Miércoles, 18 de septiembre de 2019

Religión en Libertad

Sus novelas sobre el Padre Elías, obras maestras de la literatura apocalíptica

Michael O´Brien escribe a impulsos de la gracia las novelas que concibe rezando ante el Santísimo

Muchas novelas suyas han nacido, confiesa Michael, rezando ante el Santísimo expuesto.
Muchas novelas suyas han nacido, confiesa Michael, rezando ante el Santísimo expuesto.
Para cientos de miles de lectores en todo el mundo, Michael O'Brien es y será siempre el autor de El Padre Elías, la obra que le dio celebridad mundial, comparable en tantos aspectos a Señor del mundo de Robert Hugh Benson.


El Padre Elías, una novela apocalíptica que todos los críticos sitúan al nivel del ya clásico Señor del Mundo de Benson. Un anciano religioso de clausura, judío converso, recibe del Papa la orden de averiguar si el hombre que se está configurando como gran líder mundial en nombre de la paz y del progreso es, en realidad, el Anticristo. La misión, casi suicida, servirá también para que el sacerdote se enfrente a todos sus vacíos y miedos interiores. Pincha aquí para adquirir ahora El Padre Elías.

Canadiense nacido en Ottawa en 1948, O'Brien actualizó casi un siglo después de Benson un género literario que podríamos denominar distopía apocalíptica católica. Para millones de cristianos en todo el mundo (ha sido traducido a 14 lenguas) puso sobre la mesa, con una espléndida trama de ficción, las inquietudes espirituales que sacuden el mundo. Un mundo que, por primera vez en la Historia (¿y tal vez última?), se alza expresa y deliberadamente contra Cristo para instaurar un reino que, no siendo de Dios, solo puede ser de su mayor enemigo: Satanás.

Michael vive en Combermere, una pequeña localidad en las montañas de Ontario, sin teléfono, sin televisión, sin internet, acudiendo a la música ("sólo clásica") como inspiración. Allí su esposa Sheila y él han criado seis hijos y les visitan diez nietos.



Cuesta pensar que la literatura no entraba en los planes vitales de O'Brien, pintor de profesión, especializado desde 1976 en arte religioso, con más de cuarenta exposiciones realizadas en Canadá y Estados Unidos y cientos de obras suyas embelleciendo templos, monasterios, centros educativos y, por supuesto, las colecciones privadas de quienes valoran su talento.


Las negaciones de San Pedro, un expresivo icono de Michael O'Brien.

"En cierto sentido, yo nunca decidí [ser escritor]", explica en una reciente entrevista a Catholic World Report . Recuerdo que un día, a mediados de los 70, cuando estaba pintando tranquilamente en mi estudio, floreció en mi mente una historia de ficción, completa, casi visualizando las escenas y unos ricos diálogos. El fenómeno me sorprendió completamente. A medida que pasaban los días y las semanas, la historia fue creciendo en mi imaginación, así que decidí escribirla, más que nada para zanjar el asunto y poder volver a lo que entonces consideraba mi auténtico trabajo como pintor. Diecinueve años después se publicó bajo el título A Cry of Stone [Un grito de piedra]. Nunca estudié literatura ni escritura creativa, nunca me sentí ni me dije: 'Y ahora, voy a escribir una novela'. Da la impresión de que escribir surgió del torrente de mi vocación como artista visual".

Ante el Santísimo
Tal vez porque buena parte de su producción con el pincel es de iconos, un arte cuyos creadores trabajan tras una intensa meditación, la labor literaria de Michael O'Brien toma su aliento de fuentes divinas: sus nuevos proyectos nacen, "con mucha frecuencia, en la oración": "Algunos de mis mejores libros aparecieron de pronto en mi imaginación de forma embrionaria, como una 'palabra' o tema nuclear, un logos si lo prefieres, mientras me encontraba rezando ante el Santísimo Sacramento expuesto. Y a veces esto sucedió cuando yo no estaba en modo alguno pensando sobre qué podría escribir. En resumen, [en mis novelas] mucho es imaginación humana básica, mucho es el clásico trabajo duro, y mucho es gracia".

Y "mucho es gracia" porque, en opinión de O'Brien, "como en todo arte cristiano la vocación del escritor consiste en hacer visible lo invisible, pero de tal forma que el lector experimente en asombro y la reverencia hacia el Ser mismo. Esto implica contar una historia en la que los movimientos misteriosos de la divina providencia en la vida humana resulten más comprensibles, y el drama de la existencia en el que todos estamos inmersos se vea con nuevos ojos: cargado de peligros y de una sublime belleza. Sean o no explícita o implícitamente cristianos sus temas, la fidelidad del escritor a la realidad última (la Verdad) agranda el universo del lector".

