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Los obispos alertan de un «reduccionismo emotivista de la fe» y ofrecen algún criterio de actuación

La Comisión para la Doctrina de la Fe vio aprobado un texto sobre la cuestión en la última Comisión Permanente.

La Comisión Permanente del episcopado se reunió los días 24 y 25 de febrero.

La Comisión Permanente del episcopado se reunió los días 24 y 25 de febrero.Conferencia Episcopal Española (captura)

Redacción REL
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En su última reunión, celebrada los pasados 24 y 25 de febrero, la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española aprobó una nota doctrinal de su Comisión para la Doctrina de la Fe que ha sido difundida este martes. Lleva por título "Cor ad cor loquitur" [El corazón habla al corazón] y está consagrada al "papel de las emociones en el acto de fe".

La nota de la comisión (que preside el obispo de Solsona, Francisco Conesa Ferrer) se debe, explica ella misma, al "riesgo de un reduccionismo 'emotivista' de la fe, que lleva a muchas personas a convertirse en consumidores de experiencias de impacto y buscadores insaciables de la complacencia del sentimiento espiritual". 

Sin embargo, el propio texto parte del principio de que el "intercambio incesante" con Dios que expresa el propio título (Cor ad cor loquitur fue el lema cardenalicio de San John Henry Newman) "afecta a la persona en el conjunto de sus dimensiones: afectiva, intelectual y volitiva".

La razón de ser del documento

"En los últimos años se aprecian signos que indican un renacer de la fe cristiana, especialmente entre los jóvenes españoles de la llamada 'generación Z', aquellos nativos digitales nacidos entre mediados de los 90 y la primera década del 2000", comienza señalando Cor ad cor loquitur. Y añade enseguida que "la Iglesia valora la creatividad de las diversas iniciativas de primer anuncio que el Espíritu Santo ha suscitado en muchos movimientos y asociaciones eclesiales para facilitar a tantas personas el encuentro con Cristo o la revitalización de su fe".

En todos esos métodos "tienen un peso importante las emociones y los sentimientos, que provocan un primer 'impacto' en la persona y conducen a la conversión y a la adhesión a Cristo". Pero "no son pocos, incluso entre los promotores de estas experiencias, que han advertido del riesgo de un reduccionismo 'emotivista' de la fe, que lleva a muchas personas a convertirse en consumidores de experiencias de impacto y buscadores insaciables de la complacencia del sentimiento espiritual". 

El objetivo del texto de los obispos es, en consecuencia, recordar que "el anuncio de Cristo no busca de modo directo provocar sentimientos, sino testimoniar un acontecimiento que ha transformado la historia y es capaz de transformar la existencia de todo ser humano ocupando el centro de su vida". Y quieren también advertir de "la necesidad de regular y discernir las emociones porque pueden ser un obstáculo para el crecimiento espiritual".

Los criterios de discernimiento

"Resulta determinante encontrar un equilibrio dentro de la vida espiritual entre los aspectos intelectivos, volitivos y sentimentales", apuntan los obispos, pues "los sentimientos no pueden desligarse ni de la verdad ni del bien".

No se trata de negar "las emociones en el acto de fe", pues eso implicaría "renegar de la condición humana". La afectividad es necesaria porque "como dimensión humana fundamental en armonía con la razón y la voluntad, supera al mero sentimentalismo y libera a la fe de las redes del subjetivismo y del emotivismo". 

Es la verdad, dicen, la que impide a la caridad caer en "sentimentalismo" y la que salva el papel del corazón: "Creer con el corazón es el mejor antídoto contra los dos grandes enemigos de la vida espiritual apuntados por el Papa Francisco: el neo-gnosticismo y el neo-pelagianismo":

  • El primero "concibe la salvación como algo puramente interior, cerrando al sujeto en la inmanencia de su propia razón o sentimientos". 
  • El pelagianismo, por su parte, "acentúa el carácter radicalmente autónomo del individuo, que pretende alcanzar la salvación por sus propias fuerzas. Esto se traduce, entre otras cosas, en una autocomplacencia por los frutos alcanzados, en la obsesión por la ley y en la ostentación en el cuidado de la liturgia, de la doctrina y del prestigio de la Iglesia".

El camino correcto

Hay una forma, por tanto de encauzar la afectividad, y con ese fin los obispos ofrecen en el texto "unos criterios que pueden ayudar a enriquecer la experiencia de fe de las nuevas iniciativas de evangelización surgidas recientemente en el ámbito del primer anuncio".

Entre estos criterios ofrecen los siguientes:

  • "que la oración cristiana no pierda su identidad trinitaria y que el primer anuncio, así como los procesos de discipulado, presenten a Jesucristo, al que conocemos por la acción del Espíritu, que nos revela el rostro del Padre";
  • "que se ha de ser precavido ante los sentimientos y las emociones que simplemente proporcionan bienestar al sujeto. Cristo, por el contrario, llama a cargar con la cruz y a seguirlo. A una fe basada solo en sentimientos agradables y positivos le repugna la cruz";
  • que "la vivencia emocional de la fe se ha de asentar en la verdad objetiva del kerygma, cuyo contenido se encuentra en la Palabra de Dios transmitida e interpretada por la Iglesia";
  • que "una auténtica vivencia eclesial de la fe no absolutiza el carisma del propio grupo, sino que lo pone al servicio de la unidad de la Iglesia; y no excluye otros carismas, sino que aprecia la riqueza que aporta al conjunto. Igual se puede decir de los métodos evangelizadores: ninguno ha de considerarse como absoluto, y se ha de admitir que lo que sirve para unos, no ha de ser necesariamente válido o útil para otros";
  • que "la fe no puede quedarse en una experiencia meramente emocional, sino que se traduce en la caridad hacia los más pobres, en el testimonio y el servicio que transfiguran el mundo haciendo presentes en él los valores del Reino";
  • que se ha de evitar "una oración 'espiritualista' desencarnada o unas celebraciones litúrgicas intimistas y efectistas. Se corre el peligro de reducir la liturgia a un mero 'devocionalismo' que potencia el subjetivismo sentimental frente a lo comunitario, objetivo y sacramental";
  • que "el respeto y la fidelidad a las normas litúrgicas... evitará el subjetivismo y la arbitrariedad de formas del culto eucarístico así como el uso de elementos extraños a lo dispuesto en el Ritual".

Afectividad, emociones, sentimientos

Los obispos concluyen exhortando "a abrazar la fe en la totalidad de sus dimensiones, reconociendo y valorando la importancia de las emociones y los sentimientos en el marco de una sana afectividad en la experiencia creyente, lo que permitirá el encuentro transformador con Cristo 'de corazón a corazón'”.

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