Noelia, la que solo «merecía» ayuda para morir
Vamos a un abismo de locura, de maldad, de inhumanidad. No digamos que es un triunfo de la libertad y de la autonomía personal.

Noelia Castillo, víctima de la permisiva legislació eutanásica española.
La muerte de Noelia me ha dejado desolada: cuánta tristeza, cuánta maldad, cuánta dejación, cuánto engaño.
¡Qué vida tan triste, donde sus únicos recuerdos felices son los que pasó con su abuela! ¡Bendita abuela, que ha sido la única luz en su vida!
Me pregunto cómo hemos podido llegar a caer tan bajo como para que tantos consideren un desastre tan grande como un triunfo de la libertad.
¿Pero de qué libertad habláis? Una chica con tantísimas heridas afectivas, con un trastorno límite de la personalidad que han descrito los medios, con un intento de suicidio tras el que muchas persona lucharon para sacarla adelante y yo qué se cuantas cosas más...
Y cuando tenemos delante a este despojo humano al que no le quedan ganas de vivir, ni de comer, ni de salir y lo único que le motiva es la lucha para que la ayuden a morir, se encuentra con todo un lobby descarnado e inhumano que, en vez de ofrecerle ayuda, la anima, la empuja, la engatusa para hacer de ella una heroína de la autonomía personal.
¿Cuántas Noelias más caerán en sus garras, cuántas víctimas desoladas, desgraciadas, heridas y maltratadas por la vida caerán en sus redes?
¡Cómo se deben estar frotando las manos! "Hemos conseguido crear una heroína para nuestra lucha..."
Los servicios sociales que fueron incapaces de ofrecerle la ayuda que realmente necesitaba descansan ahora con un problema menos al que atender. ¡Qué peligro en una sociedad en la que las personas necesitadas de ayuda no deja de crecer! ¡Qué solución tan buena han encontrado para acabar rápido con los problemas!
Mientras tanto, los violadores y abusadores se van de rositas y aquí no ha pasado nada.
Yo soy enfermera, trabajo codo a codo, día a día con mis compañeros médicos, enfermeras y demás miembros del mundo sanitario para ayudar a curar, sanar, paliar, prevenir… la enfermedad. ¿Qué pasa por las cabezas y mentes de los sanitarios que dan el paso y se pasan al lado oscuro de propiciar la muerte a víctimas de esta sociedad injusta y maltratadora? ¿Cómo es posible que luchemos para sacar a una persona adelante tras un intento de suicidio y a continuación “suicidemos” a otra?
Si somos consecuentes, ¡en nombre de la autonomía personal y de la libertad dejemos que se tiren de los puentes, de los pisos, que se empastillen, que se tiren a la vía del tren! ¿Por qué detenerlos? ¡Es su decisión personal! ¿Qué hacemos nosotros y los bomberos y los policías y los psicólogos y el teléfono de la esperanza... tratando de impedirlo?
Vamos a un abismo de locura, de maldad, de inhumanidad. No digamos que esto es un triunfo de la libertad y de la autonomía personal: es la muerte de un ser indefenso en manos de un grupo de gente perversa que solo te tiende la mano para librarse de ti, para que dejes de molestar, y todo en nombre de una asquerosa compasión.
¡Despertad! Cualquier día te puede pasar a ti, el día menos pensado te empujarán a la muerte con la excusa de que tu vida ya no vale la pena vivirla porque en sus mentes perversas ya no serás digno de ese don precioso. Un don, la vida, que no está exento de dificultades, desgracias, heridas… eso es la vida: nacer, amar, sufrir, reír, llorar y morir. Lo de la autonomía personal... eso no es la vida: eso es algo que algunas personas experimentan en una parte de su vida, pero seas autónomo o no, seas feliz o desgraciado, la muerte no puede ser una opción, la muerte es parte de la vida, su final natural.
Volquemos nuestros esfuerzos en ayudar a vivir, en ayudar a la gente a mejorar y sanar esas vidas llenas de miles de problemas, pero no en sacárnoslas de en medio (y encima pretendamos que nos den las gracias).