Martes, 21 de mayo de 2019

Religión en Libertad

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Los votos católicos

 

Siempre se ha dicho que el voto católico no cuenta en las elecciones en España.

Es curioso, sobre todo, que lo digan los asesores que se ganan la vida -muy bien- dando consejos a los candidatos. Los consejos suelen consistir en aquello que el candidato quiere oír hábilmente disfrazado como sesuda estrategia que se ha currado el asesor. 

Como los candidatos, desde 1978 hasta hoy, se han pasado el catolicismo por el forro, han decidido que éste no cuenta como clave electoral. Esta sandez se la han creído incluso los católicos: los "pompier", que diría Prada; los tradicionalistas; los de buena fe y los infiltrados. Los obispos, en su mayoría desde Tarancón, tampoco se han creído lo del "voto católico". Uno, que tiene alguna experiencia en campañas políticas, tuvo que ver cómo le ninguneaban -varias veces- en cuanto apelaba a la única substancia que puede llegar a unir a los españoles, qué digo, la única que puede hacer que se toleren (lo digo como catalán, porque en Cataluña la reconciliación será imposible y mucho haremos si convivimos en paz unos cuantos años). El español no pide perdón ni se reconcilia, tolera al vecino y pasea con la cara adusta de futura venganza: sea con "fachaleco" o con greñas de okupa.

El olvido consciente, a mala leche, del catolicismo en España hizo caer a la UCD y al listo de Suárez, que era un listo (DEP) que traicionó por decirlo suave a don Torcuato, que sí que valía.  El divorcio, ¿recuerdan? y las secuelas de "El último tango en París". Aquí se fornica y se va a Misa. Todavía hoy, aunque se practican menos las dos cosas porque ha crecido la sodomía. Luego vino la Alianza Popular que quiso ser modernita y la gente votó al original, al González y al Guerra, al Palme y al Brandt, que nos modernizaron con el aborto y empezaron a malvender España y su tejido industrial.

El españolito de a pie tragaba. Y se tragó el cuento del PP de Ansar, que nos metió en varios líos, acabó la privatización de la economía y nos redujo a la cosa esa de la social democracia.

PSOE, de nuevo. No hacía falta que Francia, la ETA y Marruecos nos montasen el 11M. Pero lo montaron. Rubalcaba, que no falla. PSOE, o sea.

Y se fueron por las alcantarillas de la infrahistoria la UCD, la AP y ahora se irá el PP. Es fácil profetizarlo porque el españolito de a pie ya no traga más miseria moral, más feminismos capitalistas de importación yanqui ni más homosexualismo rampante. 

El españolito de a pie, que lleva lo católico en las venas, lo sepa o no, le guste o no, lo quiera o no, ha dicho que hasta aquí hemos llegado, Santiago, y a la mierda las bicicletas que se ha acabado el verano progre.

Y el españolito de a pie, le va a dar el voto de confianza a Santiago, sí, Abascal, el de Vox, que no por casualidad tiene nombre de patrón de España. 

El voto de confianza se lo merecen, Santiago y Vox. 

Luego, a bregar y trabajar. Y a ponerle una bonita cruz al ataúd del Partido Popular para que, de una vez, descanse en paz.

 

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