Martes, 19 de noviembre de 2019

Religión en Libertad

La devoción de Francisco era casi «secreta» hasta el Jubileo

El cardenal Bergoglio envió a 2 personas a Italia a investigar los círculos de oración del Padre Pío

Francisco veneró los cuerpos de San Pío de Pietrelcina (en primer término) y de San Leopoldo Mandic durante su exposición en febrero en la basílica de San Pedro.
Francisco veneró los cuerpos de San Pío de Pietrelcina (en primer término) y de San Leopoldo Mandic durante su exposición en febrero en la basílica de San Pedro.

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Nunca hasta el Año de la Misericordia, el Papa Francisco había citado a San Pío de Pietrelcina en sus discursos u homilías; no se conocen libros o publicaciones en las que se hable de un vínculo entre Bergoglio y el santo; pero el Pontífice quiso, sorprendiendo a muchos, que durante el Jubileo extraordinario de la Misericordia se expusieran en la Basílica de San Pedro los restos del fraile estigmatizado.

El misterio de una devoción casi escondida
Por tanto, el vínculo entre el pontífice argentino y el Santo de Pietrelcina resulta “misterioso”, y ha sido indagado y profundizado por Ignazio Ingrao, escritor y vaticanista del semanario Panorama, en su libro El signo de padre Pío. De santo perseguido a símbolo de la Iglesia de la Misericordia del Papa Francisco (Ed Piemme), en el que se pregunta cómo “nació la devoción del papa Francisco por Francesco Forgione” (nombre secular del padre Pío).



Un “indicio”: la “frase que el pontífice pronunció en abril de 2014 bendiciendo una estatua de madera del padre Pío que le trajeron los frailes de San Giovanni Rotondo: “Padre Pío, ahora estamos más cerca, yo te bendigo, pero tú protégeme…”.



Ingrao, para “reconstruir el misterioso vínculo espiritual entre Francisco y el padre Pío”, pide ayuda a “un testigo de excepción: el padre Marciano Morra”, que durante veinticinco años fue “secretario general de los grupos de oración del padre Pío”.

Cuenta el franciscano: “Cuando estaba en Argentina, como arzobispo de Buenos Aires, Bergoglio había tenido noticias sobre el padre Pío solo fragmentarias e indirectas. Lo que despertó su atención y picó su curiosidad fueron dos hechos muy importantes, que sucedieron en 2002, cuando Bergoglio era ya cardenal: la ceremonia de canonización de San Pío, el 16 de junio de ese año, y el descubrimiento, con esta ocasión, de la gran difusión de los grupos de oración del padre Pío en la capital argentina”.


El padre Marciano Morra, coordinador general de los grupos de oración del Padre Pío.

El clamor mediático de la proclamación de Pío de Pietrelcina “impulsó al cardenal Bergoglio a informarse más a fondo sobre la presencia y actividad de los grupos de oración del padre Pío en la ciudad. Descubrió que ya eran más de ochenta”.

Un viaje para investigar una realidad viva y activa
Bergoglio entonces manda a Roma dos personas de confianza para conocer mejor este fenómeno: su portavoz, padre Guillermo Marcó, y una amiga suya, Ana Cristina Cernusco, secretaria personal del ex-presidente argentino Fernando de la Rúa.

“El padre Marcó y la señora Cernusco –prosigue Morra– llegados a Italia, encontraron a monseñor Riccardo Ruotolo, presidente de la Casa Alivio del Sufrimiento y de los grupos de oración del padre Pío”.

El padre Morra estuvo presente “en esa conversación. Los dos ´enviados´ de Bergoglio hicieron muchas preguntas, sobre todo sobre los grupos de oración: cuántos eran, cómo se organizaban, quién los seguía”.

“Al final del encuentro nos propusieron acudir a Argentina para tener un coloquio personal con el cardenal Bergoglio. La propuesta nos causó cierta sorpresa pero entendimos bien la importancia de la oportunidad, así que organizamos el viaje”.

De ese viaje a Buenos Aires, explica el fraile: “Fuimos dos a Argentina, yo y monseñor Giuseppe Ruotolo, hermano de Riccardo. Cuando llegamos al arzobispado estábamos algo tensos. No sabíamos lo que nos pediría el cardenal. Nos hicieron acomodar en una pequeña habitación, cinco metros por cinco. Bergoglio llegó en seguida. Y fue un encuentro maravilloso. Nos acogió como si fuésemos viejos amigos”.


La obra de José María Zavala sobre el Padre Pío fue el bestseller que popularizó definitivamente la devoción al santo de Pietrelcina en España. Pincha aquí para adquirirlo.

“Me impresionó mucho su dulzura, su afabilidad, el sentido fuerte de la amistad que trasparentaba su rostro y sus palabras. Hablamos largo rato. Lo primero que nos preguntó fue la forma jurídica de los grupos de oración. Le explicamos que el estatuto está aprobado directamente por la secretaría de Estado y a esa se remiten directamente. Esto representa una garantía para la Iglesia y para los obispos diocesanos.

"Después fuimos al concreto. Nos preguntó por la finalidad de los grupos de oración. Y le explicamos que el objetivo principal es llevar paz y serenidad al mundo. De hecho, nacieron en respuesta al famoso radiomensaje de Pío XII de 1942, en un momento muy difícil de la historia, cuando Europa vivía la dramática experiencia de la Segunda guerra mundial. A ellos el papa Pacelli confió la tarea, siguiendo las enseñanzas del padre Pío, de rezar por la paz”.

Lo que gustó al cardenal Bergoglio
“Los grupos se nutren de la lectura de la Biblia y con la Palabra de Dios –continúa–. Y esto, en tiempos de Pío XII, representó otra importante novedad mucho antes del Concilio Vaticano II. Padre Pío, de hecho, intentó siempre ayudar a los fieles a rezar con la Sagrada Escritura”: Morra se dio cuenta de que este aspecto “gustó mucho a Bergoglio, que aún hoy, convertido en Papa, recomienda continuamente a los fieles que lean el Evangelio y se dejen acompañar por las palabras de Jesús”.

Otro aspecto que el arzobispo de la capital argentina deseó profundizar en el encuentro fue el tema de las “obras de caridad. De hecho, los grupos de oración no son sólo un movimiento de oración, sino que son también muy activos. Se proponen llevar ayuda a los necesitados. Testimonio viviente de esta actividad es la Casa Alivio del sufrimiento, el hospital de San Giovanni Rotondo querido personalmente por padre Pío”.

Después, la Confesión: San Pío fue un verdadero “apóstol del confesionario”, y “Bergoglio apreció mucho este aspecto”.

De ese encuentro en Buenos Aires nació un vínculo profundo y fuerte Bergoglio-Padre Pío, vínculo que permanecería “escondido tras bambalinas”, casi invisible, durante once años, para salir a la luz, “explotar” con toda su fuerza cuando el argentino, ya como Papa, convertiría al Santo en un símbolo del Jubileo de la Misericordia.

Publicado en Vatican Insider.
Traducido por Aleteia.

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