Siguiendo las huellas de San Pablo: tres viajes, el de su martirio y muchas sedes donde sembró la fe
He aquí un recorrido por numerosos lugares donde el autor de tantas Cartas del Nuevo Testamento predicó y dio testimonio.

Un cirncón de la ciudad subterránea en Capadocia.
San Pablo, el antiguo Saulo, llamado por Cristo Resucitado a ser apóstol de los gentiles y con ello confirmar que la llamada a la salvación es católica -universal-, realizó tres viajes (entre los años 46 y 57 d.C.) y uno más a Roma donde será martirizado (aproximadamente en los años 57-60 d.C.).
Escribió sus epístolas tras haber evangelizado las ciudades que visitaba, formando así nuevas comunidades cristianas. Pero en aquella época los viajes eran largos y complejos, por lo que en muchas ocasiones no podía visitar a los fieles tanto como deseaba. Por ello les escribía cartas animando a sus comunidades a perseverar, les instruía en la fe, resolvía dudas, les contaba noticias o incluso les pedía ayuda. Así mantenía viva en ellos la llama de la Fe, la Esperanza y la Caridad.
En esos primeros tres viajes siempre fue a Asia Menor, la actual Turquía, que era una región próspera, urbana y bajo control romano desde la conquista de Pompeyo, caracterizada por una mezcla de cultura griega, tradiciones locales y una fuerte presencia judía. Fue un epicentro crucial para la expansión del cristianismo primitivo, con ciudades clave como Éfeso, Tarso e Iconio. Recorrió más de 14.000 km, estableciendo comunidades cristianas en Asia Menor y Grecia (Filipos, Tesalónica, Corinto) y predicando el Evangelio a los gentiles.

Mapa de los viajes de San Pablo.
En esta peregrinación vamos a visitar muchos de los lugares donde predicó San Pablo y fundó muchas de las primeras comunidades cristianas, y culminaremos con la visita a Éfeso, lugar de los últimos años de la Virgen María, hospedada por el evangelista San Juan.
Llegamos a Antakya, la antigua Antioquía del río Orontes, uno de los centros más relevantes del cristianismo antiguo, centro de mezcla cultural que caracteriza esta ciudad fronteriza entre Oriente y Occidente. Fue allí donde, según los Hechos de los Apóstoles, los discípulos de Jesús fueron llamados por primera vez “cristianos”. Era una comunidad viva, y de ellos se decía: “Mirad cómo se aman”. El 3 de febrero de 2023 fue devastada por un salvaje terremoto que asoló casi toda la ciudad, incluyendo una iglesia ortodoxa y otras que desaparecieron. Sin embargo, la iglesia católica que se construyó en el siglo XIX, siete siglos después de que los cruzados marcharan, quedó intacta a pesar del terremoto. En una pared del templo hay un cuadro didáctico que muestra todos los viajes de San Pablo.

Los frescos de la iglesia de San Salvador de Cora, en un distrito de Estambul.
Seguidamente visitamos la primera iglesia-cueva de San Pedro excavada en la Roca. Es allí donde San Pedro acepta ir más allá de las normas judaizantes, anunciando que el mensaje de Cristo también alcanza a los gentiles.
Llegamos a Filadelfia. La carta a la Iglesia de Filadelfia, de donde era el filósofo Diógenes, es la carta más suave de las que escribe el Apocalipsis (3, 8-10), que dice de ellos que no son fuertes, pero sí perseverantes. Allí visitamos los pocos pero magníficos restos arqueológicos de la iglesia de San Juan. Los alrededores son valles muy fértiles y Mersin fue un importante bastión cristiano cuyas comunidades fundó San Policarpo, futuro obispo de Esmirna y discípulo de San Juan.
Tras atravesar los montes Tauros nevados nos adentramos en el fascinante paisaje lunar típico de Capadocia que, cual termitero gigante, alberga 38 ciudades subterráneas donde vivían los cristianos escondidos en cuevas horadadas. Posteriormente fueron adornadas con pinturas murales entre los siglos X y XII, como la iglesia de Eski Gumus del siglo X. Impresiona ver cómo las caras de Jesús, los santos y los ángeles están arrancadas o rayadas para borrar su significado, como nos comentó el guarda.

