Sábado, 28 de noviembre de 2020

Religión en Libertad

Breve «remake» de la película de 2005 «Joyeux Noël»

El anuncio de Navidad de Sainsbury´s, homenaje a un hermoso momento de la Primera Guerra Mundial

La escena del anuncio y de la película tuvo un fundamento real justo va a hacer un siglo.
La escena del anuncio y de la película tuvo un fundamento real justo va a hacer un siglo.

Emanuele Boffi / Tempi

El vídeo que ven en la página (ver abajo) es un anuncio que ha sido realizado en estos días por los almacenes ingleses Sainsbury’s, en colaboración con la Royal British Legion.

La publicidad tiene su punto de partida en un episodio histórico, del que dentro de poco se cumplen los cien años, es decir, la tregua de Navidad que se verificó el 25 de diciembre de 1914 en el frente occidental. Después de cuatro meses de combates y centenares de muertos, los soldados ingleses y alemanes, salidos de las trincheras, suspendieron las hostilidades para intercambiarse algunos regalos. También una película narra este episodio:Joyeux Noël, del año 2005, candidata al Oscar como mejor película extranjera. Se jugó un partido de fútbol que terminó 3 a 2 a favor de los ingleses. Además, los soldados alemanes e ingleses participaron juntos en una Misa, reconociendo así el verdadero "sentido" por el que, el menos ese día, ningún disparo tenía que ser disparado.

El diálogo que lo empezó todo

Desde las trincheras: «Buenos días Fritz» (no hay respuesta).

«Buenos días Fritz» (sigue sin haber respuesta).

«Buenos días Fritz».

Desde la trinchera alemana: «Buenos días».

«¿Cómo va?».

«Todo bien».

«Ven aquí, Fritz».

«No. Si vengo me disparáis».

«No, no lo haremos. Ven, ¡va! No tengas miedo. Te daremos cigarrillos».

«Ven hasta la mitad, así nos encontramos».

«De acuerdo».

Uno de los nuestros se llenó los bolsillos de cigarrillos y ha salido fuera de la trinchera. También el alemán salió fuera de su trinchera. Se encontraron a mitad camino y se dieron la mano.


Antonio Besana es directivo de una multinacional. A finales del 2005 fue por casualidad al cine Palestrina de Milán para ver Joyeux Noël, en una proyección organizada por Tempi. El suceso narrado por la película se basa en un hecho histórico y a Antonio le surgió la curiosidad de remontarse a las fuentes que habían inspirado al director, Christian Carion. Descubrió que la noche de Navidad de 1914, en el frente noroccidental, en las trincheras de Flandes, al sur de Ypres, en Bélgica, los soldados alemanes, franceses e ingleses se pusieron de acuerdo para hacer una tregua. El cesar el fuego no fue ordenado por los comandos de las dos formaciones, sino que fue una iniciativa de los soldados rasos.

Franceses, ingleses y alemanes salieron al descubierto y se encontraron en tierra de nadie. Se hablaron, se estrecharon la mano, se abrazaron, enterraron a sus caídos. Se celebró una misa y una función fúnebre. Los enemigos que un momento antes se disparaban para matar, fumaron y cantaron juntos, se intercambiaron felicitaciones y regalos, piezas de vestuario y botones de las divisas, alimentos, tabaco, fotografías de las esposas, hijos y amigos, recuerdos del tiempo de paz.

Cuando lo supieron, los Estados Mayores de ambas partes sustituyeron las tropas con otras unidades, los desplazaron a otros sectores, intentaron borrar de la memoria el embarazoso episodio, hecho deletéreo para la propaganda de guerra. Esta fue la razón de la destrucción de muchas fotografías, cartas y documentos que narraban los hechos. Pero las voces corren y el episodio pasó de boca en boca, a veces coloreándose de excesos legendarios. Sin embargo, como confirmación histórica de lo acontecido, algunas cartas (sobre todo de los soldados ingleses al no estar sujetas a censura), llegaron a sus familiares en casa.

Un tesoro histórico en forma de cartas dispersas
Permanecieron sepultadas durante años en los cajones y en los solares de las familias. Otras fueron publicadas en periódicos de la época.

Antonio descubrió que en Inglaterra Alan Cleaver e Lesley Park habían sacado a la luz muchas de las misivas de los soldados y que en 1999 habían publicado un pequeño volumen (Plum Puddings For All), descatalogado desde hace mucho tiempo y que nunca ha sido traducido al italiano. Este volumen contenía más de 80 cartas procedentes de más de cien periódicos del Reino Unido sobre esa Navidad de 1914. Antonio empezó a traducir algunas de ellas a su esposa, acabó cogiéndole gusto y terminó traduciendo en italiano todo el material. No contento, fue en busca de más documentación que encontró en las transcripciones de entrevistas realizadas por la BBC y en el Archivo del Imperial War Museum de Londres.

