Nueva Evangelización. Espiritualidad Católica.
Consagrarse es unirse a Dios

Unirse a Dios es el camino para la santidad
Es interesante fijarnos en actos que realizamos dentro de la religión y lo poco que comprendemos lo que significan. Les comento sobre la "consagración". Para la inmensa mayoría de las personas, consagrarse es ejecutar una ceremonia y poco más. No nos damos cuenta que consagrar tiene un significado muy profundo. Consagrar proviene del latín, "consecrāre", que significa "hacer sagrado". Este verbo se compone de "con-" (asociarse o unirse) y "sacrāre" (hacer sagrado o dedicar a Dios). Nos consagramos cuando nos vinculamos a la Divinidad en toda su extensión y plenitud. Nuestro limitado ser busca unirse o adherirse a Dios. ¿Cómo? Leamos lo que nos dice San Cirilo de Alejandría:
Si echas un pedazo pequeño de pan en aceite o en agua o en vino, rápidamente se va a impregnar de sus propiedades. Si pones el hierro en contacto con el fuego, muy pronto estará lleno de su energía y, a pesar de no ser fuego por naturaleza, pronto aparecerá semejante al fuego. Así pues, el Verbo vivificante de Dios al unirse a la carne que él se apropió, la convirtió en vivificante.
En efecto, él dijo: «El que cree en mí tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida ». Y dijo más todavía: «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo: el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo. Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros». Así pues, comiendo la carne de Cristo, el Salvador de todos, y bebiendo su sangre, tenemos la vida en nosotros y llegamos a ser uno con Él, permanecemos en Él y Él en nosotros. (San Cirilo de Alejandría. Comentario al Evangelio de Lucas, 22)
Consagrarse conlleva un acto profundo de la voluntad humana. Un acto que nos acerca y une, a la Voluntad de Dios. Diría que nos predispone a que nuestra vida esté en sintonía y sincronía con Dios. He leído que se está preparando la consagración del mundo al Corazón de Jesús en 2033, lo que es bueno y necesario. Ahora, me pregunto si el mundo quiere consagrarse a Dios por medio del grandioso símbolo del Sagrado Corazón del Señor. El mundo no es algo intrascendente o secundario. Es dónde desarrollamos nuestra vida diaria.
San Juan nos habla del mundo de una forma que nos muestra más de lo que a veces nos damos cuenta:
Existía la Luz Verdadera que, al venir al mundo, alumbra a todo hombre. En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por medio de El, y el mundo no le conoció. A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Pero a todos los que le recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios, es decir, a los que creen en su nombre, que no nacieron de sangre, ni de la voluntad de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino de Dios. (Jn 1, 9-13)
Este párrafo tiene una gran consistencia con la parábola del Banquete de bodas (Mt 22, 1-14). "Muchos son los llamados y pocos los escogidos", que se consagran realmente a la Voluntad de Dios. Al mundo no le interesa Cristo, más bien le estorba. Podemos hacer 100.000 ceremonias de consagración, sin la voluntad humana unida la acción del Espíritu Santo. ¿Qué sentido tiene esto? Entonces ¿Para qué consagrar al mundo? Yo diría que el llamado es el mismo que aparece en la Parábola del Banquete de Bodas. En los cruces de los caminos, se invitó al Banquete a muchas personas, pero nadie quiso ir. Cada uno de nosotros decide si se predispone y ruega ser escogido por el Señor o sigue con su vida cotidiana. ¿No es suficiente querer? Querer es necesario, pero no suficiente.
Sin la Gracia de Dios, nada podemos. San Cirilo nos habla de la necesidad de impregnarnos de Cristo. La necesidad de dejar que Él nos guíe según Su Divina Voluntad. Unidos a Cristo, por la Gracia de los Sacramentos, podemos llegar a ser símbolos vivos de Cristo en el mundo. Nuestra vida podrá ser evidencia del Señor. Seremos verdaderos evangelizadores porque llevaremos el Agua Viva con nosotros. Entonces seremos símbolos incómodos para el mundo, porque no trabajaremos construyendo miles Torres de Babel que el ser humano crea para llegar a Dios. No seremos cómplices de la iniquidad y de la corrupción de la fe. Simplemente estorbaremos a los planes del mundo. Estorbaremos porque seremos reflejo de la Luz Verdadera, que es Señor. Ser reflejo de la "Piedra desechada por los arquitectos" es una inmensa Gracia y un maravilloso don de Dios. Entrar en el Banquete de bodas, adecuadamente vestido, es entrar en el Reino de Dios. ¿Nos atrevemos a consagrarnos minuto a minuto al Señor? Esa es la pregunta clave.
De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de Agua y del Espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios. (Jn 3,5)