Sábado, 25 de mayo de 2024

Religión en Libertad

La fe de María Alicia Crespí, la primera catedrática en una Escuela Técnica Superior en España

Alicia Crespí, doctora ingeniera química, primera mujer catedrática en una Escuela Técnica Superior... cada verano visitaba a las Doroteas de Tuy
Alicia Crespí, doctora ingeniera química, primera mujer catedrática en una Escuela Técnica Superior... cada verano visitaba a las Doroteas de Tuy

Alfonso V. Carrascosa / ReL

Desde 2015, Naciones Unidas celebra el Día de la Mujer y la Niña en la Ciencia cada 11 de febrero, y en ReligionEnLibertad solemos aprovecharlo para presentar científicas católicas de renombre. En años anteriores hemos hablado de algunas como:

- la oncóloga Teresa Macarulla y la bióloga María Ángeles Vitoria (aquí),
- la cristalógrafa Sagrario Martínez Carrera y la bioquímica María Iraburu (aquí),
- las pioneras del Opus Dei en las universidades españolas, incluyendo a Ángela Mouriz,
- las hermanas Aránzazu y las pioneras en la investigación óptica y atómica española;
- las monjas científicas de EEUU en los años 50 y 60;
- las primeras universitarias teresianas en España, inspiradas por San Pedro Poveda;
- damas católicas españolas mecenas de la ciencia;
- pioneras católicas de la Ilustración,
- o la monja medieval Herrada de Landsberg .

En esta ocasión, presentamos la figura de María Alicia Crespí González (1922-2012), doctora en Ingeniería Química y la primera mujer en ser catedrática de una Escuela Técnica Superior en España. Además, era católica devota, siempre en contacto con las Hermanas Doroteas de Pontevedra... donde estudió y se formó la Hermana Lucia, vidente de Fátima.

Los Crespí, una familia de académicos

Marilí Crespi, como se la llamaba, nació en Pontevedra y vivió su niñez en pleno centro histórico, en la Praza de Curros Enríquez. Los Crespí fueron una de las sagas españolas con más títulos universitarios entre sus miembros, una familia repleta de personalidades académicas de primer orden intelectual y artístico, al parecer de orígenes italianos, luego asentada en Mallorca y Pontevedra.

El padre de Marilí también nació en Pontevedra. Era ingeniero topógrafo y aparejador, y trabajó como ayudante en el Instituto Geográfico y Catastral, al tiempo que impartió clases en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Madrid, donde se estableció con su familia.

Los Crespí, familia intelectual y artística, matricularon a Marilí en las Hermanas Doroteas. Esta orden religiosa con vocación docente había llegado a Pontevedra expulsada del país vecino por la influencia de la masonería portuguesa.

Era la misma escuela y congregación donde estudió y se formó la Hermana Lucia, la vidente de la Virgen de Fátima; estando la portuguesa con ellas se produjeron las apariciones de Pontevedra y la petición de promover la devoción de la Virgen de los 5 primeros sábados de mes. Las religiosas la llamaban "irmá Dores" y no revelaban su identidad. 

María Alicia después estudió Químicas en Santiago, a pesar de que no sentía una especial vocación: la habían matriculado sus padres, «como podían haberlo hecho en sánscrito» en palabras de la propia Marilí. Realizó su tesis doctoral en la Facultad de Ciencias sobre Ingeniería Química y nada más doctorarse, comenzó a trabajar en Piritas Españolas del Instituto Nacional de Industria, donde llegó a desempeñar el papel de jefa de la Sección de Procedimientos de la División de Investigación Industria.

Desde el principio, quiso abrirse camino para lograr «la independencia económica», como ella misma comentaría. Seguidamente, desde 1957 a 1984 fue responsable de investigaciones y proyectos sobre prevención de contaminación en instalaciones nucleares en la Junta de Energía Nuclear, hoy en día CIEMAT, actividad científica del más alto nivel aplicado.