Las bellas canciones alemanas
De esa noche han hablado algunos historiadores, uno de los cuales es Michael Jurgs (La piccola pace nella grande guerra, - La pequeña paz en la gran guerra, Il Saggiatore, 2005): «Al principio sólo hay uno que canturrea Stille Nacht, Heilige Nacht. La canción del nacimiento de Jesús resuena leve y se dispersa lentamente en el paisaje espectral de Flandes. Pero, poco después, ese canto se difunde como una ola, de un refugio a otro, y desde toda la línea oscura de las trincheras resonó Schlaf in himmlischer Ruh. En la otra parte del frente, a cien metros de distancia, en el emplazamiento inglés, todo permanece tranquilo. Pero los soldados alemanes están en vena y canción tras canción dan vida a un concierto de miles de voces humanas, de todas partes. Hasta que, después de Es ist ein Ros entsprungen, se quedan sin aliento.

»Desvanecida la última nota, los hombres que se encuentran en la otra parte esperan otro minuto, después empiezan a aplaudir y a gritar: “Good, old Fritz”, y “more, more”. Bis, bis. Los Fritz, tan alabados, responden con “Merry Christmas, Englishmen” y “We not shoot, you not shoot” y lo que dicen lo piensan de verdad. Ponen algunas velas en los palos de sus parapetos que se extienden casi un metro por encima del borde de las trincheras y las encienden. (…) Alemanes e ingleses deciden espontáneamente, franceses y belgas no sin dudarlo, que no se dispararán más durante la Navidad. Hasta ahora no se había verificado nunca en la historia de la guerra una paz similar desde abajo. Y no se verificará nunca más. Pero esa que vista con los ojos de hoy se presenta como una gran historia de Navidad, está constituida por muchas pequeñas historias. Debemos contarlas todas. Sólo así tomará forma ese milagro».

Una espantosa sangría
En los alrededores de Ypres perdieron la vida un millón de hombres. Las cartas de quienes estaban destinados a ese frente se asemejan entre ellas. Los soldados se limitaban a dar informaciones sobre su estado de salud. Pero después de esa noche todas cambian de registro y no hay ni siquiera una que no narre este suceso, divergiendo casi únicamente sobre un detalle minúsculo: el partido de fútbol que según algunos se desarrolló y fue ganada por los alemanes por 3 a 2; según otros, en cambio no se disputó porque faltaba la pelota. Es un hecho que la noticia de la tregua llegó también a oídos de Arthur Conan Doyle, el inventor de Sherlock Holmes, que habló de ella en un escrito, y a los de un cabo alemán que en su diario escribió indignado: «¿Dónde ha ido a parar el honor de los alemanes?». Ese cabo era un tal Adolf Hitler.

Las treguas para las fiestas no son raras durante los conflictos, pero la de Ypres tiene un carácter único por la forma en la que se desarrolló. Para darse cuenta de esto basta leer a continuación algunas de las cartas traducidas por Besana.

Extractos de las cartas

Diario del sargento Bernard J. Brookes.
Un oficial alemán con una linterna se adelantó y pidió ver a uno de nuestros oficiales para acordar una tregua para el día siguiente, día de Navidad. Ha sido verdaderamente maravilloso que un cambio como este en las costumbres de los dos ejércitos opuestos haya sido generado por un hecho sucedido una noche de hace dos mil años.

Cabo mayor Henderson. Carta publicada en el Hampshire Chronicle el 30 de enero de 1915.

Hacia las 3.30 de la tarde descubrimos un cartel alzado sobre las trincheras enemigas. Inmediatamente nos pusimos las gafas y leímos estas palabras, escritas en grandes letras de imprenta. «Concierto aquí esta noche. Todas las tropas inglesas están invitadas».

Soldado G. O. Smith. Carta publicada en el Bolton Chronicle el 9 de enero de 1915.

Parece imposible que puedan suceder cosas de este tipo: enemigos peligrosos que salen fuera, que se encuentran con toda la buena voluntad y que después vuelven a sus trincheras y disparan al primero que asoma la cabeza. Creo que este es unos de los misterios de la naturaleza humana.

Armero Herbert Smart. Carta publicada el 4 de enero de 1915 en el Northamptonshire Daily Echo.
El alemán que he conocido había sido camarero en Londres y hablaba un poco de inglés. Decía que ellos no querían combatir. ¡Es curioso que un alemán primero te estreche la mano como si te quisiera romper los dedos y algunos días después intenta liquidarte! No sé realmente qué pensar.

Carta publicada el 1 de enero de 1915 en el Bedfordshire Times y en el Independent.

