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Cuatro diáconos y dos sacerdotes se ordenan en la basílica del Roble de Monterrey

Presidió la emotiva ceremonia el arzobispo Rogelio Cabrera López, a las puertas de presentar su renuncia episcopal tras cumplir los 75 años.

Ordenación de sacerdotes en la Basílica de Nuestra Señora del Roble de Monterrey.

Ordenación de sacerdotes en la Basílica de Nuestra Señora del Roble de Monterrey.

José María Carrera Hurtado

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Cuatro diáconos y dos sacerdotes han sido ordenados este mes de enero en la Basílica de Nuestra Señora del Roble de Monterrey, en México. Las ordenaciones tienen lugar en el marco de la celebración de los 75 años del arzobispo de la diócesis, Monseñor Rogelio Cabrera López, que presidió la ceremonia. 

Los nuevos diáconos son César Arturo Sánchez Lara, asignado a la parroquia Santa Beatriz de Silva, en Monterrey, José Alberto Pérez Estrada, a la parroquia San Juan Bautista, en García, Isaac Argüello Cepeda, a quien se encomienda la asistencia de la parroquia Nuestra Señora de Loreto, en Pesquería y Pierre Bachelet Thomas, que integrará Santa Elena de la Cruz, en General Zuazua.

Por su parte, los nuevos presbíteros son Juan Pablo Gallegos Querea, nombrado vicario parroquial de la parroquia San Eloy, en Ciénega de Flores, y Miguel Ángel Martínez Colchado, nombrado vicario parroquial de la parroquia San Rogelio, en Monterrey.

La ceremonia, destacada por su clima de “profunda alegría, acción de gracias y solemnidad” según la archidiócesis de Monterrey, encontró en la homilía del arzobispo uno de sus momentos más emotivos, tras referirse a las ordenaciones como un don inmerecido pero profundamente necesario para la Iglesia.

El obispo mencionó que valoró las ordenaciones como un regalo de Dios para el pueblo de Monterrey, se refirió a la posibilidad de compartir la gracia del Espíritu Santo mediante la imposición de manos y la oración de consagración como una de las más hermosas responsabilidades del ministerio episcopal.

El Arzobispo agradeció la presencia de las comunidades parroquiales de donde provienen los ordenandos y resaltó la importancia simbólica de la Basílica de Nuestra Señora del Roble, patrona de la Arquidiócesis, recordando que de las tres basílicas con que cuenta Monterrey —La Purísima, la Basílica de Guadalupe y la del Roble—, esta última tiene un lugar de especial referencia por su carácter patronal.

Durante la homilía, Monseñor Rogelio recordó que Cristo se hace presente en la Eucaristía, en los ministros ordenados —obispos, presbíteros y diáconos—, y también en cada ser humano, creado a imagen y semejanza de Dios. En este sentido, subrayó que el respeto a la dignidad humana no es solo un principio social o legal, sino una convicción profundamente teológica, pues en cada persona se refleja el rostro mismo de Dios.

Dirigiéndose especialmente a los nuevos diáconos y sacerdotes, el Arzobispo los exhortó a no tener miedo, a vivir su ministerio con humildad, comunión y espíritu de servicio, evitando divisiones y dando siempre un buen testimonio ante el pueblo de Dios.

En este contexto, recomendó de manera particular la virtud de la amabilidad, inspirada en la figura de San Francisco de Sales, como una actitud pastoral imprescindible para el trato cotidiano con las personas.

Monseñor Rogelio enfatizó también el llamado central del Evangelio: “Convertíos, porque el Reino de los Cielos está cerca”, explicando que la conversión es una invitación a poner la mirada en Jesucristo, evitando la autorreferencialidad y el narcisismo espiritual. Recordó, al concluir, que el Reino de Dios se manifiesta en la cercanía de Cristo, presente en su Palabra, en la Comunión eucarística y en el amor concreto al prójimo.

Una renuncia recién presentada

Nacido el 24 de enero de 1951 en Santa Catarina (México), Cabrera López celebró este 24 de enero los 75 años, fecha en la que se debe presentar la renuncia canónica a la Santa Sede, a la espera de que esta la acepte o prolongue el episcopado.

El obispo ya anunció su renuncia pocos días antes de la que podría ser su última ordenación como arzobispo titular. Fue el domingo 18 de enero, tras la misa dominical, mediante un vídeo difundido por la archidiócesis, informando sobre la proximidad de su edad establecida para presentar la renuncia.

Hasta que le sea notificada su aceptación por la Santa Sede, aseguró que continuará al frente de la Arquidiócesis de Monterrey “con responsabilidad, obediencia y en plena comunión con la Iglesia y con el Romano Pontífice”.

En su mensaje, Monseñor Rogelio expresó que este paso lo ha dado con paz, obediencia y libertad interior, recordando que la Iglesia es del Señor y que el ministerio episcopal es siempre un servicio. Compartió tres sentimientos que marcan esta etapa de su vida: un profundo sentido de deuda con Dios y con el pueblo que ha servido; un sincero deseo de pedir perdón por sus errores, omisiones y limitaciones; y una gratitud profunda por el acompañamiento, la oración y el cariño recibido de fieles laicos, sacerdotes, vida consagrada, diáconos, seminaristas y obispos, subrayando que nunca se ha sentido solo en su caminar pastoral.

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