Miércoles, 28 de octubre de 2020

Religión en Libertad

Una historia de perdón, de enfermedad y pérdida y de crecimiento alegre en Dios

Mer González Fontán, creciendo con Emaús, la Divina Misericordia, Amor Conyugal... hacia el servicio

Mer González Fontán siempre cantó y tocó la guitarra, pero solo en los últimos años lo ha hecho para servir a Dios en retiros y evangelizaciones
Mer González Fontán siempre cantó y tocó la guitarra, pero solo en los últimos años lo ha hecho para servir a Dios en retiros y evangelizaciones

Pablo Ginés/ReL

Mercedes González Fontán (todos la llaman Mer) ha contado en MaterMundi TV su testimonio de crecimiento en la fe a lo largo de su vida. Un padre con ataques de ira violenta, un primer marido que murió de cáncer, la experiencia de abortos naturales, médicos pronosticando bebés enfermos...

Pero Dios y la Virgen fueron saliendo al paso con distintos signos: la Medalla Milagrosa, el Camino de Santiago, la Coronilla de la Divina Misericordia, Medjugorje, Radio María, Schoenstatt, Retiros de Emaús, Proyecto Amor Conyugal, los libros de María Vallejo-Nágera... todo se fue sumando hasta tomar conciencia firme de la necesidad de crecer en la fe en comunidad y siendo generosa en el servicio evangelizador. Es una historia de crecimiento en varios pasos.

Un padre con arrebatos de violencia

Mer se crió en una familia numerosa, del Opus Dei: en casa eran 11 hermanos. Sin embargo su padre a veces bebía y se ponía violento. Trataba con rudeza y a veces con desprecio a los hermanos varones y era muy exigente con todos. A veces tenía arrebatos violentos y pegaba a algún niño. En cierta ocasión, cuando ella tenía 11 años, su padre se enfadó, le pegó y la empujó, de tal forma que ella cayó al suelo en el cuarto de baño. Después, él quedó como estupefacto y se escondió a llorar en su cuarto. Mer lo vio llorar de rodillas y lo abrazó para consolarlo. "Hija mía, soy un monstruo, casi te mato", sollozaba él.

Durante la adolescencia la situación no mejoró mucho. Los gritos en casa seguían. Ahora ella misma se mantenía alejada y despectiva, distante de él Cuando él llegaba a casa ella pensaba "ya está aquí el señor ese”. Después, teniendo ella 17 años, a su padre le dio un infarto que lo dejó muy débil, con 40 años. Ya no tenía fuerza para ataques de ira. "Recuerdo tranquilidad, ya sin gritos ni enfados", dice Mer.

¿Vocación en el Opus Dei? Y un llamado a perdonar

Para Mer, su modelo era su madre. "Yo quería, como mi madre, ser muy alegre, tener muchas amigas, tener muchos hijos y acercar a la gente a Dios", recuerda. Sin embargo, entró en el Opus Dei como numeraria, es decir, célibe. Cinco años después discernió, con ayuda de su directora, que aquella no era su vocación.

Cuando su padre cumplió 50 años, ella sintió, rezando el Rosario, que tenía que escribirle una carta. Las palabras que debía escribir se le aparecían como flotando ante sus ojos: "Papá, te quiero mucho; tu hija, Mer". Pero cuando intentaba escribirla se bloqueaba. "Yo nunca le había dicho a mi padre que le quería".

Sólo ante el Sagrario, en la capilla consiguió escribirlo. "Así se pulverizó un muro que yo había creado de rencor y de rechazo a mi padre. Y le puede ver como un niño necesitado de mi cariño y ternura. Vi que era un hombre humilde, que nos amaba con locura, que luchaba contra sus propios pecados. Sentí un amor enorme hacia él".

Su padre le llamó entre lágrimas al recibir la carta: "Me has escrito la carta más bonita". Y desde ese momento "mi padre se convirtió en mi mejor amigo y consejero". Él murio a los 63 años con el perdón de todos sus hijos.

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Mer, joven, con su guitarra

Un marido sin fe... y con cáncer

En 1995 Mer se casó con un joven, JoseMi, que había estudiado en Pamplona, como ella, pero que no era creyente y tenía cáncer. Fueron a Estados Unidos cuatro meses para una serie de operaciones. Veían muchos enfermos de cáncer, con sufrimientos, pero también veían gente que se sentía alegre y acompañada.

En España, en el hospital, ella colocó una Medalla Milagrosa de la Virgen en su sala, que encontró en la capilla, y rezó con ella en una crisis. Él la aferró. Otros parientes traían también, cada uno por su cuenta, la misma medalla. Y tenía una hermana en París rezando en la capilla de la Rue du Bac de las apariciones de esa advocación. 

Tras una operación que parecía desesperada, JoseMi salió asombrosamente bien. "Reza un padrenuestro", escribió él en una pizarrita. Y allí, rodeados de médicos y sanitarios en un silencio sobrenatural y atento, ella rezó su primer Padrenuestro con su marido. Así ganaron tiempo.

