Fallecido en 2007, es el fundador de la Comunidad Juan XXIII para acogida
Don Oreste Benzi: «¿El secreto de mi historia? No hacer planes»... dejárselos a Dios pero ir con Él

Don Oreste Benzi, en Bolonia. Su obra se ha extendido dentro y fuera de Italia.
En el centenario del nacimiento del sacerdote italiano Oreste Benzi (1925-2007), cuya causa de beatificación está abierta, Annalisa Teggi sale en busca de su secreto, el que dio origen a la Comunidad Juan XXIII, hoy está presente en todas las latitudes.
Cuenta su historia en el número de septiembre de 2025 de Il Timone:
"¿Mi secreto? No tengo planes, voy en bici con Dios"
Hace cien años nacía Don Oreste Benzi, fundador de la Comunidad Papa Juan XXIII. Insistía en recordar que no hay que perder la coincidencia con Dios, por lo que no es retórica señalar que el centenario de su nacimiento coincida con el año del Jubileo de la Esperanza.
En una conferencia titulada La fe, pronunciada en 1972 en el convento de los carmelitas de Mantua, Don Oreste confesó: "¿Sabéis cuál es el secreto de mi historia? No hacer planes. Para el cristiano, el secreto de la historia es el compromiso con el presente, porque al adherirse al presente sabe que prepara el camino para el futuro".
La voz de la ansiedad desplaza el contenido de la esperanza hacia el futuro; sin embargo, ésta se refiere al presente de nuestra relación viva con un Dios que nos acompaña. "Cuando digo que no hay que hacer planes, quiero decir que el presente nos da continuas señales del camino que debemos recorrer", continuaba Don Oreste en su discurso. Es una intuición que dicta el paso de una postura concreta, liberadora y valiente para afrontar los acontecimientos cotidianos que dan forma al destino de cada uno.
El orden y el aparente desorden
Siendo este el núcleo de su experiencia, el retrato de Don Oreste Benzi no puede seguir las etapas de un guion. Uno de los muchos centros de acogida creados en el seno de la Comunidad Papa Juan XXIII es la Aldea de la Alegría, en la provincia de Forlì, una experiencia única en Italia en la que se acoge a familias enteras que provienen de situaciones complicadas.
Entre los adultos de esa comunidad, algunos recuerdan la pregunta que Don Benzi solía hacerles cuando eran niños. "¿Qué tengo que hacer ahora?", preguntaba, rompiendo la imagen del líder dispuesto a explicar un plan de acción. El niño no es infantil, como querría el estereotipo sentimental de los anuncios. El niño vive en su propia piel la pertenencia y la confianza, ante todo.
Precisamente de pequeño, don Oreste vivió experiencias cotidianas que se fijaron como recuerdos en los que, más tarde, reconoció un anticipo de lo que sería la propuesta de acogida activa de la que se haría cargo una vez que se convirtiera en sacerdote.
Elisabetta Casadei, postuladora de la causa de beatificación de don Benzi, los describe con eficaz síntesis: "El primer episodio se refiere a su madre, que bordaba. Él era pequeño y la veía trabajar desde abajo, observando la parte del urdimbre llena de hilos anudados y enredados. Le preguntaba a su madre qué estaba haciendo y ella le respondía: 'Ya lo verás, ya lo verás'. En el momento en que su madre giraba el telar, don Oreste veía un dibujo precioso. Quedó impactado, lo recordaría toda su vida y lo comentaría con las palabras de Albert Einstein: 'El aparente desorden es un orden infinito'. Esto le ayudó a tener siempre un sentido de confianza, de abandono en Dios"
En bicicleta con Dios
El segundo episodio tiene que ver con su padre y está centrado también en la incógnita buena de no saber cuál es el destino del propio camino: "Los sábados por la mañana, cuando los niños no iban al colegio, a veces el papá cogía a Oreste y lo llevaba en bicicleta, sentándolo en el manillar. Al papá le divertía no decirle a dónde iban, a pesar de que Oreste se lo preguntaba insistentemente. De mayor, Don Oreste recordará con cariño esa experiencia y dirá: 'No me importa saber adónde me lleva Dios, lo importante es sentir que voy en la bicicleta con Él'". Súbete pronto a la bicicleta de Dios.
La hipótesis de la vocación sacerdotal floreció a los siete años, un día en que la maestra de primaria habló en clase de las figuras de los exploradores, los científicos y los sacerdotes. Oreste volvió a casa y dijo: "Voy a ser sacerdote". La aventura que se perfilaba en el horizonte era mucho más audaz que la de un explorador que parte hacia destinos lejanos. Los antípodas están aquí, a la vista, en los puntos ciegos donde cae la sombra de nuestro rechazo, del abuso, del desinterés.

Oreste, seminarista en 1942.
Hoy en día, la obra de la Comunidad Papa Giovanni XXIII está presente en todas las latitudes con más de 500 centros de acogida, pero comenzó en la periferia de Rímini. La expansión no se produjo por un proyecto de crecimiento planeado, sino por una profundización en la adhesión al misterio de Dios que se manifiesta en los encuentros de la vida.
De Rímini a los Dolomitas
Tras ordenarse sacerdote en 1949, don Benzi recibió como primer encargo el de capellán en la parroquia del puerto de Rímini. Su esmero le llevó inmediatamente hacia los jóvenes, a los que recogía en sus casas para llevarlos a la parroquia. Los llevaba de vacaciones para acercarlos a Dios, para favorecer, sobre todo en la franja de edad entre 13 y 15 años, lo que él definía como un "encuentro simpático con Jesús".

