Jueves, 18 de julio de 2024

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Evangelio de la Vida y de la Misericordia

por Cuestión de vida

Este domingo vamos a celebrar la fiesta de la Divina Misericordia. Esta fiesta tiene una importancia increíble, porque la misericordia es el camino que Dios ofrece de una manera especial al hombre moderno, herido, desesperanzado, perdido, despojado de su dignidad.

Dice Eulogio López en una serie de artículos que titula “La Revolución de la Misericordia”:

“La Misericordia Divina no representa sino el proyecto del Padre Eterno para la persona, la última oferta del Juez de última instancia del género humano para un mundo a la deriva, marcado por la locura triste de la modernidad.”

En el 2015-2016 se celebró el año de la Misericordia, pero la tristeza fue que no sólo no lo aprovechamos, sino que se pervirtió en muchas ocasiones el significado de la palabra Misericordia convirtiéndolo en “misericordina”, la degradación más destructiva de la misericordia junto a la “falsa compasión” de la que ya nos habla San Juan Pablo II en la Evagelium Vitae y con el “ no hay que juzgar”. 

¿Y que es la “misericordina”?, Pues desvincular la Misericordia de la Verdad porque la Misericordia implica Verdad, no se puede construir nada sobre la mentira, no se puede sanar nada en la mentira. Si en vez de decirle a alguien la verdad sobre su vida y sobre su pecado (la Verdad del Evangelio, no mi opinión personal) le decimos que esta haciendo fenomenal y que siga así, le estamos engañando y le estamos condenando a que nunca pueda salir de ese pecado. Para poder convertirnos y ser salvos necesitamos sabernos pecadores y de esta manera podemos arrepentirnos y acoger la misericordia que nos sana, nos restaura, nos transforma, nos vivifica…Si le decimos a alguien que no pasa nada por tener una vida promiscua, por abortar, por cometer adulterio, por pensar que puede cambiar de sexo como de camisa… le estamos mintiendo y no sólo no estamos siendo misericordiosos con él sino que le estamos cerrando las puertas de la misericordia.

¿Y que es la “falsa compasión” también es de nefastas consecuencias? Desvincular la Misericordia del Bien. Consiste en tomar decisiones morales basadas en el sentimiento, que no sólo no solucionan nada, sino que son un mal objetivo. “Pobrecita niña violada, que aborte”” “Pobrecito, es tan mayor, no tiene calidad de vida, es mejor que muera dignamente” “Esta sufriendo mucho porque no puede tener hijos que se haga una fecundación in vitro, o que acuda a la gestación subrogada”

Y por supuesto el famoso “no hay que juzgar”. No hay nada tan perverso como retorcer la Palabra de Dios para hacer que coincida con mis intereses y diga exactamente lo contrario a lo que Dios quiere enseñarnos. No, una cosa es no juzgar a la persona y otra muy distinta no denunciar el pecado, tolerar el mal. El amor al pecador implica el odio al pecado, justamente se odia el pecado porque se ama al pecador y el pecado lo destruye.

Recordemos estas palabras de consuelo sobre la Divina Misericordia que pronunció San Juan Pablo II en la homilía de canonización de Santa Faustina Kowalska:

“¿Qué nos depararán los próximos años? ¿Cómo será el futuro del hombre en la tierra? No podemos saberlo. Sin embargo, es cierto que, además de los nuevos progresos, no faltarán, por desgracia, experiencias dolorosas. Pero la luz de la misericordia divina, que el Señor quiso volver a entregar al mundo mediante el carisma de sor Faustina, iluminará el camino de los hombres del tercer milenio.”

Este mensaje consolador se dirige sobre todo a quienes, afligidos por una prueba particularmente dura o abrumados por el peso de los pecados cometidos, han perdido la confianza en la vida y han sentido la tentación de caer en la desesperación.

Aprovechemos este mensaje de consuelo, de esperanza y de salvación que Dios nos ofrece ahora. Aprovechémoslo no sólo para acogernos a él con fuerza sino para que oriente toda nuestra vida y todo nuestro apostolado y nuestra misión como Iglesia en este momento concreto de la historia.

Aprovechémoslo especialmente como orientación para nuestra labor en defensa de la vida, porque como decía Benedicto XVI “El Evangelio de la Vida es el Evangelio de la Misericordia”.

Este es el camino que el Señor nos marca en este momento, abrir las puertas de la misericordia a las personas heridas por la cultura de la muerte, transformar los corazones en el fuego de su Corazón.

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