No merezco ser llamado hijo tuyo
Vida espiritual en el mundo actual

Olvidamos a Dios y nos escondemos de su mirara.
¿Quién de nosotros merece ser llamado hijo de Dios? Si miramos la sociedad en la que vivimos y todas sus estructuras sociales, es muy difícil encontrar lugar para Dios. La Parábola del "Hijo Pródigo" no habla de quienes toman el camino creyendo que son autosuficientes por sí mismos. Justo como nos sucede. La "voluntad pródiga" nos lleva al desastre espiritual. Creemos que todo lo podemos por medio propio o por medio todas las herramientas creadas por nuestros dirigentes. Pero, dejar a Dios a un lado no hace terriblemente pobres y proclives a ser utilizados por otras personas. San Ambrosio de Milán nos dice:
Sobrevino allí, pues, el hambre, no de los alimentos, sino de las virtudes y de las buenas obras, que es la más miserable, porque el que se separa de la Palabra de Dios, tiene hambre, supuesto que no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra de Dios (y el que se separa de este tesoro queda en la indigencia. Empezó, pues, a estar en la indigencia y a padecer hambre, porque nada basta a una voluntad pródiga. Y se marchó y entró a servir a un habitante del país; pero el que sirve es esclavo y el habitante del país parece ser el príncipe de este mundo. Finalmente, el ser enviado a la finca (del habitante del país) es lo que compra el que se excusa de asistir al festín del Reino. (San Ambrosio de Milán. Catena Aurea. Lc 15:11-16)
Dios nos ofrece ser herramientas en sus Manos y al hacerlo, reducir el pecado original que cargamos con nosotros. El "príncipe del mundo" también nos ofrece ser herramientas de sus planes. Nos ofrece riquezas, fama y poder terrenal. Pero, aunque consigamos todo esto, estaremos trabajando en una cuadra de cerdos. Miraremos con ansiedad hasta las "Algarrobas" que comen los cerdos.
... se dice que el desprovisto de riquezas espirituales -como son la prudencia y la inteligencia- apacienta a los puercos, porque equivale a alimentar en su alma pensamientos sórdidos e inmundos. Y come los alimentos irracionales de un trato depravado -dulces en verdad para el que ha abandonado el bien- porque a los perversos les parece dulce toda obra de voluptuosidad carnal, que enerva y destruye en absoluto las virtudes del alma. (San Juan Crisóstomo. Catena Aurea. Lc 15:11-16)
Cuando nos cerramos a la Gracia de Dios, nada podemos llevar a nuestro ser para reducir el hambre de trascendencia. Lo que el enemigo nos da de comer, sólo nos destruye internamente.
Podemos preguntarnos ¿Qué nos impide actuar como el hijo pródigo? Sin duda, al alejarnos del enemigo, perderemos todo lo que la sociedad nos ofrece. Ya no seremos aclamados y envidiados. No nos llamarán los poderosos, porque saben que no les serviremos a ellos. El dinero no nos llevará a ser vistos como seres superiores. Pero...
Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará. Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma? Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras. (Mt 16, 24-27)
Esto es lo que tanto tememos y lo que nos hace alejarnos de Dios: la humildad y tomar la mano del Señor porque nos ahogamos viviendo alejados de Él.
Todas las cosas son posibles para el que cree. Al instante el padre del muchacho gritó y dijo: Creo; ayúdame en mi incredulidad. (Mc 9, 23)
Porque para quien tiene Fe, "todo" es posible. Pero ese "todo" no son las algarrobas que tanto ansiaba el hijo pródigo. Ese "todo" es la Voluntad de Dios para nosotros.
Jesús le dijo: ¿No te dije que si crees, verás la gloria de Dios? (Jn 11, 40)
Simplemente ¿A qué esperamos? Sigamos adelante de la Mano de Cristo y no miremos atrás. Mirar atrás nos convierte en estatuas de sal.