Lunes, 30 de noviembre de 2020

Religión en Libertad

La Generalitat usa la Iglesia como cabeza de turco

La Generalitat usa la Iglesia como cabeza de turco
Un momento de la beatificación, el pasado 7 de noviembre en la Sagrada Familia de Barcelona, del mártir Joan Roig i Diggle (1917-1936).

por Josep Miró i Ardèvol

Opinión

Una vez más el gobierno de Cataluña vuelve a poner en la picota a la Iglesia, en este caso con motivo de la beatificación del joven Joan Roig i Diggle, que fue asesinado durante la guerra civil por una de las desgraciadamente famosas “patrullas” que se dedicaban a matar en la retaguardia.

Hubo, como es bien sabido, una persecución sistemática de la Iglesia con el asesinato de sacerdotes, religiosos y religiosas y obispos que se extendió también a todos aquellos que se caracterizaban por su catolicismo sin ninguna connotación política especial.

Es el caso del joven Roig. El martirologio de la Federació de Joves Cristians de Catalunya, a la que pertenecía el nuevo beato, lo acredita de una forma extraordinaria. Fueron cientos y cientos de jóvenes asesinados por guerrillas de la CNT-FAI, del PSUC, del POUM, en un período en el que ERC, que gobernaba en Cataluña en la persona de Companys, no tenía ningún tipo de control real sobre las milicias armadas.

Todo esto también forma parte de la memoria histórica y de la reconciliación necesaria forjada en torno a ella, y que algunos ahora querrían destruir para rehacer lo que pasó en unos términos muy lejanos de la realidad. Y es que una guerra civil es siempre un desastre terrible que sólo se puede superar a base de la reconciliación y el perdón mutuo.

Todo esto que tenía que estar en el eje de la beatificación de la Sagrada Familia, ha quedado en un segundo plano debido a los ataques que la Generalitat ha llevado a cabo en la persona del vicepresidente Aragonès, la consejera de Sanidad, Alba Vergés, incluso la directora general de Protecció Civil de Catalunya, Isabel Ferrer, que rige el organismo que tiene una nula presencia en lo que son sus competencias en la vida de los catalanes, pero sí aparece en situaciones como ésta.

No ha servido de nada que se adoptaran medidas estrictas de acuerdo con lo que la Generalitat había ordenado, situándose por ejemplo el aforo muy por debajo del 30% establecido. Pero algunas personas que pertenecen al gremio de las que siempre tienen razón, como Pilar Rahola, cargaba en su columna en La Vanguardia contra la Iglesia, porque no bastaba con cumplir la norma, sino que además no había de haber hecho el acto para solidarizarse con las actividades que no pueden abrir. Hay que tener una mentalidad muy especial para utilizar este tipo de argumento, que extrapolado, vendría a decir que cuando la Generalitat ordena cerrar a unos, los otros deberían hacer lo mismo para solidarizarse.

Se argumenta que las cerca de 600 personas que asistieron al acto era un desplazamiento demasiado grande de gente. Sin contemplar que en Barcelona cada día se producen desplazamientos y concentraciones muy superiores. El quid de la cuestión está en la forma como se contempla la beatificación. La ven como un acto innecesario. En el fondo hay esta falta de consideración por las creencias de otros conciudadanos para los que la beatificación sí tiene importancia y trascendencia.

Todos olvidan que la práctica del culto es un derecho humano y constitucional que pertenece a la categoría de los fundamentales.

Pero lo más interesante del caso es que ni la Generalitat, ni la inefable Pilar Rahola, ni los artistas que protestaron por que se movieran cerca de 600 personas para ir a la Sagrada Familia, tienen nada que decir por que el Corte Inglés de la Plaza de Cataluña y de Diagonal, no una vez, sino cada día, atraiga y desplace muchos más visitantes. O que la propia Generalitat dio permiso para que puedan funcionar los Encants Vells de la Plaza de las Glòries, que están abiertos cada semana y que concentran y mueven en cada ocasión tanta o más gente que en la Sagrada Familia sin además guardar las distancias de seguridad. O el caso del Mercado Dominical de Sant Antoni. Aún hay más: algunos oratorios musulmanes en la área metropolitana de Barcelona y en Lérida en concreto reúnen cada viernes varios centenares de fieles en espacios pequeños y cerrados, pero ni una sola voz ha dicho nada en estos casos.

Ahora quieren limitar el máximo a 100 personas. Esto significa que hay eucaristías, como la del Monasterio de Sant Cugat, con capacidad para 1000 fieles y que con 300, que es la cifra actual de admisión, ya van justos, se quedará mucha gente en la calle sin poder asistir a misa si no se triplican las eucaristías.

Pero no hay que pedir un trato de favor. Lo que hace falta es pedir que se aplique a todos por igual, y que no se cambien las reglas después de haber empezado la partida. Hay que decirlo claro: los responsables de las menos de 600 personas que asistieron a la Sagrada Familia no es la Iglesia, que cumplió con creces lo establecido, sino la Generalitat, que ahora ve que su criterio, su norma era defectuosa, porque no fijaba una cifra en términos absolutos. Es la Generalitat la responsable que cierra actividades sin adoptar las compensaciones necesarias.

La incapacidad, impotencia, descontrol del no-gobierno de Cataluña es tan grande que necesita un buque expiatorio políticamente correcto para intentar salvarse. René Girard es más actual que nunca y también su teoría sobre la violencia: “Cuando las sociedades entraban en crisis se volvían violentas y buscaban un posible responsable al desorden para eliminarlo”. Necesitaban un chivo expiatorio. ERC se mantiene fiel a esta tradición histórica de utilizar a la Iglesia.

No puede ser que precisamente el espacio que a lo largo de los meses se ha demostrado como más seguro, el de las parroquias, sea lo que ahora se quiera penalizar y se dé de lado a todos los otros tipos de concentraciones que se producen, algunas, como las ya apuntadas, sin ningún tipo de control. Es una paradoja que llama la atención. La exigencia sobre el culto católico es mucho mayor que la que se aplica al islam. La pregunta es: ¿por qué son así las cosas?

En todo caso, una vez más se pone de relieve la necesidad de que los cristianos consigamos tener una voz cariñosa pero a la vez fuerte y clara para hacer llegar nuestro punto de vista a todos los conciudadanos. Porque si no es así, quedamos en manos, como se ve, una y otra vez de ser el chivo expiatorio de las incompetencias y sectarismos gubernamentales.

Publicado en Forum Libertas.

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