Él fue cambiando durante la enfermedad, se fue haciendo más paciente. Se acercó a Dios y a partir de cierto momento dijo "no recemos ya por mi curación, vamos a rezar para que vaya al cielo".

Poco antes de morir, él, periodista radiofónico, grabó una oración: "Jesús, casi no te conozco, no he hablado contigo, pero ahora quiero darte las gracias por mi familia, por Mer y por esta enfermedad, pues sin ella no habría visto lo que Tú me amas. Si volviera a nacer, te pediría la misma vida, con la misma familia, con Mer y la enfermedad".

Él repartió sus bienes y preparó su marcha. Mer lo veló cantando, por la noche, y él murió cuando ella cantaba Mientras recorres la vida, tú nunca solo estás, ya a las siete de la mañana. Fue en 1999, y él tenía 30 años.

Un Camino de Santiago sanador... y una nueva familia

En el año 2000 hizo el camino de Santiago con cinco chicos que apenas conocía. "Fue muy sanador, sentía como si me fueran quitando piedras de una mochila y la fueran llenando de gozo interior y paz". Fue como un reencuentro con Dios, y sentía que Dios le repetía: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida". Allí conoció a David, con el que se casaría en 2002.

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Mer y David

Tenían muchas ganas de tener hijos pero sufrieron enseguida dos abortos naturales. Se enfadó con Dios: "se me muere el marido, se me mueren los hijos..."

En su tercer embarazo los médicos le advirtieron que el niño tendría síndrome de down. Pero Mer y David rezaban la Coronilla de la Divina Misericordia, que les acababan de presentar. La rezaban en el coche, con asiduidad. El niño nació sano.

"En el embarazo de mi hija Cecilia me volvieron a decir una mala noticia, que no tendría estómago, que estaría muy mal. Volvimos a rezar la Coronilla de la Divina Misericordia y nació perfectamente. Y mi tercer hijo, nació en el Día de la Divina Misericordia".

Años de tibieza... y un libro de María Vallejo-Nágera

Con niños pequeños, la vida religiosa del matrimonio se redujo a la misa de domingo, con tibieza "y llegando tarde". "Pero en 2010 cayó en mis manos Entre el cielo y la tierra, el libro de María Vallejo-Nágera que habla del purgatorio". Ahí conoció sobre Medjugorje y su llamada a la oración.

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Ella siempre había cantado y tocado la guitarra, pero sobre todo cantaba temas mundanos, de pop y rock. Sólo ahora empezó a escuchar canciones cristianas, que le pasaba su hermana. Empezó a ir a misa entre semana, con sus 3 hijos "y dos señoras del pueblo; y el Señor bajaba del Cielo para esas 6 personas y me conmovía. Mis alumnos de instituto notaban mi alegría. Los chavales decían: 'profe, ¿qué te pasa, qué tripi te has metido?'"

Dejó de ver programas de TV del corazón y descubrió en cambio Radio María. "Los niños ya se sabían cantar: 'Radio María, el Encuentro con Dios", se ríe.

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Mer, David y sus niños, hace unos años

Se mudaron a Pozuelo y allí acudieron al santuario de Schoenstatt y conocieron familias cristianas en ese entorno.

Retiros de Emaús y Proyecto de Amor Conyugal

En su nuevo trabajo Mer tenía muchos problemas y estaba muy desanimada. Fue entonces cuando ella se fue sola a hacer un Retiro de Emaús. "Fue como un bálsamo de consuelo y de ternura. Me quedé con la guitarra cantando al Señor, al Santísimo. Conocí a María Vallejo-Nágera, nos quedamos allí cantando juntas". Juntas rezaban con el Diario de Santa Faustina Kowalska.

Además, quedó admirada de las servidoras de Emaús, su alegría y entrega. Empezó a acudir a sus reuniones y ahí descubrió la importancia de crecer en la fe en comunidad. "Mi marido hizo un retiro de Emaús 15 días después, le tocó, lloró, y empezamos a vivir la fe juntos, como una misión, nos hicimos servidores del Señor". Ella había querido ser misionera con 17 años y ahora podía hacerlo en Emaús.

También realizaron el retiro de Proyecto de Amor Conyugal. Estaban en una crisis matrimonial, y vieron en otros matrimonios que con Dios, con la Virgen, es posible salir de la crisis y crecer. Agradecidos, durante ya 3 años colaboran en los retiros de Amor Conyugal.

"Para mí servir es la clave de ser cristiano. Jesús dijo: 'yo he venido a servir y dar mi vida por muchos'. Y yo quiero servir como Él, como pueda, con mi guitarra. Tengo nódulos en la garganta porque soy profesora, pero creo que Dios y la Virgen tocan el corazón de las personas cuando canto".

Canal de canciones de Mer González Fontán en YouTube AQUÍ

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