Martes, 02 de junio de 2020

Religión en Libertad

Era provida y rezaba el Rosario a diario: su fe definió su posición política

Una católica que frenó al feminismo: Phyllis Schlafly, la «Mrs. America» real de la serie de HBO

A la izquierda, Phyllis Schlafly. A la derecha, la buena caracterización física de Cate Blanchett.
A la izquierda, Phyllis Schlafly. A la derecha, la buena caracterización física de Cate Blanchett.

El estreno por HBO de la serie Mrs. America ha atraído la atención sobre una mujer muy poco conocida fuera de Estados Unidos: Phyllis Schlafly (1924-2016). Fue uno de los líderes de la denominada "mayoría silenciosa" que en los años 70 empezaba a ser marginada y denigrada por el establishment universitario, cultural y mediático, pero que aún tuvo impulso suficiente para reelegir a Richard Nixon en 1972 con un 60,7% de los votos. Ningún presidente desde entonces ha logrado igualar ese porcentaje, ni siquiera Ronald Reagan con su 58,8% de 1984.

La celebridad de Schlafly, y lo que da motivo a la serie, proviene de que encabezó la rebelión de millones de mujeres norteamericanas contra el feminismo y contra su pretensión de convertir el aborto en un derecho. Pero Mrs. America [Sra. América], como era conocida desde entonces, no fue solo una activista contra el feminismo. Proponía un completo ideario conservador en el seno del Partido Republicano que mantuvo a lo largo del tiempo y abarcaba otras cuestiones sociales, políticas y económicas. 

El accidentado recorrido de la ERA

La rebelión antifeminista se oponía a una enmienda constitucional por la igualdad de derechos con independencia del sexo: la Equal Rights Amendment (ERA: Enmienda por la Igualdad de Derechos). Fue aprobada el 12 de octubre de 1971 por la Cámara de Representantes y el 22 de marzo de 1972 por el Senado con las mayorías cualificadas requeridas, y enviada a los Estados para su ratificación por tres cuartas partes de ellos (38) en los siguientes siete años, requisito exigido para integrar el texto en la Constitución. 

Comentó entonces un endiablado proceso jurídico estado por estado, con ratificaciones y contra-ratificaciones y extensiones del plazo para la ratificación, y división política en torno a su oportunidad. El proceso ha continuado hasta hoy, pero la ERA nunca consiguió las aprobaciones requeridas.

Phyllis, megáfono en mano en una manifestación de mujeres contra el feminismo y la ERA.

La serie Mrs. America ha sido acusada del maniqueísmo que era previsible a la luz del pensamiento único dominante en la industria del entretenimiento. Y así, la protagonista, bien caracterizada físicamente por Cate Blanchett, es elitista, fría y calculadora, y el éxito de su movimiento la va haciendo cada vez peor. Algo que contrasta con un hecho: millones de mujeres se sintieron identificadas con ella y con su causa. En cuanto a su carácter, una de sus hijas, Anne Schlafly Cori, continuadora de su obra (el Eagle Forum), la ha definido como "cálida y amable": "Sus creencias eran sinceras. Las mujeres la idolatraban".

Los errores de la serie

Los productores de la serie rehusaron hablar con ella al preparar el guión, del cual Anne discrepa en puntos sustanciales.

Por ejemplo, destaca que el matrimonio con su esposo Fred no fue conflictivo: "Tuvieron una relación realmente maravillosa (...) Creo que la alegría que tuvieron en el matrimonio formó gran parte de su punto de vista sobre los roles de hombres y mujeres juntos. Su matrimonio fue feliz porque fue una unión de mentes. Intelectual, emocional y espiritualmente estaban en la misma onda y se complementaban entre sí", declaró a Vanity Fair.

Phyllis y su esposo Fred, entrevistados conjuntamente en 1978 en el matinal Good Morning, America de la ABC.

