Sábado, 18 de septiembre de 2021

Religión en Libertad

Hanna-Barbara Gerl-Falkovitz

«Estudiando Filosofía me hice creyente» dice una catedrática que sigue a Guardini y Edith Stein

También es seguidora de santa Hildegarda de Binguen, nombrada Doctora de la Iglesia por Benedicto XVI, que transmitió una teología de la creación fundada bíblica y monásticamente.

Sara Martín / ReL

Hanna-Barbara Gerl-Falkovitz
Hanna-Barbara Gerl-Falkovitz

Filósofa como forma de vida. Desde 2011 es presidenta del Instituto Europeo de la Filosofía y la Religión en Heiligenkreuz (Viena), y hasta esa fecha había sido profesora de la Universidad de Mónaco de Baviera, Bayreuth, Tübingen y Eichstätt, además de ocuparse de la cátedra de Filosofía de la Religión y de la Ciencia Religiosa comparada en la Universidad Técnica de Dresde.

Todo un currículum que le acredita como merecedora de ser escuchada. Un currículum, también, que le podía haber llevado a la increencia más absoluta, como sucedió a tantos grandes filósofos.

Sin embargo, Hanna-Barbara Gerl-Falkovitz ha vivido la experiencia contraria: de la religiosidad natural, básica, a la reflexión profunda y enraizada de la fe.

En una entrevista concedida al diario italiano L´Osservatore Romano , la catedrática asegura que «que la gran filosofía se alimenta normalmente de un potencial religioso»: «Me encontré con Romano Guardini y con Edith Stein. Los dos fueron mis maestros póstumos. El corazón de mi trabajo son el siglo XIX y el XX porque se concentra en ellos un gran legado: la filosofía de la religión», explica.

«La reflexión filosófica iluminó mi fe»
Cuando era adolescente, formaba parte de un grupo de jóvenes cristianos: «Allí pudimos expresar nuestra crítica a la Iglesia, pero fuimos guiados inteligentemente a una reflexión más profunda por una joven teóloga. Estas discusiones abiertas, pero también acudir a la Eucaristía, han sido importantes para reforzarme en la fe», comienza a explicar.

«La reflexión filosófica», apunta no obstante, «me iluminó y fortaleció muchas proposiciones de la fe que no tenía claras: me convertí verdaderamente estudiando Filosofía».

Vivió en un mundo mayormente masculino —más aún en su época de estudiante universitaria, los años sesenta—, y sólo conoció una profesora en toda su carrera.

«A través de la lectura, conocí muchas mujeres importantes, desde el cristianismo antiguo hasta el Renacimiento italiano y alemán. En el siglo XX fueron especialmente Edith Stein, Ida Friederike Görres y Simone Weil. Me ocupé objetivamente de la teología feminista desde los años setenta, sobre todo de la historia de la mujer y de la ´imagen´ masculina de Dios».

En ese momento, la ideología comenzó a dirigirse cada vez más hacia lo que la catedrática llama una «liturgia de la mujer, una construcción de una especie de matriarcado». Y fue ahí cuando comenzó su crítica: «Era un conjunto de ideales que sonaban irreales y, más aún, cojos».

Comenzó a juzgar críticamente a figuras como Simone de Beauvoir, con su propuesta de masculinización de la mujer, y sobre todo la ideología de género, que «ha degradado el cuerpo a la corporeidad neutral: «Sobre este tema se pueden aprender muchas cosas buenas leyendo la historia de las mujeres cristianas hoy en día olvidadas», enfatiza.

La inspiración de las santas mujeres: Santa Hildegarda
Pero Edith Stein no es la única mujer que ha «tocado» profundamente a la catedrática de Filosofía. También lo ha hecho la famosa santa Hildegarda, recientemente nombrada por Benedicto XVI como Doctora de la Iglesia. ¿Un fenómeno aislado o un creciente reconocimiento por parte de la Iglesia de todo el potencial femenino?

«La gran benedictina del siglo XII ha encontrado, sorprendentemente, eco entre nosotros gracias a su ´medicina verde alternativa´. Muchos se maravillaron al conocer a esta amiga de la naturaleza, poetisa y música. Pero el núcleo central de santa Hildegarda es otro: ´la buena ciencia´ (laeta scientia) de una teología de la creación fundada bíblica y monásticamente». Para Gerl-Falkovitz, santa Hildegarda es una referencia religiosa imprescindible: «Fue una gran visionaria, y está estrechamente vinculada a San Francisco de Asís, como una ´hermana mayor´», opina.

La relación con Benedicto XVI
«Por desgracia, no conocí a Joseph Ratzinger durante mi época estudiantil, sino en 1976», explica la catedrática.

«Sin embargo, su pensamiento siempre me ha interesado mucho, hoy mucho más fuertemente que antes». Expresa su admiración por la obra filosófica del Pontífice, que considera imprescindible: «¿Por qué suena como propaganda defender el ´ecumenismo de la razón´ de un Papa? El Papa habla de una religiosidad del pensamiento: la conversión a la realidad».

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