Religión en Libertad

Pornografía y ciencia

Dos investigadoras españolas han demostrado científicamente el negativo impacto social de este consumo y adicción.

Se ha demostrado una relación directa entre el consumo de pornografía violenta y la mayor propensión a la violencia sexual, junto a distorsiones en el comportamiento sexual.Vadim Artyukhin / Unsplash (contextual).

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De camino al 11 de febrero, declarado Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia por Naciones Unidas y providencialmente coincidente con la festividad católica de la Virgen de Lourdes, parece oportuno traer a colación lo inspirador que puede resultar (en ese sentido de puesta en valor para el fomento de las vocaciones científicas en niñas) el trabajo de dos científicas españolas que han dado a conocer los espeluznantes resultados de sus investigaciones. 

Me estoy refiriendo a las doctoras Laura Otero-García y Belén Sanz Barbero, que en sus dos artículos científicos publicados en revistas de alto impacto, es decir, totalmente considerables como información sólida y veraz (concretamente Behavioral Sciences  y BMC Public Health) han demostrado la relación entre el consumo de pornografía con contenido violento, los comportamientos sexuales de riesgo, la violencia contra las mujeres y el bienestar sexual de las personas. 

Los trabajos forman parte del proyecto Caracterización del uso de la pornografía digital y su asociación con la salud sexoafectiva y la violencia sexual: evidencias para el consenso sobre intervenciones con jóvenes en España, una de las líneas de estudio en la Escuela Nacional de Sanidad (ENS) del Instituto de Salud Carlos III.

Los estudios demuestran que en torno al 51% mujeres y el 64% de los hombres de 18-35 años que son consumidores de pornografía han consumido contenidos con violencia física en el último año. Se identifica además en mujeres y en hombres una correlación entre el consumo de pornografía con violencia física y una mayor aceptación de la violencia contra las mujeres, relacionándose en el caso de los hombres el consumo de pornografía con violencia física con niveles más bajos de empatía y de asertividad sexual, en las mujeres con una mayor probabilidad de tener dificultades para alcanzar un orgasmo en una relación de pareja, e identificándose en ambos sexos que el consumo de pornografía con violencia física y la función sexual están asociados. 

En el segundo artículo se demuestra que en ambos sexos el consumo de pornografía violenta se relaciona con una mayor probabilidad de tener comportamientos de riesgo para la violencia sexual, y de tener encuentros sexuales con parejas ocasionales, con posibles problemas de comunicación, así como encuentros sexuales con presencia de alcohol u otras drogas.

Y todo esto lo dicen científicas, no fanáticos ultracatólicos como en ocasiones nos llaman a quienes nos salimos de lo políticamente correcto simplemente diciendo pertenecer a la Santa Iglesia de Dios. Precisamente son ellas las que explican que el consumo de pornografía violento "podría promover actitudes y comportamientos de riesgo para la violencia sexual". 

Además, señalan que los hallazgos de estos estudios "permiten concluir que el consumo de pornografía violenta podría mediar negativamente en las relaciones interpersonales entre personas adultas jóvenes, en detrimento de las mujeres, ya que podría estar comprometiendo en los hombres habilidades como la empatía y el asertividad sexual, necesarias para establecer relaciones basadas en la igualdad y el respeto mutuo".

'Pornografía' de Peter Kleponis y 'La pornografía on line' de Óscar Tokumura.Voz de Papel

La cosa viene de atrás, pero la novedad radica en que las evidencias científicas dan la razón a quienes primero lo indicaron. Algunos de ellos son James R. Stoner, licenciado en Humanidades y doctorado en Harvard, catedrático de Ciencias Políticas en Louisiana State University, y Donna M. Hughes, investigadora internacional en el ámbito del tráfico sexual en Estados Unidos, Rusia, Ucrania y Corea, con una cátedra en la Universidad de Rhode Island, que por encargo del Consejo de Europa llegó a estudiar el uso de las nuevas tecnologías en el tráfico de mujeres y niñas. 

Ambos editaron en 2010 un interesante libro titulado Los costes sociales de la pornografía, que Ediciones Rialp puso a la venta en español en 2014. 

'Los costes sociales de la pornografía', de James R. Stoner Jr. y Donna M. Hughes.Rialp

Ya en la introducción de la obra, se señalaba que la legalización de la pornografía en Occidente fue un proceso que se inició hace todo lo más dos generaciones, porque hubo quién consideró que los costes sociales de la misma no eran suficientemente elevados como para imponer sobre la libertad personal una carga tan pesada como la representada por la supresión o regulación de la misma. Esto se tradujo en embarcar a la sociedad en un experimento consistente básicamente en poner más al alcance materiales que hasta ese momento se consideraban no recomendables u obscenos

Tal medida fue considerada entonces por muchos como un aire de libertad, un caminar hacia un futuro mejor para la humanidad, un quitarse un gran peso de encima, sobre todo por los nostálgicos de Mayo del 68, que todavía no reconocen en su origen que un país como Francia esté entre las naciones en las que más violaciones al año se perpetran, y que no deje de dar a luz probablemente con la misma raíz, monstruosidades como los abusos sufridos por Gisèle Pelicot, que todavía hoy nos siguen horrorizando. 

Desde esos ‘aires de libertad’ a la actualidad, la pornografía se ha convertido en un negocio que ya mueve al año miles de millones de euros, y está conectado con el narcotráfico, la trata de blancas y cosas por el estilo. No hace mucho un artículo de ReL nos presentaba la triste realidad de la visualización de pornografía en España, que en 2025 nos ha incluído entre los 10 países que más consumen en el mundo, y fundamentalmente a través del móvil, poniendo de manifiesto mucho de lo imaginado hace décadas.

Y una vez más, como pasó con el surgimiento del socialismo, la Iglesia católica fue la primera en condenar la pornografía, por lo mismo que aquella ideología: por estar férreamente defendida por el ateísmo militante que, al negar la existencia de Dios, impide absolutamente al hombre alcanzar su plenitud en el conocimiento de saberse amado para así poder amar al prójimo como a sí mismo. 

Esto dice el Catecismo de la Iglesia Católica, publicado en 1992, sobre las ofensas al don de la castidad

  • "La pornografía consiste en sacar de la intimidad de los protagonistas actos sexuales, reales o simulados, para exhibirlos ante terceras personas de manera deliberada. Ofende la castidad porque desnaturaliza la finalidad del acto sexual. Atenta gravemente a la dignidad de quienes se dedican a ella (actores, comerciantes, público), pues cada uno viene a ser para otro objeto de un placer rudimentario y de una ganancia ilícita. Introduce a unos y a otros en la ilusión de un mundo ficticio. Es una falta grave. Las autoridades civiles deben impedir la producción y la distribución de material pornográfico".

¡Ojalá y pronto las autoridades civiles tomen nota!

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