Religión en Libertad

Javier Prades: la Navidad como oportunidad para superar la distracción

La búsqueda de sentido en un mundo indiferente

La Navidad: un momento para reconectar con lo que realmente importa

La Navidad: un momento para reconectar con lo que realmente importa

Creado:

Actualizado:

En un mundo lleno de ruido, la distracción se ha convertido en el enemigo más silencioso de nuestra felicidad. Javier Prades, profesor en la Universidad San Dámaso, nos invita a redescubrir la Navidad no como un sentimiento pasajero, sino como la respuesta profunda y sorprendente a nuestro anhelo de plenitud. Una entrevista sobre la fe, la razón y la búsqueda de sentido al celebrar las fiestas de Navidad, a partir del artículo que Prades ha publicado en el periódico online ilsussidiario.net

-En su artículo, describe la distracción como el enemigo más insidioso de la vida. ¿Cuál es el origen de esta distracción y cómo podemos reconocerla en nuestra cotidianidad?

-La distracción es el enemigo más insidioso porque parece inofensiva, como si tuviera menos peso que otras dificultades. Sin embargo, precisamente porque se disfraza de irrelevancia, consigue frenar la vida e interrumpir la búsqueda del valor de cada instante y de cada relación, especialmente de su vínculo con el Misterio de Dios.

»En el origen de la distracción está sin duda la separación de Dios que arrastramos desde el pecado original. Cito a Pascal porque critica con claridad la vida en "diversión" —en el sentido de estar desorientado o fuera de sí—. San Agustín ya lo advertía: "Yo estaba fuera de mí". El santo de Hipona estaba distraído en las cosas del mundo sin que estas se convirtieran en una ocasión de buscar a Dios. Reconocemos la distracción porque esa forma de estar en las cosas, ajenos a nosotros mismos, es una fuente constante de insatisfacción, queja o lamento difuso. Cuando, por ejemplo, pensamos que "alguien debe tener la culpa" de lo que sea, sin saber bien de qué o por qué, es una señal de que estamos distraídos de la verdad de la vida.

-Usted habla de la "desproporción" entre nuestra vida y la intuición de una plenitud anhelada. ¿Cómo puede esta brecha ser un motor para la vida espiritual?

-La desproporción se descubre cuando uno deja de estar distraído y se toma la vida en serio. Lo contrario de la distracción es la seriedad para con uno mismo y con los demás. Así reconocemos una extraña condición que no podemos eliminar: lo que llamo "desproporción" —siguiendo a Giussani— o lo que De Lubac denominó "la paradoja del ser humano". Las personas tendemos a algo mayor de lo que podemos lograr por nuestras propias fuerzas. Esto no es un defecto, sino un rasgo de altísima dignidad: estamos hechos por Dios y por eso tendemos a Él. Es un impulso continuo para ir más allá, hasta que —como decía Agustín— el corazón descanse en Dios.

-Describe la religiosidad como el "culmen de la razonabilidad". ¿Cómo puede la fe ser una fuente de sentido frente a las críticas sociológicas modernas?

-La apertura total de la razón, de la que hablaba Benedicto XVI, es el mayor ejercicio de razonabilidad. Es la apertura al Misterio frente a las interpretaciones sociológicas que reducen el origen de la religión al miedo o a la convención social. Lo que autores como Newman, Juan Pablo II o Giussani reivindican es que, cuando la persona es plenamente responsable de su razón, no censura nada; toma en consideración todo lo que aparece, yendo hasta su fondo misterioso, que siempre remite "más allá". En esa experiencia, el ser humano se descubre como religioso y razonable a la vez. No son movimientos opuestos o enfrentados.

-Sugiere una "inversión de método" para encontrar a Dios. ¿Cómo se aplica esto, especialmente en Navidad?

-Giussani propone esta inversión para explicar cómo Dios ha respondido a una búsqueda que, de otro modo, quedaría como un impulso indefinido, sin meta. La "inversión de método" significa que Dios ha querido hacerse hombre; ha salido al encuentro de esa búsqueda que Él mismo puso en nuestro corazón. Ya no es solo que cada persona intente alcanzar lo desconocido, sino que lo Desconocido se ha dado a conocer y se ha revelado, primero en la historia de Israel y ha tenido su culmen en la Encarnación. La Navidad es el momento de celebrar que la meta ha venido a nosotros, para que podamos hacer el camino.

-¿Qué papel juegan el abrazo y la amistad en este camino espiritual?

-Al Dios que "nadie ha visto jamás", al Dios que incluso sobrecoge en su trascendencia y soberanía, lo podemos ver y tocar porque ha querido hacerse uno de nosotros. La alusión al abrazo proviene de la experiencia compartida en estos días: es fácil abrazar a familiares y amigos. Pero ese gesto tiene mucho más valor cuando no es solo un sentimiento, sino que nos une porque el Misterio de Cristo vive entre nosotros: Emmanuel. Me imagino que así sería el abrazo en la Sagrada Familia, o entre los pastores, o entre los Reyes Magos.

-¿Cuál es el mensaje central de la Navidad para un cristiano en un mundo secularizado y plural?

-La clave es reconocer lo propio y original de la fe cristiana. Vivimos en una España que ya es multirreligiosa y plural, con diversas tradiciones religiosas y muchas otras posiciones humanas. Por eso es vital recordar que nuestra fe afirma algo inaudito: que el Hijo de Dios se ha hecho carne y ha asumido nuestra condición para hacer posible la esperanza.

-Finalmente, ¿qué relación existe entre la alegría y una "vida deseable"?

-Al reconocer la originalidad de nuestra fe, surge el disfrute y la alegría de ver cómo la salvación sale a nuestro encuentro para colmar lo que nosotros no podemos alcanzar. Quien reconoce a Cristo se llena de gratitud, y esa gratitud tiene el tono afectivo de la alegría. Eso hace que la vida sea deseable, primero para uno mismo y, después, para los demás. Deseamos que aquellos a quienes encontramos puedan, a través de nosotros, participar de esta misma alegría. Entonces adquiere todo su sentido la fórmula que repetimos estos día: ¡Feliz Navidad!

Comentarios

Suscríbete

y recibe nuestras noticias directamente

tracking