Asimismo, la serie tiende a presentar la oposición de Schlafly a la ERA como una batalla personal, capaz, eso sí -es inocultable-, de arrastar multitudes. Lo cierto, recuerda su hija, es que su madre "inspiró a innumerables mujeres a ser activas, a participar en este proceso político y aprender a presionar a sus legisladores estatales. Ella no podría haberlo hecho sola".

Es la gran contradicción que muchas veces se le reprocha al feminismo: las mujeres que no comparten esa ideología no cuentan como mujeres. Y así, Phyllis, capaz de frenar una iniciativa de un Congreso básicamente masculino (había poco más de una docena de mujeres entre las dos cámaras) liderando un movimiento básicamente femenino, más que ser considerada una heroína, es objeto de una serie no precisamente amable con ella.

Kristan Hawkins, quien la conoció personalmente, afirma que las feministas consideraban que las mujeres que la seguían eran "ignorantes o serviles ante los hombres" y que sus opiniones "no merecían consideración": "Pero nunca subestimes el poder de una habitación llena de madres que han sido marginadas", añade, valorando la reacción de la mayoría silenciosa.

Mrs. America presenta de forma sesgada, o directamente contraria a los hechos, numerosos momentos y circunstancias de la vida de Schlafly. El portal History vs Hollywood destaca una veintena, algunos que afectan de manera sustancial a su retrato personal y político.

¿Por qué se oponía a la ERA?

Entre ellos, su propia posición contra la ERA, que hoy puede chocar. ¿Por qué se oponía a la enmienda de igualdad de derechos y por qué tantos millones de norteamericanos, mujeres más que hombres, se oponían también y siguieron haciéndolo después, a pesar de que numerosas disposiciones en la misma línea sí han sido aprobadas por la legislación federal y las legislaciones estatales?

Las razones de su oposición pueden encontrarse muy bien sintetizadas en una entrevista que le hizo John Callaway en 1977: "Nos oponemos a la ERA porque somos pro-familia y defendemos los derechos de la mujer y del autogobierno local de ser arrebatados por el gobierno federal... Si usted se fija en las propuestas [feministas], todas piden un Gran Hermano en Washington que resuelva sus problemas: que les cuide los hijos, que les encuentre trabajo, que les ofrezca un hombro donde llorar... Es muy curioso que esas mujeres que intentan proclamar ante el mundo que son autosuficientes e independientes, pretendan que el gobierno federal resuelva todos sus problemas".

La ERA traducía, pues, las distintas concepciones presentes en el debate político de Estados Unidos desde su fundación: el poder de Washington frente al poder de los estados, y la contraposición entre un gobierno fuerte y activo o bien un gobierno mínimo y que prefiere incentivar la responsabilidad individual.

En cualquier caso, el feminismo -explicaba con una clarividencia que parece pintar su actual radicalismo- "es un movimiento anti-familia, consideran al hombre como un enemigo, piensan que las mujeres han sido siempre sirvientas y oprimidas... Es una visión negativa de la vida... Se levantan por la mañana pensando que el mundo está contra ellas... Yo creo que no mejoras el mundo proyectando tus problemas sobre la sociedad". 

Phyllis defendía el derecho de la mujer a cuidar de sus hijos en vez de ser impulsada por la legislación a trabajar si no lo necesitaba: "Participar en la creación de un niño es un gran regalo que Dios ha hecho a las mujeres. No es un ejemplo de opresión, es un don maravilloso".

Asimismo defendía la autoridad del marido en el hogar porque "todas las organizaciones de éxito tienen una fuente última de responsabilidad, una cabeza. No tenemos un presidente y un co-presidente, tenemos un presidente y un vicepresidente. En el matrimonio pueden repartirse las jurisdicciones, pero si quieres que una unidad familiar perdure, tiene que haber una autoridad última".

