Pedro se jubila tras 43 años como sacristán en Madrid: «Una parroquia es una vida, no un trabajo»
La parroquia de Nuestra Señora del Buen Suceso de Madrid le agradece su gran labor.

De su día a día, lo que más le costaba a Pedro era hacer el esquema de las misas.
La parroquia Nuestra Señora del Buen Suceso (Princesa, 43), en Madrid (España), es una de las más vivas de la capital. A menudo, durante las misas, los fieles escuchan desde fuera porque no caben dentro. Pedro ha sido su sacristán durante 43 años y ahora se jubila. Archimadrid cuenta su historia.
Disponible las 24 horas del día, Pedro ha hecho labores de todo tipo: mantenimiento, preparación de las misas, "que el sacerdote salga al altar dignamente", atención del despacho, maestro de ceremonias, expedientes matrimoniales…
Sacristán, como los de antes
En 1982, cuando empezó, hacían 300 bodas al año, "los sábados de septiembre, entre dos y tres"; el año pasado no llegaron a 8. "Aquí se casaba gente ilustre, porque como esto es del Real Patronato (hoy en día Patrimonio Nacional)… Y poníamos una alfombra roja hasta la calle que pesaba un quintal".
Lo que no hay son tantas Primeras Comuniones, que tienen muchos colegios religiosos a la vuelta de cada esquina. Y comuniones, hasta hace unos años que iba a buscar las formas a las monjas concepcionistas franciscanas de Blasco de Garay, 7.000 semanales.
La imagen de la Virgen, por la que lleva el nombre esta parroquia, la encontraron en 1606, de camino a Roma, los frailes que atendían los hospitales de Madrid. Fue un "buen suceso", y de ahí su nombre. La talla original está en la sacristía, donde se custodia para su conservación. La que preside la iglesia es una copia, que él mismo ha ayudado a vestir con la saya y la túnica moradas, propia de este tiempo litúrgico.
Pedro se conoce el templo muy bien. Es un sacristán como los de antes, de los que vivían en las parroquias. A Pedro se lo trajo a Madrid de su Setiles (Guadalajara) natal —actualmente 78 habitantes— un tío suyo, que era sacerdote en San Antonio de la Florida y al que enviaron de coadjutor al Buen Suceso cuando se inauguró el nuevo templo.

Pedro con el párroco del Buen Suceso, Enrique González.
El Buen Suceso siempre ha sido parroquia acogedora, de jóvenes —"el alcalde actual venía mucho"— y de barrio. "Vas por la calle y la gente te saluda". En 2017 llegó el actual párroco, "don Enrique, con una nueva fase en la que ha introducido los Emaús de hombres y mujeres, Bartimeo, Effetá… y acaba de empezar la atención a niños con discapacidad" (imagen inferior, con el actual párroco).
Las jornadas para Pedro empiezan a las 8:30 horas, hasta las 14:00, y después de 18:00 a 22:00. Solo libra los martes, "que están dedicados a mi mujer".
"Gracias a Dios me casé con una persona que supo entender mi trabajo". A Lola la conoció de los domingos cuando iba a cenar al restaurante en el que trabajaba. A los dos años fue a Galicia a conocer a su familia y se casaron, "aquí, en el Buen Suceso; fue la boda del siglo, con casi 20 curas", ríe. Y un año después nació Fernando, que es "el jefe de los monaguillos".
De su día a día, lo que más le costaba a Pedro era hacer el esquema de las misas. Esto es, programar para cada semana quién presidía cada misa, y presentárselo al párroco para su aprobación. Pero, después, le llenaba el contacto con la gente. Que venían unos novios, pues les proponía los cursos largos para ellos, para que se preparan bien; que había alguien con algún problema más de hablar con un sacerdote, pues le derivaba…
"Aunque por dentro estés negro, siempre tienes que estar contento, sonreír, atender lo mejor posible. Es un servicio a la Iglesia, por eso no hay que tomarlo como un trabajo", comenta.
"Una parroquia es una vida, no es un trabajo". El 9 de enero le hicieron una fiesta de despedida en el Buen Suceso. Dejaba su casa —se ha trasladado a un piso en García Noblejas—. Ha visto crecer a gente, los ha visto casarse, bautizar a sus niños… "A la fiesta vinieron los que eran jóvenes en los 80, los 90; ¡había tanta gente!". No se lo esperaba.