La eutanasia, un horror que crece: en Canadá, pionera, se ha convertido en la quinta causa de muerte
Todos los países donde se legaliza acaban enseguida ampliando los casos a los que se aplica.

El adiós de la eutanasia se extiende a cada vez más casos en todos los países que la permiten.
La muerte de Noelia Castillo en España, víctima de la eutanasia, obliga a volver los ojos sobre lo que sucede con esta plaga en otros países del mundo.
Canadá fue una de las primeras legislaciones permisivas con esta práctica y allí se ha convertido ya en la quinta causa de muerte.
Étienne-Alexandre Beauregard examina la situación en el nº 389 (marzo de 2026) de La Nef (los ladillos son de ReL):
Islas de Tarsis
A los eutanasiastas no les gustó que Noelia saliera en TV: demasiada luz
Pablo J. Ginés
Eutanasia: lecciones desde Canadá
Los representantes electos franceses están votando en estos momentos una ley que permite la eutanasia y el suicidio asistido, presentados como un nuevo "derecho al final de la vida".
Francia sigue así el precedente establecido por países como los Países Bajos, Luxemburgo, Bélgica, Australia y Canadá, que también han institucionalizado la ayuda para morir desde principios de la década de 2000.
Este giro, que parece extenderse como una mancha de aceite en Occidente, revela una visión cambiante de la dignidad humana, que pasa de ser intrínseca a condicional. La expresión "morir con dignidad", ampliamente utilizada en Quebec, da fe de ello: las personas enfermas o discapacitadas disfrutarían de una dignidad menor y, por ello, un médico podría acortarles la vida si así lo solicitan.
En Canadá se dispara: quinta causa de muerte
Mientras atraviesa este debate existencial, Francia debería aprender de la experiencia canadiense, que ya lleva más de diez años en marcha. La primera de ellas es que este procedimiento, presentado como una solución muy poco habitual para un puñado de casos extremos, tiende a generalizarse, impulsado por la lógica de los derechos individuales.
En Quebec, la ley preveía inicialmente que la eutanasia solo fuera accesible para las personas cuyo final de vida fuera previsible, con el fin de que no se utilizara de forma excesiva. Sin embargo, a raíz de la sentencia Truchon contra el Fiscal General de Canadá, el Tribunal Supremo de Canadá dictaminó que tal salvaguardia vulneraba el "derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de la persona", abriendo así las puertas de la ayuda para morir a toda persona capaz de dar su consentimiento, que padezca una enfermedad incurable y experimente sufrimientos psíquicos o físicos que considere intolerables.
Así, lo que debía ser una excepción se ha generalizado hasta tal punto que la eutanasia se ha convertido en la quinta causa de muerte en Canadá en 2022 (Alexander Raikin, From Exceptional to Routine: The Rise of Euthanasia in Canada).
Vida
La masacre por eutanasia de personas con discapacidad en Canadá dispara todas las alarmas
Religión en Libertad
Quebec, en particular, se ha convertido en el lugar del mundo donde esta forma de morir está más extendida, con más del 6%. Aunque los tribunales habían autorizado inicialmente el procedimiento bajo el argumento de que seguiría siendo marginal, sus predicciones resultaron erróneas. Basándose en la experiencia de Oregón y los Países Bajos, se preveía, por ejemplo, que por cada 100 solicitudes aceptadas, se rechazarían entre 200 y 900. En realidad, de cada 100 eutanasias realizadas en Canadá en 2023, solo 28 fueron denegadas. En cuanto el procedimiento se considera un "derecho", cada vez está menos restringido. Dado que Francia no ha previsto un criterio explícito de fin de vida en su legislación, cabe suponer razonablemente que se producirá el mismo fenómeno.
Personas con discapacidad
En Canadá, la eutanasia también ha tenido un impacto desproporcionado en las personas con discapacidad (Alexander Raikin, In contrast to Carter: assisted dying's impact on canadians with disabilities).
Entre 2019 y 2023, más del 40% de las muertes por eutanasia en Canadá correspondieron a personas que necesitaban servicios relacionados con una discapacidad, de las cuales más de 1.000 no habían podido obtenerlos. Además, en 2023, casi la mitad de los solicitantes tenían la sensación de ser una "carga" para los demás y más del 20% señalaban el aislamiento y la soledad como fuentes de sufrimiento que motivaron su decisión. Estos datos son especialmente alarmantes, ya que ponen en tela de juicio la eutanasia como "libre elección", que es, sin embargo, el fundamento de la legitimidad declarada de la ley.
Si esta "elección individual" es, ante todo, la de personas a las que sus familias y la sociedad no logran cuidar, porque carecen del acompañamiento al que pueden aspirar, ¿es este modelo realmente tan humanista como se pretende? ¿No sirve más bien, de manera conveniente, para camuflar nuestros propios fracasos hacia los más vulnerables, bajo el barniz de los derechos individuales?
Tanto en Francia como en Canadá se ha abogado por inversiones sustanciales en cuidados paliativos para garantizar que esto no ocurra. Sin embargo, los cuidados paliativos en Canadá se han desarrollado mucho más lentamente que la ayuda para morir, por falta de recursos, hasta el punto de que esta "ayuda para vivir" es demasiado escasa (Leonie Herx y Ebru Kaya, Palliative care and medical assistance in dying, en Jaro Kotalik y David W. Shannon, Medical assistance in dying in Canada).
Una política que tomara la dignidad humana como verdadera brújula haría exactamente lo contrario, ayudando a las personas enfermas y discapacitadas a vivir con la dignidad intrínseca que les es propia, bien arropadas y con los cuidados adecuados, en lugar de señalar la muerte como salida. Francia haría bien en tomar nota de ello ahora que se dispone a cometer el mismo error.