Los herederos literarios de Newman: una huella que va más allá de lo espiritual y lo teológico
No solo suscitó conversiones y marcó el estudio de la fe, también dio lugar a toda una estirpe de escritores influidos y admirados por su estilo.

La influencia de John Henry Newman no fue solo espiritual (conversiones) e intelectual (teológica), sino también literaria.
Además de su inmensa obra teológica, John Henry Newman puede considerarse un gran hombre de letras de gran influencia en el ámbito literario: James Joyce, Paul Claudel, G.K. Chesterton, J.R.R. Tolkien, C.S. Lewis son, cada uno a su manera, sus herederos o admiradores.
Hubert Darbon lo explica en el número de noviembre de La Nef:
Los herederos literarios de Newman
- "Libros para leer: ante todo Pascal [...]. Muchos libros de mística [...]. Bossuet [...]. Dante. Todo lo que puedas encontrar de Newman".
Este es el consejo que Paul Claudel dio a su corresponsal Jacques Rivière, quien, comprometido en un camino de conversión lleno de baches, le preguntó qué podría servirle de apoyo.
El ojo de poeta y dramaturgo de Claudel, ese cristiano inclasificable, no se equivocaba, ya que reconocía a través de los siglos una familiaridad entre estos grandes nombres que no se limitaba únicamente a la fe católica. Pascal, Bossuet y Dante fueron escritores cristianos, pero del mismo modo que no se les puede considerar despojados de la fe que animaba sus escritos, tampoco sería apropiado olvidar el genio literario y poético a través del cual se expresaba esa fe.
Al elaborar su lista, Claudel recordaba no solo la importancia apologética de John Henry Newman, sino también su legitimidad como hombre de letras.
El elogio y el respeto de James Joyce
La influencia de Newman traspasó con creces el ámbito estrictamente eclesiástico y teológico: para muchos escritores fue un igual o un maestro alabado por la riqueza y la "grave belleza de su estilo". La cita es de James Joyce, quien, en Retrato del artista adolescente, su pseudoautobiografía, situaba la prosa de Newman, "claustral y veteada de plata", por encima de todas las demás:
- "Nadie ha escrito jamás en inglés una prosa comparable a la de un insignificante pastor anglicano que más tarde se convirtió en príncipe de la única Iglesia verdadera".
De los treinta y dos autores que, demostrando su virtuosismo y su gran cultura, se propuso imitar en el episodio 14 del Ulises, el único que no fue parodiado, sino "reproducido en toda su pureza", fue Newman.
Chesterton, un heredero
La publicación de esta novela [Ulises] en 1922, considerada hoy en día como el acta de nacimiento del modernismo en la literatura, coincidió con otro nacimiento, quizás menos estruendoso, pero no menos significativo.
Ese mismo año, otro escritor, tan diferente de Joyce como es posible serlo, Gilbert Keith Chesterton, ingresó en la plena comunión de la Iglesia. Este detractor del modernismo también extrajo de Newman numerosas ideas, destellos de genialidad y certezas, en particular una cierta forma de concebir la religión, la imaginación y el oficio de escritor. Curiosamente, veía en Newman lo contrario de lo que parecía ver Joyce, o mejor dicho, extraía de su lectura una concepción del papel del autor que oponía vigorosamente a la de Joyce, a quien reprochaba un elitismo de mal gusto.
"El estilo bello no es, como muchos creen, algo estrecho, tedioso o aristocrático", escribió en el periódico The Speaker en 1904:
- "Al contrario, el estilo es lo más democrático que hay, porque toca todas las cosas comunes con la misma varita mágica. Un hombre que ama lo suficiente a los demás como para hacer buen uso de ellos es un demócrata. Un hombre que ama las palabras lo suficiente como para hacer buen uso de ellas es un estilista. [...] El instinto más noble de la cordialidad es hablar de las cosas comunes con cuidado y dignidad. Ningún hombre lo ha hecho mejor que Newman".
Chesterton había comprendido mejor, o mejor dicho, había interiorizado mejor a Newman, con quien compartía el camino de la fe (del anglicanismo al anglo-catolicismo y luego al catolicismo romano) y retomaba, explícita o implícitamente, ideas que situaba en el centro de su obra:
- la imaginación como categoría del conocimiento;
- el rechazo de la especialización, que es una de las caras del cientificismo;
- la importancia de una nueva mirada sobre el mundo;
- la supremacía de lo concreto sobre lo abstracto, que expresaba con su densidad tan particular y su agudo sentido de la paradoja: "Lo abstracto es el símbolo de lo concreto. Dios creó lo concreto, pero fue el hombre quien creó lo abstracto".
De este modo, se hacía eco del maestro [Newman], que había escrito antes que él:
- "Lo concreto ejerce una fuerza y crea una impresión en la mente con la que ninguna abstracción puede competir. [...] Está en la naturaleza humana verse más afectado por lo concreto que por lo abstracto".
Por supuesto, Chesterton no fue un simple parafraseador: también hizo suyo, dotándolo de su propia ligereza y originalidad, el método apologético de Newman, que el profesor David Pickering, en un artículo dedicado al tema, califica de "interdisciplinario", ya que mezcla "literatura, historia, cultura y teología". En otros aspectos, continuó la obra de Newman y la llevó hacia nuevos horizontes, como muestra Pickering:
- "En general, los diferentes aspectos de la teología de Chesterton, considerados en su conjunto, constituyen un desarrollo singular de la epistemología teológica de Newman".
"Hijos" de Chesterton... "nietos" de Newman
Como figura destacada de la literatura eduardiana, Chesterton influyó a su vez en muchos grandes nombres: Claudel, por supuesto, pero también Jorge Luis Borges, Graham Greene, Evelyn Waugh y J.R.R. Tolkien, quien hizo que C.S. Lewis volviese al cristianismo recomendándole la lectura de El hombre eterno.
A través de Chesterton, Lewis reconoció en Newman un modelo, un eslabón de la larga cadena de defensores de la sapientia (es decir, de la sabiduría metafísica) frente al racionalismo chirriante, al igual que Jonathan Swift, Alexander Pope o el Dr. Johnson [Samuel Johnson] (véase al respecto The restitution of man [La restauración del hombre], de Michael Aeschliman).
Así, de forma indirecta o no, muchos autores han sido "influenciados por Newman, quizás más profundamente de lo que se pensaba hasta ahora", como sugiere Pickering.
El prerrafaelismo
Cabe añadir que los Tracts publicados en la década de 1830 por el movimiento de Oxford (del que Newman era el líder), esos noventa textos que defendían e ilustraban el anglo-catolicismo frente a la liberalización rampante de la Iglesia inglesa, tuvieron un impacto más allá de los círculos teológicos y literarios.