Misa de Don Oreste Benzi en la playa de Rímini, en 1979.
Simpático hoy en día es uno de los adjetivos más genéricos, por no decir degradantes. Si una persona no posee especiales cualidades, se dice que es simpática. Pero su verdadero significado lo sitúa como algo contrario a lo diabólico. La simpatía es sufrir juntos y, por tanto, vencer la tentación de la separación que aísla al otro en su universo (o infierno). La relación es la piedra angular sobre la que todos los grandes carismas cristianos comenzaron a edificar la Iglesia.
Don Benzi lo atestiguó con hechos, pero también lo expresó con mucha lucidez: "Cada hombre esconde un misterio (que es su libertad más profunda) y lo revela cuando quiere convertirlo en un regalo para los demás. Cuanto más me abro a una persona, más conozco su misterio, y cuanto más lo conozco, más se abre esa persona a mí. Dios es el Misterio y se me comunica si soy transparente, disponible (La fe, 1972).
Llevaba entonces a los jóvenes de vacaciones a los Dolomitas para que conocieran su misterio y se acercaran al misterio de Dios. En 1968, el famoso año de la contestación, se produjo una revolución, porque a esas vacaciones en la montaña también fueron personas con discapacidad para que experimentaran la misma simpatía. "Pero se les pidió que se marcharan porque estropeaban la imagen turística del pueblo. Don Oreste lo llamó 'un encuentro apasionante'", recuerda Elisabetta Casadei, "porque todos volvieron a casa cambiados. Así, don Oreste comenzó también la labor cultural de abrir las conciencias".
Ecología humana
Como buen romañolo, tenía un temperamento impetuoso y podríamos usar sinónimos aún más fuertes para describir su empeño por abrir, romper y sacudir las conciencias. Sin embargo, la fuerza de quien se mueve por el santo temor de no sofocar el Espíritu nunca degenera en imposición, sino que contiene también ese aliento de ternura que conquista la libertad ajena.
Una de las madres que viven en la Aldea de la Alegría recuerda la insistencia con la que don Oreste la convenció para que acogiera a un niño autista: "Yo era florista y él me dijo: 'Las flores crecen igual, pero ese niño necesita una familia'. Me martilleó durante seis meses con esta frase y, al final, dejé el trabajo y ese niño vino a nuestra familia".
Las flores necesitan tierra y agua. El hombre necesita algo más para ser realmente hombre. Hoy en día es fácil caer en la trampa ecologista que induce a una empatía con el mundo vegetal y animal, olvidando que la criatura que más sufre el peligro de la desertificación y de una extinción entendida como aniquilación de las almas es el ser humano.
Además de los hogares familiares, que son, quizás, la presencia más arraigada en el tejido de nuestro país, del carisma de don Benzi han surgido otras realidades de acogida que tienen como horizonte común el de compartir directamente, el de no dejar que nadie sufra solo.

Don Oreste Benzi, en una de las numerosas obras sociales que inspiró.
Las prostitutas, los drogadictos, los presos, los ludópatas no merecen ser simplemente objeto de un mero programa asistencial, son almas gracias a las cuales se empieza a construir una humanidad que subsiste gracias al amor gratuito.
Operación Colomba
Respecto a la actualidad que nos lleva a fijar nuestra mirada en el tema de la guerra con titulares de consternación y desesperación, conviene recordar una de las iniciativas promovidas por don Benzi cuando estalló la guerra en los Balcanes.
La Operación Colomba, que sigue existiendo, se basa en la disponibilidad de personas que deciden ir a vivir junto a las poblaciones que sufren la guerra, de ambos bandos. Frente a la preocupación ideológica de sentirse en el lado correcto, dividiendo "a los demás en buenos y malos", el impulso cristiano es el mismo que el de Jesús, que fue a comer a casa de Zaqueo.
"Su actualidad", concluye Elisabetta Casadei sobre don Oreste Benzi, "es haber pensado en un mundo nuevo y posible, la 'sociedad de las relaciones' o 'sociedad de la gratuidad', una sociedad en la que el centro es la persona que tiene tres necesidades fundamentales: poner en práctica sus capacidades, participar aportando su contribución a los demás, estar en relación con Dios".
Un texto de Don Oreste sobre la verdad, el compromiso y la urgencia
"Mañana será demasiado tarde"
»Este es el momento de un cambio histórico: no limitarse a formar la conciencia de los individuos, sino formar un pueblo en el que las conciencias de los individuos respiran y se forman.
»En la práctica: tomamos conciencia de ser un pueblo cuando traducimos el pensamiento de Cristo en los pequeños y grandes acontecimientos de la vida en común. [..]
»El aborto, la esclavitud de las mujeres explotadas por criminales despiadados para ganar dinero con el sexo, el desempleo, los vagabundos, los niños sin familia, los enfermos de Sida, los ancianos solos, la vida consagrada, la necesidad de oración y contemplación, las escuelas, los jóvenes, la educación religiosa y mil otros problemas deben ser abordados y resueltos por un "nosotros" del pueblo católico. Todos los componentes del pueblo cristiano, parroquias, agrupaciones eclesiales, movimientos, cada uno según su don específico, deben asumir el compromiso de renovar todas las cosas para que se hagan realidad los nuevos cielos y una nueva tierra. Es necesario proclamar el estado de emergencia en la Iglesia católica para alcanzar la conciencia de un pueblo que vive de una manera maravillosamente expresada en la carta a Diogneto: 'Los cristianos son el alma del mundo'. Desde ahora mismo, porque mañana quizá sea demasiado tarde".
- Don Oreste Benzi, 'Il Messaggero di Sant'Antonio', julio-agosto de 2000