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Fuego-Espíritu

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¿Quién es el Espíritu? Es una pregunta que todos nos hacemos. Muchos creen en su existencia, otros conocen algo de él, pero no va más allá de un conocimiento intelectual. Pero para otros la experiencia del Espíritu les ha cambiado la existencia, su manera de mirar a otros, su propia historia y la historia de los hombres.

La experiencia del Espíritu no la podemos controlar, porque el Espíritu es alguien que nos sorprende. Viene a desmontar nuestra vida, a dar orden a nuestra existencia. Cuando le damos el control todo cambia. Nos anima en el desasosiego y la falta de ánimo. Nos alienta y nos da más valor cuando ponemos nuestra vida en las manos del Señor. Si vamos caminando en Dios, con la oración, él nos impulsa a darnos más. Acrecienta nuestra caridad. Si hemos pecado, pone en nosotros esos sentimientos de para pedir perdón, y arrepentirnos. Con él podemos vivir una existencia nueva, porque nuestra vida ya no va a depender de lo que hagamos o decidamos, sino de él. Para él lo más importante que nos sepamos hijos de Dios. Si te sientes hijo, ya no cabe el temor, ni la angustia, ni la desconfianza, porque con el Espíritu todo lo puedes. Al Espíritu Santo no le interesan tanto tus obras, sino aquello que eres y por lo que te mueves a actuar de un modo determinado. Si vives del Espíritu tendrás en tu vida los frutos del Espíritu que no son hacer obras o actividades, sino que tú existencia sea colmada totalmente por él. Entonces, todo saldrá solo y sin que tengas que poner empeño en ello.

Si vives del Espíritu, vas a tener en ti la vida del Espíritu. Pero, ¿cuáles son las señales que aparecen en tu existencia para darte cuenta que vives de él? El que vive solo poniendo su mirada en él, se siente una persona libre. Ya no es necesario vivir con la mirada puesta en unos o en otros, porque sabes que en todo momento el Espíritu viene en tu ayuda a consolarte para que puedas vivir unida a los demás, a los que el Señor va poniendo en tu camino. También los sentimientos se ordenan para que vivas solo de la vida que él te quiere regalar. En medio de tus heridas y dificultades él te pone las ayudas necesarias para que puedas vivir desde tu identidad de hijo amado de Dios. También toda tu intimidad se ordena, y el Espíritu pone en tu camino a la persona que te puede acoger sin juzgarte. Te regala muchos amigos con los que puedes compartir tu vida y lo cotidiano que en ella va ocurriendo. Ser libre significa que ya no tienes miedo a lo que digan, ya que en todo momento te sientes escuchada por el Señor. Ser libre es poder expresar sin miedos y sin reparos todo aquello que ocurre en tu existencia aunque a veces a otros les cueste. Ser libre es vivir en definitiva como hijo de Dios. En él lo encuentras todo, y tu corazón se siente pleno y amado. Pero todo esto supone un camino y un proceso. Muchas veces no es fácil. Vas creciendo en ello de modo progresivo. Pero según vivas en esta vida como hijo, en el cielo puedes encontrarte con el Padre que siempre ha estado cuidándote y pendiente de ti. Puedes contemplar al Hijo, al que en esta tierra has amado, y ponerte en manos del Espíritu al que siempre le has dado el control de tu existencia.

De la misma manera, vivir del Espíritu te concede otros dones que son fruto de la Pascua, y que el Resucitado te viene a regalar. Puedes encontrar en tu corazón y en tu vida la paz, que te llena de esperanza. La paz que hace poner tu mirada en Dios. La paz no es calma o el sosiego que en otras tendencias podrías encontrar, sino que la paz del Espíritu que en el Señor puedes encontrar implica sentirte amada por él, y en medio de la dificultad dejarle al Señor que actúe porque solo en él encontraras esa paz que no resuelve problemas pero que te ayuda a caminar en medio de ellos. La paz te trae la brisa del Espíritu en la que Dios se hace presente.

Junto con la paz, el Espíritu acrecienta en ti el fruto de la caridad, para que ya no vivas tu existencia desde ti, sino en Dios que es amor y te lleva amar al otro, sin importar de donde venga o lo que haga. Le puedes amar porque esa persona que Dios pone a tu lado, aunque la consideres tu enemigo, es hijo de Dios, y por eso tu hermano al que el Espíritu te llama a entregarte.

También el Espíritu unido a la caridad te regala el fruto de la alegría. Es una alegría desbordante, sin límites, que en ocasiones te hace sentirte emborrachado de él. La alegría no significa no tener dolor o sufrimiento, ya que es propio de la vida. Lo tuvo el Hijo de Dios. Ser alegre implica que toda tu existencia las has puesto en manos de Dios, porque siempre va a tu lado. Puedes vivir alegre porque sabes que Dios siempre te acompaña, siempre está contigo. Nunca se va de tu lado. Ello te hace vivir de la alabanza y en adoración ante un Dios que te creo porque te amaba. Muchas veces nos movemos por el desánimo y la tristeza, pero si tenemos al Dios del júbilo y la fiesta que vive en una alegría completa que siempre nos quiere regalar, ya no cabe el temor, porque con él lo tenemos todo.

Vivir del Espíritu nos ayuda a tener una vida en plenitud de hijos amados del Padre, que el Señor ponen su mirada y su corazón.

Belén Sotos Rodríguez

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