La impresionante vista de las construcciones de Capadocia.
De ahí son los padres capadocios de la Iglesia: San Basilio el Grande (que realizó el Tratado sobre el Espíritu Santo contra las herejías arrianas, que no reconocían la divinidad de Jesucristo) y sus hermanos San Gregorio de Nisa el pequeño (que fue obispo en 371, capaz de integrar la combinación intelectual con profunda vida espiritual) y Santa Macrina (que era la mayor y bastión de fe para ellos, teóloga del siglo IV, que desde Capadocia llega a evangelizar Rusia y los países eslavos e inicia la cáritas hospitalaria a través del lenguaje cirílico). También fue padre capadocio San Gregorio Nacianceno, gran amigo de los tres hermanos, que nos deja como legado los últimos artículos del Credo Nicenoconstantinopolitano.
Hasta los siglos VII-VIII no se empezaron a construir iglesias grandes, con anterioridad se reunían en casas que se denominan Domus Ecclesiae. A raíz de la división de la Iglesia con el Cisma de Oriente, y la posterior ocupación musulmana, prácticamente se han perdido esas comunidades, aunque no del todo, gracias a la labor de custodia de los franciscanos, como en Tierra Santa.

Interior de una iglesia en Capadocia.
Llegamos a Antioquía de Pisidia, donde visitamos la iglesia de San Pablo. Allí predicó a los judíos, empezando por la elección del pueblo de Dios en el Antiguo Testamento, los acontecimientos con Abraham y Moisés y la entrada a la tierra prometida, para enlazar con el Nuevo Testamento, Jesucristo, quien es la Promesa de todo el Antiguo Testamento.
Desde allí, San Pablo parte a Iconio, cuyo famoso discurso en la sinagoga (Hechos 13, 13-46) servirá de modelo para los demás. Los judíos le querían matar, pues muchos consideraban a Pablo como el dios Hermes por la curación de un cojo y a Bernabé como Zeus. También fue a Listra y a Derbe.
A todos estos lugares por los que pasó San Pablo volvió para confirmarles en la fe y les exhortaba a perseverar. Nombraba presbíteros y un obispo en cada zona. Timoteo, el discípulo preferido de San Pablo, era de Listra.
Llegamos a Sardes, con grandes restos de ciudad romana oriental, que no bizantina, aunque se confunde con Bizancio del siglo VI a.C., pues los restos de Sardes son de estilo griego. Allí evangelizaron los santos hermanos Metodio y Cirilo, que pide permiso al Papa para traducir la Sagrada escritura y escritos de los Santos Padres a un nuevo idioma con caracteres cirílicos, y poder convertir a los pueblos eslavos: Bulgaria, Chequia, Eslovaquia, Rusia, etc.

La impactante belleza de Sardes.
Legamos a Esmirna y visitamos la maravillosa iglesia de San Policarpo, llevada por 13 sacerdotes italianos y 10 consagradas, cuya vocación es dar testimonio de la vida de la Iglesia en el mundo musulmán. Su comunidad está formada por católicos que viven allí, principalmente inmigrantes de Filipinas además de un pequeño grupo de conversos que intentan inculturarse para formar una nueva comunidad católica.

Iglesia de San Policarpo en Esmirna.
Nos adentramos en Éfeso, visitamos la Iglesia cristiana, que anteriormente fue templo de Artemisa según la mitología griega, la diosa del amor, la fecundidad y la vida, y fue quemado. Se construye posteriormente otro templo para ella todavía más lujoso con columnas de mármol verde. Muchas columnas del nuevo templo se trasladarán a la futura y primera iglesia cristiana de Santa Sofía en Estambul.

Las columnas de Éfeso.
Luego subimos la montaña arriba a visitar la casa donde habitó la Virgen María, construida por las manos de San Juan según la casa de Nazaret. Se descubrió el lugar gracias, tanto a las visiones de la beata Ana Catalina Emmerick del siglo XIX, como a las vistas que hay desde la casa y que menciona el mismo San Juan.

Casa de la Virgen María.
Finalizamos nuestra ruta en Estambul con la visita al patriarcado ortodoxo de San Jorge, que viene a ser como el Vaticano de los católicos. Luce con toda la riqueza ornamental ortodoxa de Constantinopla, con vistosas lámparas e iconos, uno de ellos especialmente venerado, de la Virgen María, cuya faz es una tabla ancestral.

Patriarcado ortodoxo de Estambul.
Pero su mayor joya es el trozo de la columna donde fue atado y flagelado Nuestro Señor Jesucristo.

Columna de la flagelación de Jesucristo.
Fue emocionante palparla y rezar allí. La rescató Santa Elena, madre del emperador Constantino.
- Nota: esta peregrinación ha sido organizada por el Movimiento Sacerdotal Mariano, a cuyo frente está el padre Andrés González.