Domingo, 20 de septiembre de 2020

Religión en Libertad

Seraphina ha muerto tras vivir ocho años en los que fue feliz

La compraron en vientre de alquiler y querían abortarla: la madre subrogada huyó para salvar su vida

Crystal con Seraphina, en 2013. Un caso, con rostro y nombre, que muestra la deshumanizacion inherente al negocio de los vientres de alquiler. Foto: CNN.
Crystal con Seraphina, en 2013. Un caso, con rostro y nombre, que muestra la deshumanizacion inherente al negocio de los vientres de alquiler. Foto: CNN.

ReL

La historia de Seraphina es todo un argumento contra los vientres de alquiler. Quisieron matarla los mismos que la "compraron", y se salvó y fue feliz porque la mujer que la acogió en su seno la amó y valoró su vida por encima de todas las cosas. Lo ha contado Caterina Giojelli en Tempi:

Seraphina, la niña que hizo temblar a la industria del vientre de alquiler

"¿Que si ha tenido una vida llena de significado? La respuesta, sin duda alguna, es sí. Seraphina ha tenido una vida muy significativa y feliz". Hay muchas maneras de contar la historia de Seraphina Harrell, la pequeña de ocho años fallecida el 15 de julio pasado en el Boston Children's Hospital por complicaciones surgidas a raíz de una operación quirúrgica.

Una imagen reciente de Seraphina. Foto: CNN.

Los periódicos no podían no hablar de ella: su nacimiento, deseado a pesar de las graves malformaciones, hizo temblar a la industria del vientre de alquiler estadounidense; "la gente oía hablar de este caso y se asustaba", ha comentado Melissa Brisman, abogada especializada en maternidad subrogada, antes de que se perfeccionaran los contratos con cláusulas férreas para establecer cómo comportarse en casos de anomalías en el feto.

Pero, ¿por qué una niña discapacitada ha causado tanto miedo? Porque no se puede contar la historia de Seraphina sin contar la de la pareja contratante que la habían comprado por 20.000 dólares, ofreciendo otros 10.000 para que fuera eliminada; o sin contar la de la mujer que la trajo al mundo y que, antes, había huido para no tener que abortarla; o la de la mujer que después la adoptó sin ni siquiera saber si la niña sobreviviría.

"Sí", están obligados a escribir los periodistas de la CNN o de People, "Seraphina ha tenido una vida feliz y significativa para mucha gente".

Los mimos de los contratantes y, después, la ecografía

La historia, que todos contaron, pero que siguió sobre todo la CNN hace años, empezó como muchas otras, con una mujer sola, Crystal Kelley, que vivía en Vernon (Connecticut), un suburbio de Hartford: tenía 29 años, dos hijas que mantener, no tenía pareja ni trabajo, por lo que tomó la decisión de ofrecerse a una agencia como madre subrogada. Las cosas al principio fueron muy bien: Crystal conoció a la pareja de contratantes en un parque, los dos eran amables, educados y deseaban desesperadamente un cuarto hijo. "Sí, lo haré yo por vosotros". La pareja ya tenía tres hijos resultado de fecundación in vitro y aún tenía dos embriones congelados, que los médicos implantaron en el útero de Crystal el 8 de octubre de 2011. Un mes después, se confirmaba el embarazo.

En los primeros meses Crystal recibe muchos mimos y cuidados, le pagan el alquiler anticipadamente, se siente cómplice y amiga de la mujer a la que va a entregar el bebé que, acaba de descubrir, es una niña. Pero llega la ecografía del quinto mes. Al corazón de la pequeña le pasa algo, por lo que Crystal es remitida a otro hospital para una ecografía de nivel superior. La contratante empieza a ponerse nerviosa.

Cuando la llaman para darle los resultados, los médicos le explican a Crystal que la pequeña tiene labio leporino, palatosquisis, un quiste en el cerebro y graves defectos cardíacos. Además no se ven ni el estómago ni el bazo.

10.000 dólares para "tener piedad y abortar"

Los médicos le explican que, probablemente, la niña podría sobrevivir al embarazo, pero que su posibilidad de tener  una "vida normal" sería sólo del 25%; además, debe ser sometida a varias operaciones quirúrgicas de corazón.

A partir de ese momento, Crystal empieza a recibir cartas de los especialistas encargados por los contratantes con el fin de convencerla de que aborte: la pareja ya había pasado demasiado tiempo en hospitales con tres hijos nacidos mediante fecundación in vitro y prematuros, de ahí su decisión de utilizar una madre subrogada, precisamente para "reducir al mínimo los riesgos de dolor y sufrimiento para un niño" y por esto consideraban "la opción más humana la interrupción del embarazo".

En diversas ocasiones, cuando se ven con Crystal en agencias y tribunales, los dos la acusan de querer "sustituir a Dios" y le piden que "tenga piedad hacia esa criatura". "Me habéis elegido para custodiar y proteger a esta criatura y es exactamente lo que voy a hacer", responde Crystal, a la que acusan de ser una integrista católica cuando "ni siquiera soy creyente".

