Sábado, 19 de septiembre de 2020

Religión en Libertad

Puede ser «un tiempo de gracia», afirma el obispo de San Sebastián

Munilla: «¿Acaso este virus forme parte de una Providencia en la que estemos llamados a renacer?»

El obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla, ofrece algunos consejos para aprovechar este tiempo de obligada restricción de movimientos.
El obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla, ofrece algunos consejos para aprovechar este tiempo de obligada restricción de movimientos.

ReL

"Es un tiempo de gracia": el obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla, reitera esta idea en la Reflexión cristiana sobre el coronavirus que difundió este sábado. (Ver abajo el vídeo completo.)

"¡Qué sorpresa ante esta situación!", anticipa ante la orden de confinamiento en los hogares a la que ha forzado la pandemia y las consecuencias de toda índole que está produciendo, en particular, en Europa: "Es una experiencia de vulnerabilidad", ante la cual pide "ponernos en presencia de Dios y buscarle sentido".

Dios no nos ha mandado el virus, aclara, pero nada escapa a su Providencia: "Dios conduce el hilo de la Historia a buen puerto, y nada sucede sin que Él tenga un designio de salvación en cuanto acontece".

Monseñor Munilla hace luego una sugerente reflexión histórica que nace en las generaciones que vivieron la guerra y la postguerra, "generaciones fuertes, sacrificadas, olvidadas de sí mismas": "Aquellos tiempos tan duros dieron a luz personas fuertes y maduras. Estas generaciones fuertes y maduras dieron a luz buenos tiempos, y esos buenos tiempos de bienestar, en que las cosas fueron fáciles, dieron a luz personas mucho más débiles. Y esas personas mucho más débiles han dado a luz tiempos complicados, en los que los valores básicos en los que se ha asentado nuestra generación se han puesto en solfa, hemos dudado de las raíces de nuestra civilización y de nuestras convicciones cristianas y han venido tiempos difíciles".

"Los tiempos duros dieron a luz personas fuertes, las personas fuertes dieron a luz buenos tiempos, los buenos tiempos dieron a luz personas débiles, y las personas débiles dieron a luz tiempos difíciles... ¿Qué tendrá que ocurrir para que ahora estos tiempos difíciles den de nuevo a luz personas fuertes, como aconteció antaño?", se pregunta el prelado donostiarra.

La respuesta puede ser la pandemia que sufre ahora el mundo: "¿Acaso este virus forme parte de una Providencia en la que estemos llamados a renacer, a entender que no somos nada sin la gracia de Dios, pero que con Dios lo somos todo, que en Él podemos tener plena confianza y seguridad?".

El obispo guipuzcoano señala también que este es un tiempo de "obediencia firme y responsable pensando en el bien común".

Hay que pensar en cómo llenar el tiempo vacío por la renuncia obligada a muchas actividades cotidianas. Puede ser un tiempo "en el que construyamos, en el que maduremos", y monseñor Munilla invita a hacer una agenda para gestionar el tiempo: "Cuidar el orden para que el orden cuide de mí", dice, siguiendo a San Agustín. Hay que vivir este tiempo "como un regalo de Dios". Es un "tiempo de gracia" para el que propone, por ejemplo, leer con calma las lecturas litúrgicas del día, "personalizándolas, estudiándolas".

Igualmente, dado que normalmente comulgamos sin una adecuada preparación para recibir a Jesucristo, sugiere que  durante este tiempo en el que no se pueda asistir a misa se hagan comuniones espirituales preparándose bien para recibir a Jesucristo cuando sea posible. Y sugiere que, finalizado este periodo de reclusión, se haga "una confesion sacramental para comulgar mejor": "¡Qué buena oportunidad para que en este tiempo hagamos examen de conciencia y preparar una buena confesión!"

Es "un tiempo de gracia", insiste, en el que además podemos aprender a pensar más en los demás y darnos cuenta de que "el prójimo existe, y amarlo". "Tiempo de gracia", concluye, que coincide con Cuaresma y con el mes de San José.

Monseñor Munilla concluye su reflexión arrodillándose ante la Virgen de Fátima para rezarle la oración que ha compuesto el Papa Francisco a la patrona de Roma, Salus Populi Romani, y que aplica por los enfermos, por los sanitarios y por los responsables públicos.

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