Martes, 22 de octubre de 2019

Religión en Libertad

Lo peor de la condición humana

Como en «Seven»: Siete pecados capitales, siete juicios que hicieron historia

La frontera en la que el mal moral se convierte en delito puede atravesarse con facilidad e incluso con exceso.

C.L. / ReL

Brad Pitt y Morgan Freeman.
Brad Pitt y Morgan Freeman.
¿Estaríamos o no entre quienes, en la escena final de Seven, apretarían el gatillo? La película dirigida en 1995 por David Fincher e interpretada por Brad Pitt y Morgan Freeman nos situaba ante uno de los más odiosos psicópatas de la historia del cine, papel bordado por un Kevin Spacey decidido a castigar de modo cruel siete paradigmas de los siete pecados capitales.

El abogado Basil D. Beck III, que ejerce en Filadelfia (Estados Unidos) ha elaborado una pequeña reflexión sobre esos siete pecados desde una perspectiva distinta: en este caso el criminal no es quien los castiga, sino quien los comete, quien en un determinado momento transforma su vicio moral en delito. Para ello ha seleccionado siete célebres casos -casi todos de la historia judicial norteamericana- que los ejemplifican.

Arrimando profesionalmente el ascua a su sardina, Beck hace un alegato en favor de la importancia de la defensa y de que incluso los más abyectos individuos tengan un juicio justo. Ésta es su selección.

Anna Friel encarnó en 2008 a la Condesa Sangrienta.
Soberbia
Isabel Bathóry (15601614) fue una noble húngara emparentada con la familia real. Estaba obsesionada por su apariencia y por su belleza, pero esa obsesión tenía "un lado oscuro". Tras la muerte de su marido, ella y otros cuatro sirvientes suyos fueron acusados de torturar y asesinar a cientos de chicas jóvenes a lo largo de años. La Condesa Sangrienta, como fue conocida, creía que bañándose en la sangre de jóvenes vírgenes conservaría su juventud y su hermosura.

Sus sirvientes fueron juzgados y condenados a muerte, pero a ella se le libró de ese destino en atención a su clase. La encerraron en una torre en una celda con un único agujero por donde metían y sacaban la comida. Murió en prisión cuatro años después.

Tiene siglo y medio por delante para seguir despreciando a sus víctimas...
Avaricia

Del Renacimiento pasamos a la más rabiosa actualidad. Bernard Madoff (n. 1938) puso en marcha la mayor estafa piramidal de la historia, desviando 65.000 millones de dólares de miles de inversores, que él y sus socios dedicaban a sostener un tren de vida insultantemente lujoso. Aunque se le estaba denunciando desde 1999, nadie hizo nada hasta el crack bursátil de 2007, que lo puso todo al descubierto.

Juzgado en 2009, se le condenó a 150 años de prisión por once cargos distintos. En una entrevista concedida a The New York Magazine en junio de 2010 no mostró arrepentimiento alguno: "Que se jodan mis víctimas. Erean avaros y estúpidos".

Su suicidio "tranquilizó" a muchos...
Lujuria

Unos años antes, los titulares los había ocupado una madame de lujo, Deborah Jeane Palfrey (1956-2008), quien dirigió una red de prostitución de alto standing en Washington, DC entre cuyos clientes se hallaban nombres de altas personalidades de la política y de la vida social de los que sólo salieron a relucir algunos: un senador, un embajador, un jefe miltar... Tras cuatro años de investigación policial pudieron demostrarse, aparte de esos delitos, otros de fraude y de blanqueo de dinero.

El juicio puso bajo los focos a doce de las prostitutas de Deborah en unos testimonios cuya escabrosidad desveló insólitos vericuetos. Condenada a 55 años de prisión -ya había sido encarcelada antes-, la Madame del DC, como era conocida en los medios, se suicidó en casa de su madre antes de entrar a cumplirla.

Un asesino que disfrazaba sus crímenes con reivindicaciones políticas. ¿Les suena?
Ira

Decir Ted Kaczynski (n. 1942) no es tanto como decir Unabomber, como era conocido hasta su identificación el enemigo público número uno del FBI entre 1978 y 1995. Durante ese periodo envió 16 cartas-bomba que mataron a tres personas e hirieron a 23. La investigación policial no daba con él por más que invertía en averiguar su nombre y paradero, hasta que cometió un error: publicó un manifiesto en el que teorizaba las razones de su odio y su rabia contra la sociedad industrial. Su madre y su hermano reconocieron su estilo y le denunciaron, lo que permitió su detención.

Kaczynski se declaró culpable de diversos cargos, aunque luego se retractó. Para evitar la condena a muerte pactó una cadena perpetua sin opción a libertad condicional.

Lo peor de lo peor de la maldad humana.
Gula

El caso que aporta Beck como muestra de exceso en el comer y el beber es de exceso en algunas cosas más. Jeffrey Dahmer (19601994) era, sí, un alcohólico desde muy joven, pero pasó a la historia por crímenes que podrían rivalizar con los de Seven. O El silencio de los corderos, pues hablamos de un "glotón" comparable al Hannibal Lecter que inmortalizó Anthony Hopkins. Conocido como El carnicero de Milwakee, provenía de un hogar roto. Cometió su primer asesinato a los 18 años. Luego entró en las Fuerzas Armadas, de donde fue expulsado por su afición al alcohol. Durante catorce años se convirtió en un asesino en serie de la peor especie: 17 víctimas, varones, a quienes violaba vivos y muertos, desmembraba e incluso parcialmente se comía.

Detenido en 1991, fue sentenciado a 957 años de prisión, el máximo que marca la ley en Estados Unidos -cadena perpetua aparte-. Tres años después murió durante una pelea en prisión.

La prueba definitiva.
Envidia

El único absuelto de la serie: OJ Simpson (n. 1947). Ex jugador de fútbol americano, actor de cine, presentador de televisión... Cuando fue acusado del asesinato, por celos, de su segunda mujer, Nicole Brown, y del amante de ésta, el país quedó conmovido. El juicio batió récords de audiencia televisiva.

Al final OJ (Orenthal James) fue absuelto -sin que todo el mundo quedase convencido de su inocencia-, pero la vista puso al descubierto sus enfermizos celos y cómo degeneraron en discusiones y abusos. El tamaño de un guante hallado en la escena del crimen y que no cabía en la mano de Simpson (habría encogido por la sangre, según la acusación) fue decisivo: "If the glove don´t fit, you must acquit", proclamó en pareado su defensor ("Si el guante no le sirve, tiene que absolverle"), en un golpe de efecto propio de la mejor película de juicios.

¿Negligente o asesina?
Pereza

¿Pueden la negligencia y el desinterés de una madre llegar hasta la muerte de su hijo? Fue lo que sucedió en 2008 en Florida con Caylee, de tres años. Vivía con su madre, Casey Anthony, y sus abuelos. Un día desapareció, pero Casey no parecía interesada en descubrir su paradero y daba a la abuela de la pequeña explicaciones inconexas de por qué hacía semanas que no estaba en casa. Al cabo de un mes, Cindy, la madre de Casey, denunció el asunto a la policía y les dijo que el coche de su hija olía a cadáver. Comenzó una búsqueda que dio con los restos de la niña en un bosque cercano.

Casey fue acusada de asesinato, pero no pudieron hallarse pruebas concluyentes y fue condenada sólo por un delito menor, proporcionar información falsa a un agente de la autoridad. El misterio permanece.



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