¿Hay que dar a la Iglesia el 10%? Un diácono padre de familia se lo planteó y respondió con un libro
La generosidad no se basa tanto en las necesidades de la parroquia, sino en devolver a Dios los bienes recibidos.

A la hora de decidir cuánto dar a la Iglesia es obligado tener en cuenta las propias obligaciones confiadas por Dios, como los hijos.
Aunque la expresión "diezmos y primicias" forma parte del lenguaje cristiano clásico para indicar lo que un católico debe aportar a la Iglesia, la referencia bíblica al 10% "no es y nunca ha sido un mandato estricto para los católicos", explica Jonah McKeown al plantear la cuestión en el National Catholic Register.
Una generosidad ordenada y racional
También se lo planteó Christopher Warner, a quien cita McKeown como autoridad porque ha escrito un libro al respecto.
Christopher, casado y padre de familia, es diácono greco-católico de la Eparquía de San Nicolás en Chicago y se preguntó junto a su esposa cuánto dinero debía dedicar a Dios su familia. Llegaron a la conclusión de que la generosidad -obligada- debía ser "ordenada, racional y ligada a la vocación" de cada cual. Recogió lo averiguado al respecto en Dinero católico. Un padre enseña a su hijo economía familiar.
Warner parte de la base de que no puede existir un porcentaje obligatorio aplicable a cada hogar y en cada momento de la vida, sobre todo porque eso "oscurecería el punto fundamental, que es el amor y la responsabilidad": "Lo económico es solo una forma de practicar la caridad, primero hacia nuestra esposa e hijos y luego hacia los pobres y la Iglesia".
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A qué estamos obligados
El canon 222.1 del Código de Derecho Canónico afirma que "los fieles tienen el deber de ayudar a la Iglesia en sus necesidades, de modo que disponga de lo necesario para el culto divino, las obras de apostolado y de caridad y el conveniente sustento de los ministros". Esto no lo limita al 10%, y de hecho, dice Warner, San Agustín o San Juan Crisóstomo exhortaban a los ricos a superar ese porcentaje.
Sin embargo, esto no se aplica a los pobres o a quienes tienen obligaciones que "les impiden dar más, de lo que no deben sentirse culpables", sentencia Warner, pues "cuidar y educar a sus hijos en la fe" ya es "una auténtica labor en favor de la Iglesia": "Nuestros hijos no son obstáculos a la caridad. Nos han sido confiados por Dios y ellos mismos forman parte del Cuerpo de Cristo".
Ser buenos discípulos de Jesús
Confirmando este punto de vista, Eric McArdle, presidente de Catholic Stewardship Consultants (asociación que fomenta la generosidad de los fieles para con sus parroquias, más allá del fundraising), señala que dar a la Iglesia "no tiene que ver con lo que la parroquia necesita de sus parroquianos", sino con "nuestra necesidad de devolver a Dios porque Él nos ha dado antes". Y eso no puede estandarizarse en porcentajes.
McArdle cuenta que para obtener esos recursos necesarios es más eficaz educar a los fieles como "discípulos de Jesús" (de modo que esa espiritualidad "afecte a todas las áreas de nuestra vida"), que insistirles en una cifra, "lo que probablemente no tendrá éxito".
En palabras de Dan Cellucci, presidente of Catholic Leadership Institute [Instituto de Liderazgo Católico], se trata de invitar a los feligreses no solo a dar dinero, sino también su tiempo y sus talentos personales. De hecho, añade, entre las generaciones jóvenes están funcionando mejor las campañas de fundraising referidas a situaciones personales, "a un amigo que lo necesita", que "a instituciones como la diócesis o la parroquia". No se trata, por tanto, de una estrategia financiera, sino de "llevar los corazones de la gente a Dios y a un sentimiento más profundo de vocación y conexión con la Iglesia".
Desde el punto de vista familiar, concluye el diácono Warner, lo importante es que los hijos vean que sus padres contribuyen a la Iglesia, sea con dinero, tiempo o sus capacidades personales, que vean que son generosos con la Iglesia o incluso receptores de su generosidad, porque "no hay ninguna vergüenza en recibir: la abundancia es algo que va y viene en distintas etapas de la vida".