Domingo, 16 de junio de 2019

Religión en Libertad

Hombres invisibles


por Carmen Castiella

Opinión

Insoportable superficialidad la del feminismo dominante con sus dicotomías, su visión maniquea hombre/mujer y su rebeldía, tantas veces impostada. ¿De dónde procede tanta rabia y tan poca profundidad? ¿Se puede ser más dogmático e integrista? Los problemas a los que se enfrenta la mujer responden a una variedad de causas, por más que el feminismo corporativo transmita que el hombre es la causa única de todos los males.

Un sano feminismo seguirá siendo necesario mientras persistan la desigualdad y la discriminación. Todos sabemos que las mujeres en ocasiones cobran menos que los hombres por el mismo trabajo. Inaceptable desigualdad contra la que es legítimo y necesario luchar, sin olvidar que la brecha salarial y el techo de cristal responden en ocasiones a una variedad de causas complejas que a veces no implican una discriminación sino una elección, necesidad de conciliación, etc., porque hay mujeres que consideramos la maternidad como un don y no como una alienación.

Pero igual de inaceptable es que a nivel judicial los hombres tengan penas mayores: 20-30% más de condena por el mismo delito. Tampoco se comenta su vulnerabilidad e invisibilidad mediática en muchos otros aspectos de la vida, como que los niños encabezan el fracaso escolar frente a las niñas, los hombres son mayoría indiscutible entre los “sin techo” y su esperanza de vida es bastante más corta, encabezando también las estadísticas de suicidios y de víctimas de homicidios. En Rusia, por ejemplo, la pena de muerte (actualmente suspendida) solo se ha aplicado a hombres y hay países que mantienen el castigo corporal judicial solo para varones. Por no hablar de bajas civiles en conflictos armados, violencia contra el hombre en el servicio militar obligatorio o accidentes laborales.

Pocos se atreven a hablar de denuncias falsas o de divorcios ruinosos, porque solamente plantear estos temas te convierte en sospechoso. Lo más probable es que recibas un: “ O sea, ¿estás diciendo que…?” Y reelaboran tu discurso sacándolo por completo de contexto. Temple y cabeza fría. Nada justifica la violencia y la discriminación contra la mujer. Siento profunda empatía con cada una de las mujeres que han sufrido maltrato.  Pero siento el mismo dolor por cada hombre herido. Algunas feministas han librado  batallas legítimas y siento agradecimiento por esa causa femenina en sus inicios. Todavía hay batallas pendientes que debemos dar unidas como conseguir una baja maternal de más de 16 semanas, porque dejar a nuestros bebés con cuatro meses no es bueno para nadie, o la igualdad salarial a igualdad de trabajo, además de medidas que faciliten la conciliación.

Pero el feminismo actual no va a librar ninguna batalla que facilite la conciliación, porque es evidente que considera la maternidad y la familia como el elemento principal que “aliena” a la mujer. La maternidad no es una cuestión femenina sino social. Lo que hace falta no es una perspectiva de género sino una perspectiva de familia, que la ponga en el centro y asuma que la atención a la vida y a la familia es la primera cuestión social.

Entre la literatura feminista hay algún libro interesante como Monstruas y centauras de Marta Sanz (no comparto su lucha amarga contra el patriarcado, pero escribe muy bien, lanza preguntas y da muchas referencias de otras escritoras, animando a pensar), Mujeres y Poder de Mary Beard (un manifiesto sobre cómo la historia ha tratado a las mujeres), Fuimos nosotras de Magis Iglesias (sobre las primeras parlamentarias de la democracia), Feminista y de derechas de Edurne Uriarte (no creo en la dicotomía izquierda/derecha; me sale decir con Chesterton que “el comunismo es una mala solución pero el capitalismo es el problema”, que aplicado al feminismo podría reformularse así: el feminismo de izquierdas que suprime la maternidad es una malísima solución, pero el feminismo de derechas que somete la maternidad a las reglas de mercado es un problema) o La guerra más larga de la historia de Lola Venegas (que, al hablar de la violencia contra las mujeres, analiza la vejación y cosificación de la mujer en la publicidad y en la pornografía). Y muchas más.

Pero lo cierto es que observo a mi alrededor pocas manifestaciones del presunto patriarcado de dominación masculina en el que dicen que vivimos. Quizás estoy ciega o quizás sea porque soy navarra y lo nuestro, según dicen, siempre ha sido un matriarcado. No lo sé. Pero parece cada vez más claro que cuando hablan de “perspectiva de género" en realidad están hablando exclusivamente de la "perspectiva de género femenino". Tanto los problemas femeninos como masculinos son complejos y responden a una variedad de causas, que en ocasiones no tienen nada que ver con el sexo.

Recomendable también La deshumanización del varón. Pasado, presente y futuro del sexo masculino de Daniel Jiménez, disponible en Amazon, sólido y documentado. Defiende que “si entramos en el tema de las discriminaciones, además de la conocida Ley Integral de Violencia de Género nos encontramos con que el hombre permanece invisible en otras cuestiones legales como la trata de personas, la integridad genital o las políticas migratorias, entre otras”. También me gusta el punto de vista de Jordan Peterson, expresado en esta entrevista en la que muestra un temple admirable frente a la entrevistadora, que se limita a malinterpretar todo lo que dice mientras se lleva las manos a la cabeza con un continuo “So you are saying?” 

Personalmente creo que el feminismo occidental perdió su esencia al no adoptar como propia la lucha de las mujeres en países donde son aplastadas sistemáticamente: mundo árabe, África y Asia. De ahí su actual patetismo por falta de honestidad, victimismo y odio a la propia cultura.

Como consecuencia de todo lo anterior, la identidad masculina es cada vez más frágil y se limita con demasiada frecuencia a “diferenciarse de lo femenino”: masculinidad en crisis. Observo a los niños y a las niñas y, en ocasiones, me parece que los niños son más frágiles y con una identidad más pobre centrada en “no ser una chica”. Mientras que las niñas, habitualmente, van “sobradas” de recursos y son mucho más libres a la hora de expresar su feminidad, a pesar de la insistencia de la sociedad en presentarlas como frágiles y vulnerables. Evidentemente, cada niño y cada niña son un mundo y hay mil matices a lo que acabo de decir. Pero como la sociedad y el feminismo, que tanto critica los estereotipos sociales, basan su discurso asimétrico en lugares comunes, me permito yo también alguna generalización.

En cualquier caso, serenidad. También en nuestras críticas al feminismo dominante. Entre tener razón y ser amable, es mucho más eficaz ser amable.

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