Religión en Libertad

Jerusalén en Semana Santa: claves para entender lo ocurrido en el Santo Sepulcro

Bloqueo en el Santo Sepulcro, rectificación de Israel y claves para no dejarse manipular al mirar Tierra Santa

La basílica del Santo Sepulcro, en Jerusalén, en el centro de la polémica por las restricciones de acceso en Domingo de Ramos.

La basílica del Santo Sepulcro, en Jerusalén, en el centro de la polémica por las restricciones de acceso en Domingo de Ramos.

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El bloqueo policial al patriarca latino de Jerusalén y al custodio de Tierra Santa para celebrar la Misa del Domingo de Ramos en el Santo Sepulcro, y la posterior rectificación de Israel, han provocado una avalancha de titulares, declaraciones políticas y debates en redes. En medio del ruido, muchos católicos se preguntan a quién creer y qué fuentes seguir para comprender lo sucedido y su gravedad real.

La novedad no está sólo en el incidente, sino en que ya existe un acuerdo para garantizar las celebraciones de Pascua, mientras el patriarca ha querido responder con oración y no sólo con protesta.

Estas líneas quieren ofrecer una lectura ordenada a partir de las voces de la Iglesia en Tierra Santa, del contexto de guerra y de las reacciones internacionales, para ayudar a vivir la Semana Santa con verdad y con fe.

1. Un Domingo de Ramos “sin precedentes”

El 29 de marzo, Domingo de Ramos, la policía israelí impidió la entrada al Santo Sepulcro al cardenal Pierbattista Pizzaballa, patriarca latino de Jerusalén, y al custodio de Tierra Santa cuando se disponían a celebrar la Misa, en forma privada y sin procesión. Medios civiles y eclesiales han subrayado el carácter “sin precedentes” del hecho, recordando que no se conoce algo similar en siglos de presencia cristiana continua en el lugar de la Resurrección.

Israel ha alegado razones de seguridad: el país vive en estado de alerta por la guerra con Irán y por recientes ataques con misiles cuyos restos han caído muy cerca de la basílica, lo que ha llevado a cerrar temporalmente también otros lugares santos, como el Muro de las Lamentaciones o la Explanada de las Mezquitas. Desde la Iglesia local, sin embargo, se ha calificado la medida como “manifiestamente irrazonable y gravemente desproporcionada”, porque se trataba de una Misa con un pequeño grupo de celebrantes, sin multitudes.

2. Lo que ya había hecho la Iglesia local

Conviene recordar que el patriarca Pizzaballa ya había tomado decisiones muy costosas antes de este choque. En una carta del 22 de marzo anunció la cancelación de la tradicional procesión de Domingo de Ramos y de otras celebraciones públicas, así como el aplazamiento de la Misa Crismal, debido a la guerra y a la imposibilidad de garantizar la seguridad. El tono de ese texto, recogido por medios como InfoCatólica, es profundamente pastoral: invita a no dejarse vencer por el desánimo y a contemplar el sepulcro vacío como “sello de la victoria de la vida sobre el odio”.

Es decir: la Iglesia local no ha actuado con imprudencia ni ha buscado la confrontación. Ella misma ha limitado procesiones y grandes concentraciones. Lo que se ha reclamado, con firmeza, es algo más elemental: poder celebrar al menos de forma sobria los misterios centrales de la fe en los lugares santos que custodia.

3. Protesta, diálogo y rectificación

Tras el bloqueo, el Patriarcado latino de Jerusalén y la Custodia de Tierra Santa publicaron un conjunto comunicado denunciando la violación del libre ejercicio del culto. Usaron un lenguaje serio, sin estridencias, dejando claro que su protesta no pretendía alimentar la bronca política, sino garantizar el respeto debido a las Iglesias ya sus tradiciones.

Ese acuerdo no borra lo ocurrido, pero sí abre la puerta a unas celebraciones pascuales protegidas por un marco especial de seguridad.

Pocos días después se anunció un acuerdo entre la Iglesia local e Israel que garantiza el acceso de los representantes de las Iglesias al Santo Sepulcro para el Triduo y la Pascua. El propio Netanyahu afirmó haber ordenado “pleno e inmediato acceso” al patriarca latino, presentando la decisión inicial como fruto del temor a nuevos ataques contra lugares sagrados. Es una rectificación importante: no borra la injusticia, pero muestra que la vía del diálogo firme funciona incluso en plena guerra.

Además, Pizzaballa ha querido desplazar el centro de gravedad de la polémica hacia la oración: ha convocado un rosario por la paz en la abadía de Hagia María en Sion, recordando que, incluso en medio de la tensión, la primera respuesta cristiana no es la desesperación ni el ruido, sino la súplica.

4. Política, titulares y libertad religiosa

En España el caso se ha politizado enseguida. El presidente Pedro Sánchez calificó lo ocurrido como un “ataque injustificado a la libertad religiosa” y pidió a Israel respetar la diversidad de credos. Desde Israel le acusaron de aprovechar cualquier ocasión para hostigar al país, elevando el tono de la disputa.

España ha convocado a la encargada de negocios de Israel para pedir explicaciones por el veto al patriarca y trasladar una protesta formal, insistiendo en que “esto no puede volver a repetirse” y que el culto católico debe poder celebrarse con normalidad en Jerusalén. Varios gobiernos y organismos han expresado también su rechazo a que se impida celebrar Misa a la máxima autoridad católica en la ciudad precisamente en el Santo Sepulcro.

Aquí necesitamos un doble equilibrio. Sí, estamos ante una herida seria a la libertad religiosa y es legítimo que los Estados protesten. Pero al mismo tiempo no podemos permitir que el sufrimiento de la Iglesia en Jerusalén se convierta en simple munición dialéctica en las batallas internas de cada país. Por eso es tan importante escuchar, primero, a quienes viven allí: Patriarcado, Custodia, cristianos locales.