Los alemanes han llegado incluso hasta nuestras trincheras y nos han dado cigarrillos y chocolate y, naturalmente, nosotros les hemos dado otras cosas a cambio. La mañana de Navidad, poco después de la una, estaba de guardia y uno de los alemanes me ha deseado un buen día y Feliz Navidad. Nunca me había sorprendido tanto en toda mi vida cuando, al llegar el alba, les he visto a todos sentados en el borde de sus trincheras saludándonos con las manos y cantando para nosotros. Poco antes de que saliéramos también nosotros de las trincheras (habíamos salido durante la noche de Navidad), uno de ellos ha gritado: “Mantened la cabeza baja: estamos a punto de disparar” y dispararon una docena de veces justo por encima de nuestras cabezas. ¿Quién creería en ello si no lo hubiera visto con sus propios ojos?

Fusilero J. Reading. Carta publicada en el Bucks Examiner el 8 de enero de 1915.

A las 4 de la mañana su banda tocó algunos cantos, God save the King y Home Sweet Home. Puedes imaginarte nuestros sentimientos. Más tarde vinieron hacia nosotros y nosotros salimos para salir a su encuentro. Ninguno de nosotros llevaba el fusil. Le estreché la mano a varios de ellos y ellos nos dieron cigarrillos y puros. Ese día no hicimos ni un solo disparo. Hemos aprovechado ese tiempo de quietud, ganando tiempo a la muerte.

Sargento W. Blundell. Carta publicada en el Bedfordshire Times y el Independent.

He visto a los alemanes fuera de las trincheras gritando, pidiendo que fuéramos a reunirnos con ellos. Fue toda nuestra brigada y estuvimos hablando con ellos más de dos horas. Nos pidieron que no disparáramos ese día y nos dijeron que tampoco ellos lo harían. Así no hubo ningún disparo hasta el día siguiente y después hemos vuelto a combatir por lo que era justo.

Soldado Simnett. Carta publicada el 15 de enero de 1915 por el Staffordshire Sentinel.
Muchos de los alemanes eran de Londres y esperaban que la guerra acabara pronto. Uno de ellos incluso sugirió acabar la guerra con un partido de fútbol o con un combate de pelotas de barro, para que así nadie acabara herido. Te hubiera gustado estar aquí ese día. ¡Qué cosas más divertidas suceden en esta guerra!

Entrevista al sargento mayor Frank Naden.
Los alemanes nos dieron algunas de sus salchichas y nosotros les dimos algo de lo que teníamos nosotros. Los escoceses tocaron la gaita y después tuvimos una tradicional y extraña salida al campo, con partidos de fútbol, en los que jugaban también los alemanes. El día siguiente recibimos la orden de cesar todas las comunicaciones y los encuentros amigables con el enemigo, pero durante todo ese día no disparamos y tampoco los alemanes lo hicieron.

Soldado W. Pentelow. Carta publicada en el Northamptonshire Daily Echo.
Nos hemos encontrado en el medio, nos hemos dado la mano e intercambiado para fumar. Me han dado puros y cigarrillos. Incluso les he dado a algunos de ellos la dirección de mi casa. Ahora todo ha acabado. Hemos vuelto a dispararnos. Parecían muy simpáticos, pero algunos eran muy ancianos y otros casi niños.

Portador de órdenes motociclista Fred Laangton. Carta publicada en el Yorkshire Post el 12 de enero de 1915.

Seis del Worcesters han comido en las líneas alemanas y el mismo número de alemanes ha venido a comer con nosotros. Cuando se estaban yendo acordamos que antes de volver a disparar de nuevo se dispararían tres salvas al aire.

Carta publicada en el Westmorland Gazette el 9 de enero de 1915.

A uno de nosotros le han dado una botella de vino para beber a la salud del Rey. Después el regimiento ha jugado un partido de fútbol contra los alemanes, les hemos ganado 3 a 2. Esta gente ha dicho que no dispararía a los nuestros, pero han avisado de estar atentos a los que estaban a su izquierda.

Soldado John MacGregor. Carta publicada en The Oban Times el 9 de enero de 1915.
Había una liebre que corría entre las líneas. En un momento, con gran buen humor general, amigos y enemigos se han unido en una alegre caza. Rodábamos y nos empujábamos los unos a los otros y obviamente, en el pleno de esta hilaridad, la liebre ha escapado.

Soldado Arthur Pelham-Burn. Carta a un viejo compañero de escuela.

Enterrar a los muertos era terrible. Pero la ceremonia fue diferente. Nuestro capellán recitó las oraciones y los salmos y un intérprete los traducía en alemán. Fueron leídos primero en inglés y después en alemán. Ha sido un signo extraordinario y maravilloso. Los alemanes estaban alineados a un lado, los ingleses al otro, con los oficiales delante, en posición de atentos. Sí, pienso que ha sido un visión que nadie verá nunca más.

Soldado J. Lowe. Carta publicada el 27 de enero en un periódico de Leicester.

No dejaremos nunca que nos venzan. Pero parecía extraño volver a empezar a combatir con ellos después de que nos hubieran dado puros y cigarrillos.

Artículo publicado originalmente en Tempi (20.XII.07).

Traducción de Helena Faccia Serrano.

El anuncio de Sainsbury´s

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