajos. "No, niño, no podemos llevárnoslos con nosotros, ya tengo demasiadas mascotas", le dice Mando.

Parece -pero no es seguro- que debería haber una tercera temporada en diciembre de 2021. Los fans lo esperan. Si sigue la fórmula clásica, todos lo disfrutaremos. Lo que sí se ha anunciado -en una escena tras los créditos del final- es una serie sobre otro cazarrecompensas, Boba Fett. Podría ser que siguiese la misma fórmula, o que los cineastas intenten algo más oscuro.

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