Sábado, 08 de agosto de 2020

Religión en Libertad

El periodista inglés Benedict Rogers

Las iglesias perseguidas de Asia, los mártires de hoy y un obispo sabio le han hecho católico

Dos veces fue deportado de Birmania; en Pakistán escapó de una bomba; Rogers era feliz como anglicano carismático... pero Dios le llamó con suavidad.

P. J. Ginés / ReL

Benedict Rogers, periodista experto en Birmania
Benedict Rogers, periodista experto en Birmania
Benedict Rogers es un periodista inglés y activista de derechos humanos, especializado en documentar la persecución a cristianos en Asia, y autor de libros sobre la dictadura militar socialista en Birmania (Myanmar).

En 1994, siendo un joven universitario, un predicador metodista, Donald English, le acercó a Jesucristo.

Durante 19 años ha sido un anglicano de estilo carismático. Pero hace dos años empezó su catecumenado para entrar en la Iglesia Católica y el pasado Domingo de Ramos ingresó en ella, de la mano del arzobispo Charles Bo, de Rangún, Birmania, en la catedral de la capital asiática.

El diputado británico Lord Alton fue su padrino. Estuvieron presentes amigos muy diversos: budistas birmanos, baptistas de los grupos étnicos Karen y Chin (que sufren el acoso del régimen birmano), “un par de amigos católicos occidentales no practicantes y algunos amigos extranjeros que son ateos, agnósticos o no religiosos”.

Conocedor de lo mejor y lo peor
Benedict Rogers, como periodista especializado en persecución y derechos humanos, cuenta a AsiaNews que ha conocido lo mejor y lo peor.

Lo peor es el odio, el acoso, la discriminación, a veces por parte de gobiernos y funcionarios (es el caso de Birmania), otras veces por parte de multitudes o grupos fundamentalistas (en Pakistán, por ejemplo).

Lo mejor son los santos vivos, hombres y mujeres, católicos o protestantes, que perseveran en el perdón y la tenacidad pese a la persecución, y a menudo llegar al martirio, a morir por Cristo.

“Trabajo para la organización de derechos humanos Christian Solidarity Worlwide, especializada en libertad religiosa. He trabajado 15 años en Birmania, he visitado el país más de 40 veces, encontrándome con disidentes, activistas, refugiados y desplazados, documentando sus historias. He cruzado la frontera en zona de conflicto muchas veces, y me han deportado dos veces. He escrito tres libros sobre Birmania, incluyendo una biografía del antiguo dictador Than Shwe”, explica Rogers.

Si el cristianismo del s.XXI va a surgir de Asia sobre el testimonio de las iglesias mártires, Roger lo conoce bien. “También he trabajado en Timor Oriental, en Pakistán, China, Indonesia y Corea del Norte. El sufrimiento de sus gentes y el coraje de los que intentan cambiar su situación siempre me han inspirado”.

El mártir moderno de Pakistán

Rogers se siente especialmente cercano a su amigo el ministro de Minorías de Pakistán, el católico Shahbaz Bhatti, asesinado por islamistas en 2010. “Varias veces viajamos juntos cuando era un activista de a pie. Juntos escapamos de una bomba, por apenas cinco minutos. Juntos visitamos a una niña cristiana de 7 años que había sido violada”, recuerda. Los obispos de Pakistán quieren abrir su proceso de beatificación como mártir.

En Pakistán trabajó también con el formador de Shazbaz Bhatti, el activista Cecil Chaudhry.

“En Timor Oriental trabajé con una monja asombrosa, la hermana Lourdes, y su Instituto Seculard e Hermanos y Hermanas en Cristo, así como con el padre Francisco Maria Fernandez, el primer timorés exiliado por Indonesia en 1975”.

En Hong Kong le impresionó la valentía del cardenal Joseph Zen.

Y en Birmania se sintió apoyado y animado por James Mawdsley, “que pasó muchos meses en una cárcel birmana por sus protestas a favor de la democracia y hoy es seminarista”.

Con Lord Alton, su padrino en el catolicismo, ha trabajado varios años, y con él viajó al país más ateo del planeta, Corea del Norte.

Un obispo que le impresionó

Así, Rogers conocía y admiraba a muchos católicos comprometidos y esforzados, pero se sentía satisfecho como anglicano carismático. Hasta que conoció al arzobispo Bo, de Rangún, hace 5 años.

“Me impresionó al instante su coraje, su determinación silenciosa de enfrentarse a la injusticia en Birmania, su cálida generosidad de espíritu, hospitalidad, humildad y humor”, escribe este periodista que durante décadas ha vivido entre grandes activistas y mártires.

“Bo no es un agitador, no es alguien que tome las calles; con sabiduría se ha convertido en una voz de la conciencia, sin meterse en líos con las autoridades. Lea usted cualquiera de sus homilías y su mensaje de justicia y libertad queda claro, sin ser explícito. Su combinación de coraje y sabiduría es impresionante”, dice Rogers, que sabe lo que es estar en primera línea.

Una pregunta "por curiosidad"
“Así que hace dos años le pregunté –por curiosidad, no por intención- qué tiene que hacer alguien que quiera hacerse católico. Su respuesta fue un punto de inflexión para mí. Me dijo, simplemente: ‘Si alguien piensa que puede aceptar las enseñanzas de la Iglesia Católica, ya está listo para ser católico’. Y añadió, sin presión: ‘Si alguna vez estás en esa posición, yo te recibiría en la Iglesia aquí, en Birmania’”.

A Rogers le pareció una imagen hermosa: ser acogido en el catolicismo en Birmania, donde tanto había trabajado. Pero ¿hacerse católico sólo porque le gustaba un obispo y su país?

“Pensé que debía investigar el catolicismo más activamente, descubrir si era para mí”. Y así durante algo más de un año se dedicó a leer.

Volcado en la lectura
Leyó las encíclicas de Benedicto XVI, que le encantaron. Leyó muchos de sus libros.

Leyó los libros de Scout Hahn, el famoso ex pastor presbiteriano autor de “Roma Dulce Hogar”. Leyó a George Weigel, a Hans Urs Von Baltasar, a Henri de Lubac, al cardenal Newman, a G. K. Chesterton, a Malcolm Muggeridge (su “Conversión”, y “Algo bello para Dios”).

Leyó el Catecismo y el Compendio de Doctrina Social. Leyó a los Padres de la Iglesia y los grandes santos. Estudió la vida de Juan Pablo II.

Cuanto más leía, más le atraía la Iglesia Católica. En enero de 2013 realizó unos ejercicios ignacianos de 5 días en Oxford. “Durante ese retiro, Dios me habló de formas hermosas y claras, que me ayudaron a confirmar en mi corazón y mente lo que iba a ser mi decisión”.

Con otros 450 catecúmenos, su nombre fue pronunciado en voz alta en el Rito de Elección en la catedral de Southwark, en Londres, pero la acogida plena en la Iglesia la reservó para el Domingo de Ramos, en Rangún.

Volver a casa
“Como muchos conversos, tengo la sensación de volver a casa. Mientras sonaban las campanas, sentí un gozo extraordinario crecer en mí. Ahí estaba, en un país que no era el mío pero que había llegado a amar, en una iglesia que no era la mía pero ahora era mi hogar espiritual".

"Yo sonreía, mis amigos sonreían, y sentí que los amigos que me inspiraron y que ya no están entre nosotros, como Shahbaz Bhatti y Cecil Chaudhry nos miraban desde arriba y sonreían. Y sentí que también Dios lo hacía”, asegura Rogers.
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