La conferencia episcopal alemana, sobre un precipicio
Su desastrosa situación no puede quedar sin respuesta de manera indefinida por parte de Roma.

De izquierda a derecha en la foto: Matthias Kopp, portavoz de los obispos; el cardenal Reinhard Marx, arzobispo de Múnich; y el presidente de la conferencia episcopal, el obispo Georg Bätzing.
Cuando se publicó por primera vez en 1993, la encíclica del Papa San Juan Pablo II sobre la reforma de la teología moral católica, Veritatis splendor, supuso un duro golpe para el orgullo de muchos teólogos alemanes, que durante mucho tiempo se habían considerado a sí mismos la vanguardia de la vida intelectual católica. De hecho, un año después de la encíclica se publicó en Alemania un libro compuesto íntegramente por ensayos críticos contra la explicación profundamente humanista de Juan Pablo II de la enseñanza católica sobre el camino hacia la felicidad y la bienaventuranza, porque, según explicó su editor, Alemania tenía la obligación especial de vigilar el redil teológico de la Iglesia. Quedó sin explicar quién había designado a los teólogos alemanes para desempeñar esa función supervisora. Tampoco se aclaró la idea que parecía sustentar gran parte de la resistencia intelectual católica alemana a Juan Pablo II: los teólogos alemanes debían de ser más inteligentes que un polaco.
La resistencia alemana al magisterio papal es anterior a Juan Pablo II, por supuesto; sería difícil encontrar un teólogo alemán prominente (o un obispo, para el caso) que defendiera al Papa Pablo VI después de que este publicara en 1968 la encíclica Humanae vitae sobre los medios moralmente apropiados para regular la fertilidad. Pero mucho ha cambiado desde entonces, y el foco del revisionismo católico progresista en teología moral ha pasado de la anticoncepción a la homosexualidad. Y ahora la resistencia alemana a las verdades enseñadas por Humanae vitae y Veritatis splendor se ha extendido hasta lo que parece ser una aceptación de las afirmaciones de la ideología de género y el movimiento "trans" por parte de la mayoría de los obispos del país.
El 30 de octubre, la secretaría de la conferencia episcopal alemana anunció en la página web de la conferencia la publicación de un texto de la Comisión Episcopal de Escuelas y Educación titulado Creados, redimidos y amados: visibilidad y reconocimiento de la diversidad de identidades sexuales en las escuelas. Y por "diversidad", el texto no se refería a la diversidad de Génesis 1,27 ("varón y mujer los creó"); el título hace referencia al catálogo cada vez más amplio de "identidades" promovido por los ideólogos del arcoíris y los activistas LGBTQ. Según informó domradio.de, con sede en Colonia, el texto insta a los profesores a "contribuir a la visibilidad de las personas con identidades sexuales diversas utilizando un lenguaje que refleje esa diversidad. Los profesores... deben fomentar un clima en el aula en el que los niños y los jóvenes se sientan vistos y tomados en serio mientras exploran su orientación sexual e identidad de género".
Y entonces el Deutsche Woke Express se precipita por el acantilado hasta la apostasía: "El documento insta a los profesores de religión a presentar la moral sexual de la Iglesia católica de manera diferenciada y a abordar en sus clases los puntos controvertidos de la Iglesia y la teología, para que los alumnos puedan formarse su propio juicio razonado".
En resumen: no se afirma la antropología bíblica. No se proclama que la Iglesia enseña con autoridad una ética sexual que ha fomentado el florecimiento humano y la santidad durante dos milenios. No hay llamada a la conversión. El discernimiento moral es "hazlo tú mismo". No se reconoce que los estudios empíricos demuestran que la "transición" o la "reasignación de género" no conducen a resultados positivos a largo plazo en la salud mental. No se sugiere que los jóvenes que experimentan disforia de género y otras confusiones sobre su sexualidad busquen el consejo de un educador religioso, un sacerdote o un religioso consagrado que crea que lo que la Iglesia católica enseña sobre la vida moral es cierto y que viva esa verdad con alegría.
El llamamiento del documento a combatir el acoso es de agradecer y -en el clima creado por brutales "conversaciones" en redes sociales y en sitios web repugnantes- es urgente. ¿Y quién negaría que las escuelas deben ser lugares donde los sufrimientos y crisis de la maduración no se vean agravados por la "discriminación y la degradación personal"? Pero tratar a los demás con respeto es una obligación básica de la caridad cristiana (por no hablar de la decencia humana) que se conoce desde hace milenios. No es algo que nos hayan enseñado en el siglo XXI la ideología de género, los activistas del arcoíris y los defensores de los trans.
Es trágico que este abandono de la cordura teológica y la responsabilidad pastoral coincida con el sexagésimo aniversario de la conclusión del Concilio Vaticano II, en el que los obispos y teólogos alemanes (incluido el futuro Papa Benedicto XVI) desempeñaron un papel importante. El Vaticano II volvió a equilibrar de manera acertada la autocomprensión de la Iglesia al afirmar que los obispos son verdaderos maestros, gobernantes y santificadores en sus iglesias locales, y no simples gerentes de las sucursales de la Iglesia Católica, S.A.
Por lo tanto, que una comisión de obispos publique un texto en el que se pide un enfoque "diferenciado" de la enseñanza católica -es decir, un enfoque de la educación en el que las verdades establecidas de la fe católica se consideren una opción más entre otras muchas posibilidades- es más que extraño. Es una traición al Concilio Vaticano II. Y dará lugar a un aumento del sufrimiento humano, en lugar de a la curación de las almas atribuladas a través de la gracia siempre disponible de Dios y de un cuidado pastoral verdaderamente compasivo.
La desastrosa situación alemana no puede quedar de manera indefinida sin respuesta por parte de Roma.
- Publicado en First Things.