Esa visión cristiana le lleva a decir, después de 45 años de ser "un artista en Cristo", que su creatividad no es suya: "Es una gracia co-creadora. La gracia y la naturaleza humana trabajan juntas para crear 'palabras' que den vida a otros. Y para que tu propio arte se convierta en palabras vivientes, la oración es absolutamente fundamental".

Unidad de vida
La vida y la obra de Michael O'Brien han adquirido ya extensión y relevancia suficientes como para merecer una biografía: On the Edge of Infinity [En los límites del Infinito], escrita por Clemens Cavallin, profesor de Historia de las Religiones en la Universidad de Goteborg (Suecia), quien comparte con su biografiado la actividad como pintor religioso y el número de hijos. La biografía cuenta con el respaldo de Peter Kreeft, el profesor del Boston College autor del imprescindible ensayo Cómo ganar la guerra cultural, para quien O'Brien es "el mayor novelista católico vivo" y Cavallin "el biógrafo a la altura de la tarea elegido por Michael y la Divina Providencia".


En 2016, Michael O'Brien recibió el Premio Aquinas al mejor autor de ficción, que entrega el Aquinas College de Nashville (Tennessee) en su Tolkien & Lewis Celebration anual, de manos de uno de sus más prestigiosos profesores, Joseph Pearce.

Para preparar su trabajo, ha profundizado durante días de conversaciones con Michael a lo largo de cinco años, sobre su triple faceta: pintor, escritor y padre de familia que tiene que llegar a fin de mes. Y que en las tres se nutre, dice Cavallin, "de su intensa y mística relación con Dios". 

El libro cuenta una anécdota significativa. Debía Michael pintar a San Francisco de Asís para un convento de religiosas franciscanas. Como suele sucederle, se encontraba totalmente vacío de inspiración, a pesar de sus largas horas de oración buscándola. "En un momento dado, se sentía tan abrumado por un sentido de derrota y de incapacidad que se postró sobre el suelo de la capilla y clamó a Dios que para él era imposible hacer un icono de San Francisco. ¡Tendría que pintarlo otra persona! Como si de una réplica se tratase, se impresionó entonces sobre la pantalla de su imaginación una imagen del santo con un cuenco roto en las manos, en representación de la pobreza de nuestra humanidad, e introduciendo sus dedos en el cuenco. Entonces se levantó y acudió a ver a la abadesa para contarle lo que había pasado. Se encontraron en el recibidor... porque ella también se dirigía a verle. Antes de que él pudiese decir una palabra, ella le dijo: 'No quiero entrometerme, Michael, pero estaba justo ahora rezando por usted, y vi en mi mente una imagen de San Francisco con un cuenco roto en las manos e introduciendo sus dedos en el cuenco'".

Y es que, según O'Brien, la misión del pintor de iconos es "expresar la unidad de lo humano y lo divino, crear un símbolo que revele al espectador una presencia santa".

Del dolor a la paz... no necesariamente al triunfo
Como escritor, es en cierto modo lo mismo: crea personajes que emprenden un viaje dejando atrás todo lo que les ha hecho hasta el momento ser lo que son, a la búsqueda de hacer realidad el plan de Dios. (Pensemos en la profética La última escapada, cuya edición en inglés data de 1999, y que ya anticipaba la realidad actual de la imposición escolar de la ideología de género: un padre que lo deja todo y huye con sus hijos, perseguido como un peligroso criminal por no querer que sean adoctrinados en el colegio.) "Es, por supuesto, el Via Crucis del cristiano", comenta Cavallin, "el proceso de vaciamiento de sí, la kenosis... La persona auténtica es purificada por las dificultades y un intenso sufrimiento, y al final de la novela se ofrece la reconciliación. Pero no en forma de exaltación y éxito: la mayor parte de las veces, el protagonista alcanza la paz interior, y abandona esta vida con la expectativa de una felicidad eterna".


El Padre Elías dejó a cientos de miles de lectores pendientes de una respuesta. Años después Michael O'Brien la ofreció en El Padre Elías en Jerusalén. Pincha aquí para adquirir ahora esta obra.

¿En quién ha bebido Michael O'Brien desde el punto de vista literario? Él confiesa su debilidad por J.R.R. Tolkien, por Dante, por Fiodor Dostoievski, por Alexander Soljenitsin. Y a quien desee formarse como escritor cristiano, le recomienda dos obras: Misterio y maneras, de Flannery O'Connor, y Arte y escolástica, de Jacques Maritain.

Lo que da sentido a la vida y la obra de O'Brien es, en última instancia, la fe, afirma Richard Bastien en Catholic World Report: "Su espiritualidad, su vida familiar, su arte y su imaginación no deben verse como compartimentos estancos, porque brotan y se alimentan de la misma fuente: su fe católica. De ella nacen sus novelas, sus ensayos, sus cuadros, su vida familiar, sus opiniones morales y políticas. En un mundo marcado por la discrepancia y el desacuerdo, O'Brien encarna la unidad de vida".
 
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