Jueves, 14 de noviembre de 2019

Religión en Libertad

Basado en la historia real del ciego John Hull: estreno este 15 de marzo

«Contemplación»: de las tinieblas a la luz, pero una luz distinta; un filme especialísimo y hermoso

En Contemplación el espectador, como el protagonista, no puede ver los rostros de los niños, los espacios que les rodean... vemos retazos que nos producen hambre de más...
En Contemplación el espectador, como el protagonista, no puede ver los rostros de los niños, los espacios que les rodean... vemos retazos que nos producen hambre de más...

Pablo J. Ginés/ReL

Contemplación es una película delicada y especialísima que se estrena en España este viernes 15 de marzo de la mano de Bosco Films

El cine se hace con imágenes y, en segundo plano, con sonido, pero esta película cuenta la historia real de John Hull, un hombre que se va quedando ciego, y el filme quiere contarlo desde su propio punto de vista, es decir, casi sin vista.

Más aún, John Hull dejó una serie de diarios grabados en casetes, contando sus reflexiones. Aunque sus alumnos en la Universidad pensaban que él se adaptaba muy bien a la ceguera, en su vida interior y cotidiana sufría sintiendo rebeldía, incapacidad, enfado y cosas aún más sutiles y dañinas que registra en sus cintas.

Los actores se sincronizan con los audios que grabó John Hull

Lo especialísimo de esta película es que usa las cintas reales del protagonista: los actores sincronizan sus labios para que coincidan (en la versión en inglés) con el audio que él grabó. Es, pues, un documental, que usa documentos reales... pero uno muy peculiar y sensible.

Una película se hace con imágenes, incluso una que intenta entrar en la mente de un ciego. Los directores y guionistas, Peter Middleton y James Spinney, explican otra de sus decisiones artísticas únicas: "Todos los personajes, aparte de John y Marilyn [la esposa], eludirían la cámara, a menudo sólo aparecerían en fragmentos, y evitaríamos especialmente sus ojos, para sugerir la pérdida de contacto visual que John sufre en su ceguera".

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El mismo John explica una consecuencia de su ceguera: cuando sonreímos, miramos al otro para ver si él también empatiza y sonríe con nosotros. Pero un ciego sonríe al vacío, no ve la respuesta: John se pregunta si eso le hace dejar de sonreír. Y, por lo tanto, aunque oímos a sus hijos o sus padres hablar con tono risueño, o sereno, nunca vemos sus rostros.

Visión nítida sólo en sueños... pero algunos eran pesadillas

La única excepción son los sueños. John ya no percibe cosas visuales, excepto cuando sueña. En los sueños ve los rostros de su mujer, de sus hijos... y allí los vemos también nosotros, saliendo de las penumbras austeras y toscas pero extrañamente hermosas en las que hemos estado sumidos. También los sueños -descritos, como todo- por el John Hull real, en sus grabaciones- expresan su zozobra: una inundación que arrastra a su familia, un vagón que le arrastra al fondo de una mina oscura... La sensación que él tenía era la de ser arrastrado donde no quería.

Durante los primeros años intenta "controlar" su vida, su situación: pone a docenas de amigos y estudiantes a grabar audios y lecturas con los libros de ciencias sociales serias que él necesita. Se plantea "entender mi ceguera para que no acabe conmigo".

Su rebeldía consiste en negarse a la "aquiescencia", es decir, a un decir "sí" a la ceguera. Si prestara esa aquiescencia, teme, "me moriría, perdería mi capacidad de resistencia".

Pero la película habla en realidad de verdades espirituales: esa aquescencia es la muerte del hombre viejo, y es necesaria para que nazca el hombre nuevo. Al morir el vidente debe morir también el orgulloso, el que quiere "control", para que pueda nacer el nuevo hombre, más sabio, el que aprende a mirar de otra forma.

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El hombre nuevo ve con ojos nuevos

Él empieza a darse cuenta un día de lluvia, que lo rodea todo de "sonidos deliciosamente concretos". Por primera vez vuelve a hablar de experimentar belleza. "Ojalá hubiera lluvia en casa, no estaría solo y aislado, mejoraría mi interacción con el mundo".

Sí, él es vulnerable, pero paseando con su anciano padre, al que llevaba años sin tratar en persona, se asombra al notarlo "lento, frágil". Al nacer su quinto hijo, al que nunca verá, lo huele, lo acaricia... y comprende también su belleza frágil. Belleza y verdad en los débiles de este mundo...

Todos somos frágiles. Y en cierto sentido, todos somos ciegos. La película alude a esto una y otra vez con símbolos visuales: la rueda giratoria del casete es como un ojo. También la cúpula circular de un edificio vista desde abajo.

Una nueva vida, con nuevos estímulos

Al pasar los años, John constata algo novedoso: "Mi mente recoge nuevos estímulos, ideas, una nueva vida". "La ceguera depura: o destruye o renueva", añade. Como toda prueba en la vida espiritual, como todo crecimiento. Sabe que ha podido crecer a partir del ancla de la familia y la fe.

John Hull era teólogo católico, daba clases de educación religiosa para estudiantes universitarios en Inglaterra. Pero la fe no entra con fuerza en la película hasta el final. John entra en una iglesia antigua, gótica, suena un órgano, "todo el lugar vibraba", explica en sus grabaciones. "Tuve una sensación vívida de la presencia de Dios, se lanzaba en picado sobre mí", dice.

Pero esto llega después de haberse rendido, de haber dado esa "aquiescencia" que tanto le humillaba antes.

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A los que viven en la caverna, les cuesta entender que lo real no es la oscuridad ni los reflejos de la luz, y sus sombras, sino la luz que está más allá

La caverna de Platón: ¿vivir hacia la luz, lo real, o quedarnos en la sombra?

Él estaba en una encrucijada: "¿viviría en la nostalgia -de lo que fue, lo que pudo ser- o viviría en el mundo real?" Pero al apostar, después de años, por el mundo real, descubrió que el mundo real era mucho más, que la realidad era más grande.

La imagen de su sombra vista desde la cueva en la playa, la luz lejana del mar y cielo reflejada en el agua, es una potente alusión platónica. John estaba ciego pero ha visto, ha salido de la caverna platónica en la que quizá nosotros aún estamos. Desde allí nos habla de esa luz,esa visión que contempla.

Nosotros, como su hombre viejo, como los habitantes de la caverna de Platón, podemos farfullar: "no hay luz, no hay playa, no hay cielo, sólo esta cueva oscura". O podemos intentar liberarnos, alzarnos, empezar a caminar, hacia la luz. Como decía San Juan de la Cruz: "aunque vayamos de noche, a oscuras, la sed nos alumbra".

 

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