Cuando le ofrecen diez mil dólares para abortar, Crystal, a quien la controversia con los padres le empieza a salir cara; a quien explican que nunca más podrá ser madre subrogada puesto que estaba violando las normas de un contrato; a quien le dicen que debería devolver los más de 20.000 dólares recibidos por el vientre de alquiler más otros 8.000 por gastos médicos y legales, está a punto de decir que sí. Pero cambia de parecer.

La huida a Michigan

Después de días de disputas legales, el abogado de la pareja informa que ambos están dispuestos a dejar que la niña nazca, pero que no la reconocerían y la entregarían al estado de Connecticut para que fuera dada en adopción. "Sólo tienes una alternativa -le explica a Crystal su abogado, que ha aceptado ocuparse de su caso gratuitamente-, y es irte a un lugar donde tú, y no los padres 'genéticos', seas considerada la madre legal de la niña". Este lugar está a 700 millas de distancia: Crystal agarra a sus hijas, se suben al coche y llegan a Michigan donde, por ley, la titularidad del embarazo le pertenece plenamente.

Crystal, durante el embarazo. Foto: Daily Mail.

Lo que sucede después parece una película: cuando los contratantes apelan a la justicia de Michigan, se sabe que el óvulo utilizado para la fecundación in vitro no pertenece a la esposa, sino que lo habían comprado a una donante anónima. Nadie entonces puede negarle ya a Crystal que es la madre de la pequeña, una madre sin dinero, con dos hijas y otra recién nacida con malformaciones aún más graves de las que se preveían en las ecografías.

La pequeña, a la que llama Seraphina, sufre de heterotaxia (los órganos del tórax y abdomen están situados de manera anómala) y de holoprosencefalia, una rara anomalía congénita del cerebro: tiene sólo el 50% de posibilidades de crecer, caminar y hablar. Es entonces cuando la historia de Seraphina se convierte también en la historia de Rene.

La familia Harrell, el asombro de los médicos

Poco se sabe de la mujer que, de buen grado, aceptó ayudar a Crystal. Se comunicaban vía email; poco antes de dar a luz, Crystal buscaba grupos de apoyo que tuvieran niños propios o adoptados con "necesidades especiales". "Si es verdad que la pequeña tendrá que afrontar diversos desafíos el resto de su vida, también lo es que es más que probable que tenga una vida maravillosa. Siento mucho que esa pareja haya abandonado a la niña y te hayan dejado sola enfrentándote a este nuevo e inesperado viaje". Cuando Crystal se atrevió a pedirle a Rene y a su marido Thomas Harrell si estaban dispuesto a adoptar y acoger a Seraphina, ambos respondieron que sí.

Cuando en esa época la CNN le preguntó a Rene el motivo por el cual acogían a una niña que no viviría mucho y por la que podrían hacer muy poco, la mujer respondió con un email muy amable: "Le daremos amor; y será ella la que nos enseñará lo que podremos hacer y lo que será posible para su vida".

Recientemente, Rene y Thomas han vuelto a hablar con la CNN y han relatado que Seraphina sabía pronunciar pocas palabras, pero que había aprendido el lenguaje de signos, no caminaba pero iba como una bala con su silla de ruedas, mimaba con un "te quiero" continuamente a sus padres, sus hermanos mayores y los médicos, añadiendo un beso sonoro al final: "En diversos ocasiones muchos de sus médicos nos dijeron que nunca se hubieran imaginado que una persona con un nivel tan grande de dependencia pudiera ser tan alegre como ella, hacer tanto bien a los demás".

El pequeño Nathan y las palabras de mamá Crystal

Le gustaba jugar con agua y los columpios, y en cuanto su padre llegada del trabajo no lo dejaba ni un segundo. Seraphina tenía una relación especial con algunos de sus hermanos y hermanas discapacitados, a los que les pedía que le leyeran cuentos, con los que jugaba a la Guerra de las Galaxias, se pintaban las uñas, etc.

Le encantaban las historias de los Little Critters: su hermano Nathan, de diez años, le había explicado que él era el protagonista, el hermano mayor, y ella la hermana pequeña. Cuando murió poco después de haber cumplido ocho años el 15 de julio pasado, Nathan le pidió a sus padres poder meter en el ataúd uno de esos libros. "Todos sus hermanos la echan muchísimo de menos. Era el centro de nuestra familia. Era nuestro corazón y nuestra alma", ha explicado Rene.

"Su vida, estos ocho años, ha sido una vida plena", ha añadido Thomas, "ha tenido tanta alegría, y ha dado mucha alegría a los demás, de maneras que ninguno de nosotros hubiera podido imaginar o prever".

"No me equivocaba. Vosotros creéis que es un vegetal, pero no es verdad. Me gustaría que la pudierais ver saltando en el regazo de su madre adoptiva, y protestar cuando el juego se interrumpe -escribía Crystal en su blog poco tiempo después de haber dado a luz a Seraphina-. Sí, es verdad, hay cosas que nunca podrá hacer, pero en muchas es una niña como las otras. No sabemos qué pasará cuando sea más mayor, pero mientras tanto estoy segura de que, cuando la hayan operado el labio leporino y el paladar, hablará y hará que se respeten sus opiniones. Todos los que la conocen están de acuerdo conmigo. Creedme: ella quería vivir, tenía derecho a esta posibilidad".

Traducido por Elena Faccia Serrano.

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