Sábado, 07 de diciembre de 2019

Religión en Libertad

Tiene 20 años, busca crucifijos abandonados en mercadillos, los restaura y les busca un nuevo hogar

Amaury ve este proyecto como una acción misionera / © Johanna de Tessières / Huma Collective
Amaury ve este proyecto como una acción misionera / © Johanna de Tessières / Huma Collective

ReL

Amaury Rheinart es un joven estudiante que ha encontrado su particular forma de ser misionero en una sociedad altamente secularizada. Y para ello recorre los mercadillos de Bruselas en los que se venden numerosos crucifijos que ya no tienen hueco en los hogares, los restaura y los vende para que Cristo vuelva a casas con otras familias.

Este estudiante de 20 años dedica el poco dinero que tiene a buscar crucifijos abandonados y una vez restaurados y transformados les busca hogar. Su objetivo es que Cristo no esté en la calle ni en cajas sino que tenga un hogar. Ha creado incluso una web, Crucifix Constantin, para mostrar sus originales creaciones.

Una misión concreta

En una entrevista con el semanario La Vie, cuenta que esta idea le venía rondando ya en su cabeza. La primera vez fue durante una vigilia scout, cuando quedó conmovido por el testimonio de una mujer que amaba el Sagrado Corazón y recuperaba de los mercadillos todas las imágenes que estaban a la venta. La segunda fue en 2017 cuando un responsable de los Scouts de Europa pidió a los jóvenes que fueran “garantes de nuestra herencia religiosa”.

Y así fue como durante su estancia en Bruselas para estudiar se encontró constantemente en mercadillos viejos crucifijos, a veces dañados, en el suelo. “Para mí, es el símbolo del mundo de hoy que abandona la imagen de Cristo. Quería posicionarme como cristiano”, relata.

Al fin decidió dar el paso y con los escasos 20 euros que tenía en el bolsillo, Amaury se lanzó a buscar crucifijos en el mercado de Marolles. Tras duras negociaciones logró comprar hasta cinco. La semana siguiente pudo comprar algo de pintura y algunas herramientas.  Así surgió el proyecto Constantino, que toma el nombre del emperador que autorizó el cristianismo.

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Después de haber lijado, reparado, repintado y barnizado cada cruz, propone a sus compradores dedicar el crucifijo a una intención particular. "Al principio, les pedí que rezaran por las intenciones del chatarrero que me vendió el objeto. Pero era difícil para algunos rezar por alguien que no conocen”, explica. Ahora, Amaury Rheinart pide a cada uno de su clientes que elijan ellos mismos la intención, y también le pidió que pidan por aquellos que llevan a Cristo a sus sótanos o trasteros. “Me parece hermoso que los crucifijos que se han salvado de la basura todavía puedan tener una intención”, confiesa.

Más allá de la simple adquisición de un objeto bonito, este joven cree que "es una forma de involucrar al comprador en una voluntad misionera y en una dinámica más amplia de oración". Cada creación se vende entre 12 y 33 euros. "Mi objetivo no es ganar dinero", dice Amaury Rheinart, sino renovar tantos objetos religiosos como sea posible. "Todas las ganancias son, por lo tanto, utilizadas para adquirir nuevos hallazgos en los mercadillos para que luego puedan iluminar el mayor número de casas”.

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