Miércoles, 27 de octubre de 2021

Religión en Libertad

Francisco abre un sínodo para liberarnos «de nuestros modelos pastorales repetitivos»

«¿Preferimos refugiarnos en las excusas del “no hace falta” o del “siempre se ha hecho así"?»

Papa Francisco.
El Papa apuntó como tarea para el sínodo el «liberarnos de modelos pastorales repetitivos».

ReL

El Sínodo sobre la Sinodalidad, que arrancará en todo el mundo la semana que viene en su fase diocesana y concluirá en el Vaticano en octubre de 2023, quedó formalmente abierto este domingo con la misa que ofició el Papa en la basílica de San Pedro.

"La Palabra nos abre al discernimiento y lo ilumina, orienta el Sínodo para que no sea una 'convención' eclesial, una conferencia de estudios o un congreso político, para que no sea un parlamento, sino un acontecimiento de gracia, un proceso de sanación guiado por el Espíritu", sintetizó Francisco al finalizar su homilía, referida siempre al encuentro de Jesucristo con un hombre rico que quería seguirle (Mc 10, 17-22): "Jesús nos llama en estos días a vaciarnos, a liberarnos de lo que es mundano, y también de nuestras cerrazones y de nuestros modelos pastorales repetitivos; a interrogarnos sobre lo que Dios nos quiere decir en este tiempo y en qué dirección quiere orientarnos".

Son mensajes que ya había trasladado el sábado a los participantes sinodales, y sobre los que abundó al inaugurar el largo evento: "Hoy, al dar inicio al itinerario sinodal, todos omenzamos preguntándonos: nosotros, comunidad cristiana, ¿encarnamos el estilo de Dios, que camina en la historia y comparte las vicisitudes de la humanidad? ¿Estamos dispuestos a la aventura del camino o, temerosos ante lo incierto, preferimos refugiarnos en las excusas del 'no hace falta' o del 'siempre se ha hecho así'?"

Se trata, resaltó, de "caminar juntos en la misma dirección", y para ello definió los calificados como "verbos del sínodo", a saber: "Encontrar, escuchar, discernir".

Encontrar

"Encontrar" forma parte de "la cercanía de Jesús", porque Él sabe que "un encuentro puede cambiar la vida". Por eso en el Evangelio abundan encuentros con los que Cristo reanima y sana: "Jesús no tenía prisa, no miraba el reloj para terminar rápido el encuentro. Siempre estaba al servicio de la persona que encontraba, para escucharla".

Esto es una lección para el sínodo, que no consiste "en organizar eventos o en hacer una reflexión teórica de los problemas, sino, ante todo, en tomarnos tiempo para estar con el Señor y favorecer el encuentro entre nosotros". También con tiempo para la oración, para  "dar espacio a la adoración a lo que el Espíritu quiere decir a la Iglesia".

Interior de la basílica de San Pedro.

La basílica de San Pedro presentó para la apertura del sínodo una asistencia más parecida a los tiempos anteriores a la pandemia. Foto: Captura Vatican Media.

"A menudo preferimos refugiarnos en relaciones formales o usar máscaras de circunstancia", lamentó, con un espíritu "clerical y de corte (soy más monsieur l’abbé que padre)", pero "el encuentro nos cambia y con frecuencia nos sugiere nuevos caminos que no pensábamos recorrer". Por eso pidió tener "encuentros auténticos con Él y entre nosotros... sin formalismos, sin falsedades, sin maquillajes".

Escuchar

El Papa recordó, al comentar el segundo verbo que ha de definir el sínodo, "escuchar", que Jesús lo hacía "sin prisa" y sin "miedo de escucharlo con el corazón y no sólo con los oídos". No daba respuestas formales, ni ofrecía soluciones prefabricadas, sino fingía responder con amabilidad solo para librarse de quien le hablaba: "Cuando escuchamos con el corazón sucede esto: el otro se siente acogido, no juzgado, libre para contar la propia experiencia de vida y el propio camino espiritual".

Para el recorrido sinodal, Francisco pidió lo mismo: "¿Permitimos a las personas que se expresen, que caminen en la fe aun cuando tengan recorridos de vida difíciles, que contribuyan a la vida de la comunidad sin que se les pongan trabas, sin que sean rechazadas o juzgadas?"

"Hacer sínodo", recalcó, "es descubrir con asombro que el Espíritu Santo siempre sopla de modo sorprendente, sugiriendo recorridos y lenguajes nuevos. Es un ejercicio lento, quizá fatigoso, para aprender a escucharnos mutuamente evitando respuestas artificiales y superficiales, respuestas prêt-à-porter, no... No insonoricemos el corazón, no nos blindemos dentro de nuestras certezas. Las certezas muchas veces nos cierran".

Discernir

En cuanto al discernimiento, corona los verbos anteriores, pues "el encuentro y la escucha recíproca no son algo que acaba en sí mismo, que deja las cosas tal como están. Al contrario, cuando entramos en diálogo, iniciamos el debate y el camino, y al final no somos los mismos de antes, hemos cambiado".

Es el diálogo el que ayuda a discernir, dijo el Papa, y en ese sentido "el sínodo es un camino de discernimiento espiritual, de discernimiento eclesial, que se realiza en la adoración, en la oración, en contacto con la Palabra de Dios".

Reflexión sobre la fe en el Angelus

En el Ángelus que rezó el Papa posteriormente ante los fieles congregados en la Plaza de San Pedro, volvió a referirse al episodio del encuentro de Cristo con el hombre rico, pero aquí Francisco puso el foco sobre la fe para interrogarse sobre ella.

El Papa en el Angelus.

Antes del rezo del Ángelus, el Papa continuó reflexionando sobre el episodio del hombre rico. Foto: captura Vatican Media.

"Si principalmente [la fe] es un deber o una moneda de cambio, vamos descaminados, porque la salvación es un don y no un deber, es gratuita y no se puede comprar", precisó.

El Evangelio dice que Jesús "amó" a su interlocutor cuando le escuchó plantearle sus inquietudes. La fe "nace de una mirada de amor", añadió Francisco, y por eso "la vida cristiana es hermosa, porque no se basa sobre nuestras capacidades o nuestros proyectos, sino sobre la mirada de Dios". Si tu fe está cansada y quieres revigorizarla, aconsejó el Papa, "busca la mirada de Dios, ponte en adoración, déjate perdonar en la confesión, vete ante el Crucifijo; en resumen, déjate amar por Él".

"Una fe sin don, una fe sin gratuidad, es una fe incompleta, es una fe débil, una fe enferma", concluyó, comparándola a una comida sin sabor o a un partido de fútbol sin goles: "Una fe sin obras de caridad, al final entristece".

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