Lunes, 23 de septiembre de 2019

Religión en Libertad

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Con su Obispo al Frente

por Creo, Señor, aumenta mi fe

CON SU OBISPO AL FRENTE
Monseñor Huix, sano de gran talla, tuvo una muerte preciosa al frente de su pueblo mártir. El 4 de agosto de 1936, celebró la Eucaristía en la cárcel. El salón en que estaba el Obispo se convirtió en una adoración continua. Comulgaron todos al amanecer del día 5. A las 4:30 se presentó un sargento con una lista de 21 detenidos, todos seglares con el Obispo al frente. Se les traslada a Barcelona; equivalía a Cementerio. Colocados ante el pelotón, el Obispo pide morir en el último lugar. Con serenidad de Buen pastor, da la absolución y la bendición a cada uno de aquellos hijos que le acompañan en el martirio.
   El día 21 son asesinados 74 mártires. Su testimonio es excepcional. A las 11 de la noche comienza el registro macabro. Dos milicianos uno con la lista y otro con un farol, recorren las alas escogiendo a las víctimas. Dos horas duró la operación. Todos los designados eran Sacerdotes y Religiosos. Cuando los presos seglares se dan cuenta de la maniobra y que se quedan sin atención espiritual en la cárcel, cambiando los propios nombres, se prestan a sustituirlos. Lo heroico de aquellos hombres nos hace recordar la generosidad del P. Maximiliano Kolbe años después. De nada sirvió, Descubierta la trampa, los predestinados de aquella noche, serían solo Sacerdotes y Consagrados.
   Suben a los autobuses; custodiados por Guardias de Asalto se dirigen hacia el Cementerio. En el trayecto, cantan a la Virgen Madre con especial cariño: la Salve, Ave Maris Stella. Los himnos que tantas veces habían repetido. Al llegar al cruce del Cementerio, parece que los Guardias de Asalto, asustados por el crimen a realizar, siguen hacia adelante. No les sirvió. Pasado un tiempo encuentran a un grupo de milicianos que les imponen volver al Cementerio.
   Allí, atadas las víctimas de 10 en 10, delante de la tumbas, los milicianos dan orden a los Guardias para disparar. Los guardias disparan al vacío. Ante las amenazas de los milicianos, que los amenazan apuntándoles por detrás, disparan sobre cada uno de los grupos. Los Confesores de la fe no cesan en sus cánticos y plegarias.
   Los guardias, después de la masacre, se comprometen a no participar en más crímenes. Por su rebeldía, son destinados al frente de Huesca. Desaparecen misteriosamente.
   El P. Javier Sorribas, joven sacerdote de la Comunidad de la Selva del Campo, desafiando a la revolución, el día 16 de julio se hizo la coronilla sacerdotal. Llegó a Lérida acompañado de otro estudiante claretiano. Pensaba tomar el tren para Barcelona. Un miliciano sospecha d él y le quita su gorra veraniega. Su coronilla lo descubre. Allí mismo, separan a la gente y lo dejan acribillado por las balas.
   El P. Juan Busquet, anciano y ciego llega a la cárcel el día 21 de julio. Ese día murieron los 74 Sacerdotes y Consagrados de la prisión. Se dedica a confesar y rezar. El día 24, otra columna de milicianos pasa por Lérida. Quieren quemar la cárcel con todos los prisioneros. Se oponen las autoridades. Por fin, se llevan 20 presos al martirio. Entre ellos al P. Busquet. Muere mártir en el Campo de Marte.
     
 
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