Martes, 26 de enero de 2021

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¿Por qué esa obsesión por matar?

por Cuestión de vida

Estamos en fechas en que se celebra la vida, en que se celebra un nacimiento, el misterio insondable de la Encarnación del Hijo de Dios. Sin embargo, más que nunca estamos cercados por la “cultura” de la muerte. En España mientras estamos distraídos con la vacuna y con las cepas y anestesiados con un miedo irracional y paralizante nos han metido la ley de eutanasia y suicidio asistido más terrible de lo que podíamos si quiera imaginar en nuestras peores pesadillas. En Argentina la ley del aborto más espeluznante que un país manifiestamente provida y ejemplo de lucha podía siquiera sospechar.

 

Todo esto me hace pensar, ¿por qué las elites mundiales tienen esa obsesión por matar? ¿Por qué a toda costa quieren disminuir la población? ¿Qué ganan? Evidentemente hay motivos económicos detrás, es más barato asesinar a nuestros ancianos y enfermos que cuidarlos y pagarles pensiones, es más barato abortar que ayudar a la familia. Es muy rentable el negocio de la muerte, pero no puede ser ésta toda la explicación. Principalmente porque esa supuesta rentabilidad es muy cortoplacista, la población es riqueza, los países sin población no pueden ser ricos, sin reemplazo generacional no se sostiene la economía y en un último término más personas, más mercado, más consumo.

 

Es evidente que la eutanasia es el paso natural al aborto, en cuanto a que el ser humano deja de tener valor por sí mismo y depende de cualquier otro factor, como el que sea deseado o no, o que esté sano o enfermo o discapacitado, entonces podemos justificar quitar cualquier otra vida por cualquier otro criterio. Si dejamos a los padres acabar con sus hijos porque no son deseados, o porque no entran en sus planes, ¿por qué no vamos a dejar a los hijos acabar con sus padres cuando se dan las mismas circunstancias? Si permitimos a los padres acabar con sus hijos porque están enfermos o discapacitados, ¿por qué no vamos a permitir a los hijos o a los cónyuges acabar con sus familiares cuando se dan las mismas circunstancias?

 

Los hermanos de los niños abortados a menudo desarrollan un síndrome postaborto en el cual se plantean porqué ellos han merecido vivir y sus hermanos no y viven con la permanente angustia de pensar que deben ser los mejores en todo y demostrar que se merecen estar vivos. En los países en los que la eutanasia existe los ancianos sienten la presión de que son una carga para sus hijos, que ya no aportan nada y que lo más generoso por su parte es quitarse de en medio.

 

La eutanasia es monstruosa, porque convierte en posibles asesinos a las personas en las que debíamos de confiar, primero de todo en los médicos, que ya no serán la mano amiga que te cuida y te cura sino, que serán jueces y verdugos, y segundo tus familiares, que en vez de ser tu sostén y tu compañía en la enfermedad y en la muerte también se pueden convertir en juez, aunque el trabajo sucio lo hagan otros.

 

Me causa un horror sin límites pensar en que un familiar mío se ponga enfermo y le lleve al hospital y el sistema decida que su vida ya no vale nada y le ponga fin contra mi voluntad. Puede que en un primer momento haya ciertos requisitos y límites, pero la experiencia en otros países nos vaticina que finalmente es un tobogán que se lleva por delante a jóvenes y ancianos, con autorización y sin ella, el Estado decide quién vive y quién muere.

 

Creo que esta es la respuesta a la pregunta que había formulado al principio. ¿Por qué esa obsesión? La respuesta está en Génesis 3:5 “Seréis como dioses”. Esta es la tentación del Maligno, lo que de verdad les impulsa es el deseo de disponer de la vida de los demás y jugar a ser dios, eso sí, dioses paganos y sanguinarios que odian al ser humano y buscan su destrucción.

 

Se me ocurre aun una segunda razón. Sólo hay una cosa que al Maligno le guste más que matar físicamente a las personas, especialmente a los bebés, puesto que esto es frustrar el plan de Dios. Lo que de verdad satisface al Maligno es convertirnos en asesinos. Cuánto debe de complacerle ver a los padres matar a sus hijos y a los hijos a sus padres, porque esto es aún más terrible, significa que se pierda su alma inmortal.

 

El demonio además de ser homicida desde el principio tiene otro nombre, el príncipe de la mentira (ver Juan 8:44). Y con esa mentira nos conducen a la muerte. El aborto no tiene nada que ver con la libertad de la mujer y la eutanasia nada tiene que ver con la muerte digna, son las mentiras que nos inculcan día tras día, día tras día a través de la propaganda de los medios de comunicación al servicio de las elites y de los gobiernos títere. Tienen que ver con esclavitud, muerte y destrucción del ser humano en todas sus dimensiones cuerpo, alma y espíritu.

 

¿Alguien se puede creer que los mismos mercaderes de la muerte empeñados en el control y la disminución de la población sean los que nos digan que nos van a salvar con una vacuna? No, no se pueden contradecir a sí mismos, un Reino dividido no se sostiene (ver Mateo 12:25).

 

Pero la muerte no tiene la última palabra, Dios deshace los planes de los malvados, nuestro Dios es un Dios de vivos, el Dios de la Vida, y se ha hecho hombre para salvarnos, para abrirnos los ojos a las mentiras del mundo, para librarnos de la esclavitud del pecado en todas sus formas, y para cumplir nuestros más íntimos deseos de amor y de plenitud. Ese Dios nace de María, la que aplasta la cabeza a la serpiente (ver Génesis 3:15). Por eso debemos de tener Esperanza, muchos malvados lo han intentado a lo largo de la Historia, pero nosotros tenemos Padre, Dios escucha el clamor de su pueblo y responde: “Levantaos, alzad la cabeza, se acerca vuestra liberación” (Lucas 28:21).

 

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