Viernes, 21 de junio de 2019

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Solsona Mártir

SOLSONA MÁRTIR
 
 
   Solsona se encuentra a unos 50 kilómetros de Cervera. En 1936, era una ciudad pacífica y piadosa. Situada en las estribaciones del Pirineo y rodeada de masías, le dan un aire pintoresco. La provincia Claretiana de Cataluña tenía allí su Filosofado. Aunque la ciudad cayó en territorio republicano, no se cometieron los crímenes de otras partes de Cataluña. Se quemaron iglesias y no hubo culto católico. Es posible que no hubiera pasado nada, de no venir los mineros de Cardona.
   La comunidad Claretiana la componían 70 individuos. La mayoría jóvenes estudiantes de filosofía. El 21 de julio la Comunidad se dispersó por las masías de alrededor. Las gentes los acogieron con cariño. Pasados los primeros días, la mayoría pudo huir a Francia. Fueron marchas agotadoras por las montañas del Pirineo leridano. Detrás habían quedado solo dos componentes de la Comunidad: el estudiante José Vidal y el hermano Julián Villanueva. Los dos tuvieron glorioso martirio.
   JOSÉ VIDAL
   Tenía 26 años, dependiente de farmacia, culto y de finos modales. Practicaba los Ejercicios Espirituales, militante de Acción Católica y miembro activo de la misma. Con esta gran formación entró en la Congregación Claretiana.
   El día 22 de agosto de 1936, se presentaron en la Masía El Grifé, en Navés, varios milicianos reclamando al seminarista José para cumplir un encargo que les habían dado sus padres. José les había escrito una carta diciéndoles que vinieran a buscarlo. La carta fue controlada por los comunistas. Dos de los cuatro que enviaron eran de su pueblo, Santa Coloma. Nada sospechaba José de sus paisanos. Se saludaron con normalidad y hasta uno de ellos le dio un abrazo. ¡Lo iban a llevar a su madre que estaba muy angustiada! Los visitantes traían una carta falsificada de sus padres. Se despide cariñosamente de los propietarios de la Masía y marcha con los visitantes.
   A los pocos minutos se oían unos disparos tétricos. José Vidal yacía cadáver en la tiniebla de la noche. Con su muerte coronaba un pasado glorioso y un presente prometedor. Retirado de la carretera, muchas personas llegaron para venerar el cadáver.
   JUAN VILLANUEVA
   Tenía 67 años. En los primeros días de agosto se presentan en la Masía Viladot unos milicianos. Allí se había refugiado con algunos seminaristas. Queman el altar y el retablo de la Capilla de la casa y se dirigen a la era donde trillaba el Hermano Juan con los seminaristas. Cuando le preguntan al Hermano, responde: <>. Un miliciano le acusó de vago y se encontró con esta respuesta: <>.
   El día uno de septiembre, una cuadrilla de milicianos se presenta preguntando por el “viejecito”. No opone resistencia. En la carretera de Solsona a Cervera les aguarda un coche. Le injurian de palabra y le golpean brutalmente. Subidos al coche continúan los golpes feroces al anciano. Llegados al pueblecito de Su, lo bajaron a un bosquecillo próximo. Lo desnudaron totalmente, le colgaron del cuello el Rosario, las medallas y el Crucifijo, mientras le cavan la fosa. De rodillas con las manos juntas oraba. <>. Uno de los milicianos dijo después: <>.
   Sobre su sepulcro se puso una humilde Cruz de madera con esta inscripción: <>.
  
 
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