El universo no es fruto del azar, sino una obra diseñada por Dios con orden, belleza y armonía divina.
Se acerca la Cuaresma. Conviene recordar qué es el ayuno

🔹San Agustín. Carta 36, 7🔹
Es inútil que ayune dos veces por semana quien es como aquel fariseo, pero es religioso que lo haga el hombre humildemente fiel o fielmente humilde 🔹San Agustín. Carta 36, 7🔹
San Agustín nos habla de la parábola evangélica del fariseo y el publicano (Lucas 18, 9-14). Con ella, toca el núcleo de lo que significa la verdadera fe frente a la mera apariencia. San Agustín nos aconseja que las prácticas externas son proclives a quedarse en apariencias. Las prácticas no tienen valor trascendente si no están animadas por la disposición correcta del ser que busca cambiar de la mano de la Gracia de Dios.
El fariseo ayunaba estrictamente, pero su motivación estaba corrompida por el orgullo, la vanidad y el egoísmo. Se creía superior a los demás y usaba sus prácticas religiosas como una especie de "currículum" para exigirle a Dios algo a cambio. El cumplimiento estricto de la norma, como es el ayuno, debe partir del verdadero amor. Sin amor todo tiende a convertirse en soberbia espiritual, uno de los mayores obstáculos para la Gracia.
El ayuno es un magnifico medio con el que acercarnos a Dios. No le demos el sentido de fin por sí mismo. El ayuno es una herramienta de humildad maravillosa. Debe estar diseñada para vaciarnos de nosotros mismos y dar espacio a Dios. San Agustín subraya que el valor de la acción reside en ser "humildemente fiel". La humildad reconoce que todo lo bueno que hacemos es gracia de Dios, no mérito propio.
La humildad es el fundamento de todas las virtudes. Todos los seres humanos podemos caer, pero si lo vivimos con humildad encontraremos el camino de la Gracia. La verdadera piedad es reconocer nuestra constante necesidad de misericordia.
Pasemos a las redes sociales, pensando en lo que podemos definir como "fariseísmo digital". Nunca olvidemos que las redes son, por diseño, un escaparate de apariencias.
Hoy en día, "ayunar dos veces por semana" dando publicidad de ello, como el fariseo, se traduce en publicar selfies rezando, mostrando constantemente cuántos rosarios rezamos o haciendo alarde de nuestros sacrificios para cosechar likes, retuits y admiración pública. Si evangelizamos para construir nuestra propia "marca personal", hemos caído en la trampa del fariseo. La recompensa ya la hemos recibido en forma de validación humana, pero es inútil espiritualmente.
La verdadera evangelización en redes no consiste en mostrar lo perfectos que somos cómo, siendo limitados y llenos de errores, Dios sigue teniéndonos su Mano. Un evangelizador humilde no se pone a sí mismo en el centro del escenario mostrando lo buen cristiano que es. Lo que nos pide el Señor es que señalemos siempre a Cristo sin dejar de decir: ¡Mirad qué bueno es Dios!
San Agustín nos advierte que tanto en el silencio de nuestra habitación como en el ruido de nuestras redes sociales, el orgullo envenena la mejor de las acciones, mientras que la humildad convierte un simple esfuerzo en un acto de amor a Dios.
Entonces ¿Para qué sirve el ayuno? Para darnos cuenta que un poco menos de comida nos duele y nos hace sentir mal. ¿Y en las redes cómo podemos ayunar? Quizás el mejor ayuno en las redes sea centrarnos en dar esperanza y ánimo a lo más limitados y desprovistos de capacidades.
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