'Ofelia' (detalles), una de las más célebres obras del prerrafaelita John Everett Millais.
No se pueden imaginar los movimientos artísticos del prerrafaelismo y las artes y oficios sin esa base, sin la expresión vigorosa y polémica del sentido litúrgico y estético de Newman, cuyo medievalismo parecía tan exótico a los victorianos.

Juana de Arco, un representativo cuadro del prerrafaelita Dante Gabriel Rossetti.
Dos años después de la entrada de Newman en la Iglesia católica, en 1848, nació la Hermandad Prerrafaelita. Esta proclamaba su adhesión a los cánones estéticos que decía encontrar en la Edad Media, es decir, en la patria de Enrique VIII, en el catolicismo. Al menos, esa era la sospecha. Se acusó a los prerrafaelitas de caer en la mariolatría, de jugar a ser monjes, de pecar por exceso de preciosismo y feminidad.

'La rueda de la fortuna', de Edward Burne-Jones.
Todas estas críticas se dirigían a los miembros del movimiento de Oxford. Atrevámonos a decirlo: sin Newman, tal vez no hubiéramos podido contemplar la vibrante magia de los cuadros de Millais (que pintó un retrato del cardenal en 1881), ni la delicada melancolía de las damas de Rossetti, ni la verticalidad de las figuras de Burne-Jones y William Morris.

'El huerto' o 'Las estaciones', tapiz con diseño de William Morris y John Henry Dearle.
Tolkien: una posteridad artística
Este último constituye el hilo conductor que une a Newman con nuestro último gran escritor. Traductor, poeta, editor y escritor, además de pintor, ilustrador, vidriero y tapicero, Tolkien le debe mucho a Newman, su inspiración estética, pero también filosófica (sin duda, Tolkien le debe a él todo o parte de su amor por los objetos bellos, de su admiración por el artesano hábil con sus manos, que se refleja tanto en toda su obra).
Cuando Tolkien y sus hermanos perdieron a su madre, fueron confiados al cuidado del padre Francis Morgan, del Oratorio de Birmingham. Este sacerdote hispano-británico, que fue para ellos el padre que no tuvieron, había sido alumno de Newman. A través de él, el pensamiento y el estilo del cardenal moldearon los del futuro escritor.
Cultura
El director del biopic «Tolkien» elogia al padre Morgan, su tutor: «Un hombre maravilloso, amable»
Pablo J. Ginés/ReL
Dondequiera que miremos en el pasado y en los gustos de Tolkien, nos parece ver en el fondo la delgada silueta púrpura y, sin embargo, curiosamente, casi no encontramos ninguna mención explícita a Newman en sus escritos. Nada que se acerque a los elogios de Chesterton o Claudel.
Sin embargo, no hay duda de que el mundo se habría visto privado de su obra maestra si el autor de El Señor de los Anillos no hubiera crecido desde su infancia en un entorno impregnado de la inteligencia del gran hombre. Los personajes de Tolkien, que viven en un pasado imaginario, están llamados a la santidad tanto como los hombres nacidos después de la Revelación. Porque, como profesaba Newman, la santidad es el plan de Dios para todos, cristianos y no cristianos. Grandes y pequeños. Hombres y hobbits.
Si los grandes santos son fuente de inspiración para los fieles, los grandes escritores también lo son en su propio ámbito, y su gloria se ve realzada por su fecundidad. No contento con inspirar con su vida una larga serie de conversiones y con su teología a una multitud de pensadores profundos, John Henry Newman tuvo una posteridad artística y literaria de una calidad y variedad de las que pocos otros grandes nombres pueden presumir, y casi ningún otro santo.