5. Cómo se vive “normalmente” la Semana Santa en Jerusalén

Para entender la gravedad de lo sucedido también ayuda recordar qué supone, en tiempos de paz, la Semana Santa en Jerusalén. La ciudad entera se convierte en un gran santuario: la procesión de Ramos desde Betfagé, el Jueves Santo en el Cenáculo y Getsemaní, el Vía Crucis por la Vía Dolorosa y la Vigilia pascual en el Santo Sepulcro marcan el ritmo espiritual de los cristianos de la ciudad y de los peregrinos.

En el ámbito ortodoxo, la basílica de la Resurrección vive el rito del Epitafio el Viernes Santo y la ceremonia del Fuego Santo el Sábado, con el Patriarca entrando solo en el Edículo para recibir y transmitir la llama. Cerrar o restringir el Santo Sepulcro precisamente en estos días no es, por tanto, un detalle administrativo: es tocar el corazón de la vida litúrgica de varias Iglesias.

6. Claves para no perderse entre versiones

Con todo esto, ¿qué hacer como católicos para no quedar atrapados entre titulares y eslóganes?

  • Ir primero a las fuentes eclesiales de Tierra Santa. Patriarcado latino y Custodia son la referencia. Sus comunicados y cartas dan datos, contexto y orientación espiritual que no encontraremos en muchos comentarios apresurados.
  • Escuchar a la Santa Sede y a los obispos. Suelen reaccionar con más calma, pero ayudan a situar el caso en el marco de la libertad religiosa, la protección de los lugares santos y la búsqueda de la paz.
  • Leer varios medios, también católicos, con espíritu crítico, que aportan perspectivas valiosas pero parciales, con estilos diferentes: denuncia, contexto geopolítico, enfoque pastoral, etc. Confrontar esas miradas con los documentos oficiales es clave.
  • Releer todo a la luz del Misterio pascual. Los cierres, las humillaciones y el miedo que sufren los cristianos de Jerusalén son un auténtico compartir la Pasión. Pero precisamente allí, en el sepulcro vacío, la Iglesia sigue proclamando que el odio y la muerte no tienen la última palabra.

7. ¿Qué podemos hacer desde aquí?

Más que multiplicar opiniones, los católicos podemos multiplicar la oración. Orar por la Iglesia de Jerusalén, por los pastores que la guían, por las víctimas de la guerra y por quienes toman decisiones políticas y militares, para que garanticen la libertad de culto y busquen sinceramente la paz.

La imagen de Pizzaballa convocando el rosario en Sion resume bien la actitud de la Iglesia local: firmeza en la defensa de sus derechos, pero sin perder el tono de plegaria.

Y junto a la oración, la información seria y el apoyo concreto. Seguir de cerca las palabras del patriarca Pizzaballa y de la Custodia, sostener las obras de la Iglesia en Tierra Santa, ayudar a las familias cristianas que no quieren abandonar los lugares donde el Señor vivió, murió y resucitó. Así la comunión de los santos deja de ser una idea abstracta y se convierte en algo muy concreto: estar al lado, también en Semana Santa, de quienes hoy cargan la cruz en la ciudad del sepulcro vacío.

Plan de Semana Santa 2026 para los católicos en Jerusalén

Domingo de Ramos (29 de marzo)

Se cancela la tradicional procesión que sube desde Betfagé (Monte de los Olivos) hasta la Ciudad Vieja.

Se sustituye por un momento de oración por Jerusalén, en un lugar determinado por el Patriarcado (no divulgado como gran convocatoria pública, precisamente por seguridad).

La Misa que el patriarca y el custodio iban a celebrar en el Santo Sepulcro se vio inicialmente impedida por la policía y motivó la protesta y la posterior rectificación de Israel.

Misa Crismal

La Misa Crismal se pospone “a una fecha por determinar dentro del tiempo pascual”, en cuanto la situación permita una celebración amplia y segura de sacerdotes y fieles.

El Dicasterio para el Culto Divino ha concedido ya la autorización para este aplazamiento excepcional.

Triduo Pascual en los Santos Lugares

Tras el acuerdo con las autoridades israelíes, se garantiza el acceso del patriarca y de los representantes de las Iglesias al Santo Sepulcro para las celebraciones de Jueves Santo, Viernes Santo, Vigilia Pascual y Domingo de Resurrección, aunque con presencia reducida y controles estrictos.

No se han difundido horarios públicos detallados por motivos de seguridad, pero se mantiene la estructura habitual del Triduo: Misa de la Cena del Señor, celebración de la Pasión, Vigilia pascual y Misa de Pascua, con participación principalmente del clero local y de comunidades de Jerusalén.

Parroquias y comunidades locales

En las parroquias de Jerusalén y de la diócesis, las celebraciones se adaptan caso por caso, según la situación del barrio, las restricciones de movimiento y las indicaciones de seguridad.

El Patriarcado anima a los fieles a participar allí donde puedan, incluso en celebraciones más pequeñas, y a unir su sufrimiento por las limitaciones a la Pasión del Señor.

Llamamiento a la Iglesia universal

Pizzaballa insiste en que este año la forma más concreta de acompañar la Semana Santa en Jerusalén es a través de la oración, el ayuno y el apoyo material a las comunidades cristianas que permanecen en Tierra Santa.

Pide que, en todas las diócesis del mundo, se recuerde a la Iglesia Madre de Jerusalén en las liturgias del Triduo y en la tradicional Colecta por Tierra Santa, que sostiene parroquias, escuelas y obras de caridad en la región.
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