Religión en Libertad

Cura rural de récord: 29 años, atiende 50 pueblos en Burgos y recorre 50.000 kilómetros al año

Ramón Gómez es párroco del Valle de Mena (Burgos) y no tiene un momento de descanso.

La falta de recursos y de apoyo logístico convierte cada jornada en un ejercicio de resistencia y creatividad.

La falta de recursos y de apoyo logístico convierte cada jornada en un ejercicio de resistencia y creatividad.YOUTUBE

Redacción REL
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Ramón Gómez Ruiz tiene 29 años y recorre una media de 50.000 kilómetros al año con su coche en el Valle de Mena, Burgos. Desde septiembre tiene 50 poblaciones a su cargoDiario de Burgos cuenta su caso. 

El verano trae consigo un calendario cargado de fiestas patronales y, para poder organizarse de manera ordenada, el párroco ha solicitado a cada pedanía que envíe cuanto antes las fechas de sus misas en honor a los patronos. La coordinación resulta imprescindible. 

Cualquier mano es útil

Afortunadamente, el joven y atareado párroco cuenta con cuatro ayudantes, los ministros que celebran la Palabra de Dios. "La campaña de Todos los Santos es muy intensa", describe. Ese día entre los cinco visitaron casi 50 pueblos. "Hemos superado el planteamiento fronterizo", explica, al llamar la atención que le apoyen compañeros sacerdotes de las Diócesis de Burgos y Vizcaya.

El Valle de Mena es el primer destino de esta sacerdote cántabro que encontró el camino de la fe en la parroquia del Santo Cristo de Maliaño. Tras su paso por el Seminario de Corbán, llegó al Valle de Mena como diácono en diciembre de 2021

Se ordenó sacerdote en julio de 2022 y en agosto ya ejercía como sacerdote en Mena con 25 años. Su proceso vocacional ha sido dilatado, puesto que entró en el Seminario Diocesano de Monte Corbán con 13 años.

Dificultades añadidas

Los párrocos jóvenes como Ramón, que llegan a zonas rurales, se enfrentan a una realidad muy difícil. En muchos casos deben atender decenas de comunidades dispersas, lo que implica recorrer largas distancias, coordinar horarios de misa y responder a las necesidades pastorales de poblaciones pequeñas pero muy diversas. La falta de recursos y de apoyo logístico convierte cada jornada en un ejercicio de resistencia y creatividad.

A estas dificultades se suma la soledad del ministerio. Los curas recién ordenados suelen vivir aislados, sin compañeros cercanos con quienes compartir la carga, y deben aprender a gestionar tanto la administración de las parroquias como la atención espiritual de los fieles. La presión por cumplir con todo —desde sacramentos hasta mantenimiento de templos— puede generar desgaste emocional y físico, especialmente en quienes aún están adaptándose a la vida sacerdotal.

Además, la escasez de vocaciones obliga a que un solo sacerdote asuma responsabilidades que antes se repartían entre varios. Esto repercute en la calidad del acompañamiento pastoral: menos tiempo para escuchar, para visitar enfermos o para organizar actividades comunitarias. Los jóvenes párrocos rurales como Ramón se convierten así en símbolos de entrega y sacrificio.

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