Viernes, 19 de julio de 2019

Religión en Libertad

El obispo, Garibaldi y la capitana del Sea Watch


por Angela Pellicciari

Opinión

“El que habita en los cielos se ríe” (Sal 2, 4). Desde hace unos días, las palabras del segundo salmo me llenan de alegría. De verdad. Tanto hablan y tanto hacen los dirigentes de la Iglesia –no solo de la italiana–, que tener muy presente quién es el Señor de la Historia sirve para mantener el sentido de las proporciones y el buen humor.

Gian Carlo Perego, ex director de la fundación Migrantes de la Conferencia Episcopal Italiana, actual obispo de Ferrara-Comacchio (diócesis que, por primera vez desde hace décadas de dominio indiscutido del PCI-PD [comunistas e izquierda], ha visto cómo la Liga [el partido del vicepresidente Matteo Salvini] triunfaba en las elecciones europeas), ha comparado a Carola Rackete, capitana del Sea Watch, con el héroe de los dos mundos Giuseppe Garibaldi, sugiriendo que dé nombre al puerto de Lampedusa.

Carola Rackete es una activista alemana a favor de la inmigración ilegal en el Mediterráneo, capitana del barco Sea Watch 3. Fue detenida por la Policía italiana el 29 de junio tras atracar sin permiso en el puerto de Lampedusa, acusada de colaboración en el tráfico de personas, resistencia a las autoridades marítimas italianas y violencia contra una patrullera contra la que chocó tras desobedecer sus órdenes. El 2 de julio, tras una campaña mediática internacional contra el Gobierno italiano, fue liberada sin cargos.

Evidentemente, la labor de defender a los inmigrantes implica un compromiso en todos los terrenos. Un compromiso que no admite distracciones. ¿Cómo pretender que un obispo entregado a cuestiones humanitarias tenga conocimientos históricos superiores y distintos a los que difunden los medios de comunicación de masas de todo el mundo?

¿Quién es Giuseppe Garibaldi? Es el masón que definió a Pío IX como “un metro cúbico de estiércol” y que tiene un odio tan desmedido a la Iglesia católica como para aventurarse a escribir novelas folletinescas contra sacerdotes y jesuitas. Garibaldi es el hombre que en 1852, antes de dedicarse a la liberación de la Italia meridional que “gemía” bajo el mal gobierno borbónico, era traficante de esclavos: el Carmen, barco mercante que él mismo pilotaba, transportaba guano en el viaje de ida de Perú a China, y de regreso traía una carga de chinos.

Garibaldi, "héroe de los dos mundos" a ambos lados del Atlántico para la mitología masonizante. Como capitán de la marina mercante viajó con frecuencia a América.

El cerebro de la Expedición de los Mil [milicianos que, al mando de Garibaldi, desembarcaron en Sicilia en 1860], el masón siciliano Giuseppe La Farina, cuenta así a Cavour, en alarmados despachos, el orden que reina en Sicilia bajo la dictadura del general: “No debo ocultarle que en el interior de la isla los asesinatos continúan en proporciones pavorosas… El otro día se discutió seriamente si quemar la biblioteca pública, por ser de los jesuitas; en Palermo trabajan más de 2000 niños entre 8 y 15 años y se les paga 3 tarís al día… Se permite formar un batallón a cualquiera que lo solicite, ¡por eso existen numerosos batallones con banda musical y oficialidad completa y cuarenta o cincuenta soldados!... Se acude al tesoro público para coger miles de ducados ¡sin tan siquiera indicar para qué! ¡Toda Sicilia se ha quedado sin tribunales, ni civiles ni penales ni mercantiles, al haber sido depurada toda la magistratura! Se crean comités militares para juzgarlo todo y a todos, como en tiempos de los hunos”.

El 19 de julio de 1860, La Farina, secretario de la Sociedad Nacional [asociación fundada por él para la unidad de Italia], escribe así a su amigo Giuseppe Clementi: “Los pícaros más desvergonzados, los condenados a galeras por robo y asesinato, han sido compensados con empleos y graduaciones militares. La desventurada Sicilia ha caído en manos de una banda de vándalos”.

Lo que hizo Garibaldi en el Reino de Nápoles o de las Dos Sicilias, en el tema Al Sud de Povia.

Cuando en 1867 le llega a Roma el turno de la liberación, Pío IX documenta así la gesta de los garibaldinos, en la carta Ex quo infensissimi: “Se coordinaron bandas improvisadas formadas por gentuza, prestas y dispuestas a cualquier crimen, que se levantaron en nuestras provincias para alzar la bandera de la rebelión: mediante el terror y la rapiña y toda clase de infamias sacrílegas, llevaron la desolación a los pueblos, a los campos y a las ciudades, sin conseguir a pesar de todo alejar a la población de la fe debida ni del respeto a Nos y a la Sede Apostólica”.

Que el Papa no exagera puede deducirse de la descripción que hace Garibaldi de sus hombres: “En general, todos de pésimo origen, ladrón el que menos; y salvo pocas excepciones, con raíces genealógicas en el basurero de la violencia y del delito”.

Quién sabe… tal vez la comparación entre Carola y Garibaldi podría tener algo de razonable. Aunque, ciertamente, no en el sentido pretendido por el obispo de Ferrara.

Publicado en La Nuova Bussola Quotidiana.

Traducción de Carmelo López-Arias.

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