La primera española catedrática en una Escuela Técnica Superior

Ganó en 1975 la cátedra de Electrotecnia en la Escuela de Arquitectura de Madrid: así se convirtió en la primera catedrática de una Escuela Técnica Superior en España. Allí a llegó a dirigir el departamento de Electrotecnia, Luminotecnia y Técnicas de Acondicionamiento Térmico y Acústico. Tenía el mérito añadido de ser la primera catedrática en una escuela de Arquitectura española sin ser arquitecto.

Entre sus rehabilitaciones y proyectos de iluminación y acondicionamiento ambiental más relevantes se encuentran los realizados para el Louvre y el Prado. También fue profesora de Materias Primas en la Escuela de Comercio de Ciudad Real.

Durante toda su vida se mostró crítica con las deficiencias del país en educación y con la investigación. En una entrevista en el diario ABC, el 28 de abril de 1977, llegó a decir: «La enseñanza está totalmente degradada, deteriorada» y «nos falta una política seria de investigación, conectada con la industria».

Fue además organizadora y ponente de diversos simposios a nivel nacional, además de escribir muchos trabajos sobre las temáticas que abordó, llegando a dirigir en su querido Museo de Pontevedra el Seminario de Acondicionamiento Ambiental de Museos, al que asistieron de directores y conservadores de las principales entidades gallegas. Ella tenía claro dónde iba a dejar su legado.

Música, bellas artes, arqueología... ¡pasión por la cultura!

Probablemente de su familia heredó además Marilí ese gusto tan suyo por la cultura en su concepción más amplia: lo mismo disfrutaba con la música que con la arqueología. Un familiar que la conoció bien definió a Marilí como "una todoterreno cultural". Tocaba todos o casi todos los palos de las bellas artes y también le encantaba viajar.

Ya mayorcita se casó con Ángel González Ferrero, ingeniero aeronáutico y catedrático de la misma especialidad en Madrid. Ambos eran vecinos del mismo inmueble en la madrileña calle Arroyo del Fresno. De modo que cuando se casaron, Marili se trasladó al piso de arriba que ocupaba su marido y convirtió su piso de abajo en un pequeño santuario personal, atesorando en vida con mucho mimo muebles, cuadros y otros objetos artísticos que donó al Museo de Pontevedra.

Testamento: 3 millones de euros a beneficencia católica

Si extraordinaria fue en vida, su testamento causó conmoción a toda la sociedad gallega y no gallega. Después de destinar a su viudo y hermanos parte de la herencia, repartió bienes al Museo Provincial de Pontevedra (más de 800.000 euros), a la Escuela Normal de Maestras (antigua Escuela de Magisterio) de la Universidad de Vigo como instituciones culturales y, lo más sorprendente si se puede decir así, a Cáritas Española con el fin de que lo destinara a una residencia de ancianos, y a la Congregación de Religiosas de Santa Dorotea, en cuyo colegio fue educada, para su sede de Pontevedra. En total más de 3 millones de euros, buena parte a dos entidades católicas.

Gracias a este colegio de las Doroteas hemos sabido que Marilí fue católica ferviente. Varias hermanas doroteas contemporáneas de Marilí, con actual destino en su casa de Tuy, han referido en entrevista las profundas convicciones católicas de la científica, su ferviente fe, con una grandísima confianza en Dios, motivo por el cual consideran que planteó su testamento del modo referido, tanto hacia ellas como hacia Cáritas.

Marilí solía ir todos los veranos a Pontevedra y pasarse por su antiguo colegio, momento que aprovechaba siempre para estar con sor Milagros Ramiro, muy respetada por la fuerte espiritualidad con la que trataba de impregnar la vida de los que a ella acudían. Marilí mantuvo con ella una relación que permite calificar a la Madre Ramiro como su madre espiritual, en palabras de algunas hermanas.

Hablaba con sor Milagros en compañía de su marido. Madre Ramiro siempre ponderó la cultura y la ciencia de Marilí Crispi, que la visitaba todos los veranos y estaba con ella conversando ‘mínimo dos horas’.

Cada 11 de febrero, día de la Virgen de Lourdes y de la Mujer y la Niña en la Ciencia, vale la pena repasar los ejemplos de tantas científicas católicas que pueden inspirar a jóvenes con fe, muestras vivas de compatibilidad entre la fe católica y la tarea científica.

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