El interés y el éxito de las mujeres reales

Schafly defendía la presencia y el éxito de las mujeres en todos los ámbitos, lo cual era por otra parte una descripción de su vida. Casada durante 44 años (desde 1949 al fallecimiento de Fred en 1993), madre de seis hijos y abuela de 17 nietos, autora de 27 libros, abogada y master por Harvard, mantuvo toda su vida un nivel muy alto de presencia pública. Jugó un papel destacado en el Partido Republicano durante treinta años, compareció medio centenar de veces ante comisiones del Congreso y Reagan la integró en la comisión del bicentenario de la Constitución.

Su oposición a la enmienda no era, pues, una cuestión de negar los derechos de la mujer. Pero sí consideraba el feminismo un perjuicio real para las mujeres reales. Un ejemplo que citó en una entrevista de Phil Donahue en 1974: de aprobarse la ERA, "podrían anularse las leyes estatales que obligan al marido a sostener a la mujer", lo que se convertiría para ellas en una obligación de trabajar, fuese esa o no su preferencia. Mrs. America, la serie, sí recoge al menos, al reflejar algunos conflictos, la insensibilidad de las líderes feministas hacia los problemas concretos que no encajaban en su paradigma ideológico.

Una mujer de fe

Por último, la ERA abría el camino al aborto -que sería legalizado un año después por otro camino, la sentencia Roe vs Wade-, y Phyllis era profundamente provida. Entre otros motivos, por su profunda fe católica.

Rezaba el rosario todos los días. "Sus convicciones venían de su fe", ratifica su hija en declaraciones a The Daily Signal: "Su fe daba forma a todo lo que creía en política", y si se opuso al feminismo fue "porque pensaba que su consecuencia fundamental sería cambiar la relación entre hombres y mujeres".

En cualquier caso, los apoyos que recibió no fueron solo católicos. La oposición a la ERA no era menor entre numerosos otros grupos protestantes y judíos. Y ella llevaba años destacando en la vida pública como defensora del conservadurismo en el seno de un Partido Republicano dispuesto a aceptar la visión progresista del mundo y entregado solamente al poder y al dinero, dejando de lado sus principios morales y sociales. 

De Goldwater a Trump

Phyllis participó personalmente en esa rebelión apoyando en 1964 a Barry Goldwater en las primarias republicanas frente a Nelson Rockefeller (a quien ganó: la noche de su histórico triunfo en las primarias en California, Phyllis y su esposo Fred la pasaron rezando el rosario) y en las presidenciales frente a Lyndon B. Johnson (con quien perdió).

Aquel año Phyllis vendió tres millones de ejemplares de su libro A Choice, not an Echo, donde describía las artimañas del ala progre del Partido Republicano para imponer sus candidatos frente a su base social mayoritariamente conservadora. Goldwater fue derrotado sin paliativos por Johnson, pero siempre se ha considerado que aquel fracaso preparó un cambio de mentalidad en el ámbito republicano capaz de encumbrar a Reagan dieciséis años después.

Significativamente, el último gran momento público de Schlafly fue su apoyo sin paliativos a Donald Trump en marzo de 2016 en las primarias de Missouri, justo cuando se estaba ejemplificando, medio siglo después, la misma batalla entre las dos almas del Partido Republicano, la de la base y la de su establishment. Ella apoyó a quien entendió que encarnaba la esencia conservadora de su partido. Cuando falleció en septiembre, el ya formalmente candidato le devolvió el gesto estando presente en su funeral en la catedral de St Louis.

En su entrevista de 1977, Callaway le preguntó por qué los conservadores, aunque tenían un proyecto en positivo, eran retratados negativamente como personas opuestas a todo. Phyllis demostró en su respuesta que no estaba hecha para las medias tintas: "¿Y qué problema hay en estar contra el pecado? Siete de los Diez Mandamientos son negativos. Ocho de los diez artículos de nuestra Declaración de Derechos son negativos. Toda una filosofía de gobierno consiste en establecer lo que un gobierno no puede hacer. Es así como defiendes tu libertad y la libertad".

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