Domingo, 31 de mayo de 2020

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El arte de la fragilidad

El arte de la fragilidad

por Un alma para el mundo

 


Desembarca en España el profesor más famoso del país transalpino con su libro 'El arte de la fragilidad'
El poeta italiano por antonomasia, Giacomo Leopardi, tenía 39 años cuando escribió el que fue su último poema y que celebraba la fragilidad. Su flor del desierto, como el resto de su obra, inspiró en otro italiano, Alessandro D'Avenia, también a sus 39 años, la escritura de un libro que no es novela ni ensayo sino una larga carta al propio Leopardi. Este profesor del sur que da clase en el norte escribe al poeta para escribir a todos porque El arte de la fragilidad (Esfera de los libros) celebra, precisamente, que la poesía puede salvar vidas.
"He escrito este libro para demostrar a todos que encontrar las palabras para decir las cosas de una manera precisa, que es lo que consigue la poesía, nos permite también vivirlas. Si no, seguiremos siendo un misterio para nosotros mismos. La maravilla es fuente de conocimiento. Si no nos maravillamos, la vida pierde su impulso", explica para EL MUNDO desde Milán, donde enseña literatura y latín a adolescentes.
Dicen de él que es el profesor de instituto más famoso de Italia, donde ha vendido 300.000 ejemplares de El arte de la fragilidad, situándolo en el número 1 de las listas de libros más vendidos durante meses. Sin embargo, aunque haya conseguido ensanchar el alma adolescente, éste no es un libro sólo para ellos. "He construido, hasta donde he podido, una biografía universal que describe las etapas de la vida en espiral y no en línea recta. La respuesta ha sido sorprendente. El argumento se ha adentrado en la mente y en el corazón de miles de personas de todas las edades. Han encontrado el modo de decirse que la fragilidad es nuestra condición humana elemental, aunque intentemos esconderlo", describe.
Tan impresionante ha sido la recepción de sus palabras en su país natal que el libro se ha convertido, también, en obra de teatro. "La versión teatral", explica el profesor, se ha desarrollado justo como una especie de lección. En el palco, una clase llena de jóvenes de la ciudad en la que me encuentre. A ellos les cuento la historia, mientras se la cuento también al público. He querido recrear la escuela como yo la sueño, como un hogar de maravillas".
Y lo hace escribiendo a Leopardi porque, asegura, "es el poeta de la fragilidad, el que supo decir claramente que la vida humana es frágil, porque a diferencia de los animales, que portan colmillos, garras y corazas, el ser humano es débil y debe aprender a cuidar de sí mismo. Leopardi lo consiguió, pese a tener una vida plena de sufrimiento".
¿Cómo convertir, entonces, la fragilidad en fuerza? Según D'Avenia, "aprendiendo a cuidar de nuestra propia vida". "Sólo si amo y soy amado, mi vida se fortalece pero a esto sólo se llega siendo conscientes de nuestra propia fragilidad. Leopardi nos habla de ella no como huida ni como autocompasión sino como la oportunidad de enseñarnos qué podemos dar al mundo con nuestra existencia. A esto estamos destinados, a vivir un heroísmo cotidiano que haga florecer el desierto a nuestro alrededor".
Asegura D'Avenia que, incluso en esta era tecnológica, "hay adolescentes que releen libros" porque "la adolescencia sigue siendo la misma en su esencia: la búsqueda de la identidad y el deseo de luchar". "Lamentablemente, las redes sociales nos hacen sentir alguien cuando todavía no somos nadie porque sólo las relaciones profundas, incluso fatigosas, día a día, con los demás y con el mundo, son las que nos hacen crecer y definir nuestra propia identidad", sostiene.
Su confianza en los más jóvenes, como en la literatura, no tiene límites, pues también considera "que los jóvenes son los primeros que se hartan de este vacío, que antes o después acaban sintiendo". "Si tienen cerca uno que sabe mirarlos, que sabe amarlos, sabrán cómo tomar ciertas direcciones en su vida. De lo contrario, continuarán enganchados a las redes sociales como un alcohólico a la botella. Aunque los primeros que somos dependientes somos nosotros, los adultos, y los adolescentes únicamente nos imitan", apunta.
Para los padres, sobre todo los preocupados, también tiene un par de consejos: "Es normal si no sabéis cómo hablar a vuestros hijos... Ellos hablan mucho, en realidad, con los libros que leen, con las series que ven, están diciendo cosas... Pero hablar con los hijos, en ocasiones, supone escribirles una carta, y otras veces supone vivir con ellos el silencio. Cada adolescente requiere una receta diferente y la valentía de un progenitor consiste en hallar la medida justa de cercanía o de distancia con ellos. Es importante también ser creativos, pero la creatividad no se consigue sin esfuerzo, es fruto de la reflexión compartida entre los padres porque la educación no se improvisa".
 
 
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